Bienes de Wilber Varela pasan a manos del Estado.

Algunos de los inmuebles de Varela: En Villa de Leyva, Boyacá (Foto 1). Montenegro, Quindío (2). El Peñón, Girardot (3). Tenjo, Cundinamarca (4)

SEIS MESES DESPUÉS de su misterioso asesinato en Venezuela, las autoridades han logrado desmantelar la mayor parte del emporio financiero que Wilber Varela, 'Jabón', montó a lo largo de su carrera como capo del narcotráfico.

La localización de la fortuna de Jabón fue posible tras la identificación de un capitán, retirado de la Policía en 1977, identificado como 'Careloco', que manejaba una amplia red de empleados de confianza que blanqueaban el dinero del narcotráfico comprando apartamentos y bienes suntuosos en diferentes lugares del país, así como el manejo de cuantiosas sumas de dinero en efectivo.

Así, los seguimientos a 'Careloco' condujeron a la Fiscalía a incautar los bienes más preciados de Varela, que habían sido escriturados a testaferros. En cuatro meses, el CTI y especialistas de la Unidad de Lavado de Activos tenían identificados 87 bienes inmuebles, cinco sociedades, una flota de vehículos de servicio público y hasta lujosos yates, todos avaluados en 90 millones de dólares, cerca de 170.000 millones de pesos.

A las patrullas encargadas de la ocupación de las propiedades de Varela les llamó la atención el lujo y la amplitud de cuatro edificaciones: una en Villa de Leyva, Boyacá, cuya construcción es similar a una de las residencias campestres de la reina Isabel II de Inglaterra; otra en el condominio El Peñón, en Girardot, Cundinamarca, y una más en el Eje Cafetero, conocida como La Adriana, valorada en 25 millones de dólares y escriturada según la Fiscalía a nombre de Roberto Londoño Vélez, quien aparece incluido en la lista Clinton.

La guerra a muerte con Diego Montoya por el control del cartel del norte del Valle y la persecución de las autoridades forzaron a Varela a abandonar sus preciadas propiedades en Colombia y a refugiarse en Venezuela, donde vivía escondido. El enorme poder financiero que acumuló durante una década se le esfumó de las manos y, como ocurre casi siempre con el delito, terminó en manos del Estado. 

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