El nuevo Chávez

El viraje de Chávez es un duro golpe para las Farc, que siempre lo han visto como su principal aliado en América Latina. Foto: AP

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Vea un análisis de Rodrigo Pardo, director de Cambio y opine en el debate de Cambio.com.co.

A FINALES DE MAYO, durante la cumbre de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), celebrada en Brasilia, el presidente Álvaro Uribe conversó informalmente unos minutos con Hugo Chávez y aprovechó para advertirle que no podía confiar en las Farc. "Hugo, te están engañando -le dijo Uribe-. Te pueden utilizar para cumplir sus malos propósitos contra Colombia, usan tu territorio para atentar contra nosotros".

 Fue un encuentro corto y con pocos testigos, pero horas después uno de los funcionarios más cercanos a Chávez se acercó a un miembro de la delegación colombiana y le dijo que el mandatario había tomado atenta nota de lo dicho por Uribe y que había quedado muy inquieto con el tema de las Farc.

Al terminar la cumbre, los dos presidentes acordaron una reunión de cancilleres durante la asamblea de la OEA que se llevaría a cabo en Medellín entre el 1 y el 3 de junio, encuentro que efectivamente se produjo entre Nicolás Maduro y Fernando Araújo.

 En la capital antioqueña, los cancilleres se reunieron a solas en cuatro oportunidades y en todas Maduro insistió en propiciar y coordinar un encuentro entre los mandatarios, "para superar los problemas que se han presentado y para dejar atrás de una vez por todas la crisis diplomática".

Pese a que las relaciones Chávez-Uribe estaban prácticamente rotas después de que el Presidente diera por terminada la mediación del mandatario venezolano en la liberación de los secuestrados por las Farc, la posibilidad de normalizar las relaciones diplomáticas con Venezuela es una ventana que Uribe siempre ha  dejado abierta y por eso vio con buenos ojos la reunión de los cancilleres.

De ahí que las recientes declaraciones de Chávez en el sentido de que "a estas alturas en América Latina está fuera de orden un movimiento guerrillero" y que los secuestros son simplemente "injustificables", no causaron sorpresa en la Casa de Nariño. "Las declaraciones se veían venir", le dijo a CAMBIO un alto funcionario de Palacio. Sus palabras fueron interpretadas como una muestra del interés del presidente venezolano de volver a tender puentes con Colombia para tratar de normalizar las relaciones diplomáticas.

Algunos, sin embargo, recibieron las declaraciones de Chávez con beneficio de inventario. Creen que busca lavarse la cara frente a la comunidad internacional en vista del rechazo que han producido declaraciones anteriores en defensa de las Farc. Y como esta guerrilla pasa por el peor momento, lo que más le conviene a Chávez es replegarse y alinearse con su mentor político, Fidel Castro, quien no solo condena el secuestro como arma política, sino que terminó por reconocer la no viabilidad de la vía armada para acceder al poder, al tiempo que fomentó las relaciones de Cuba con gobiernos elegidos democráticamente y no con quienes pretendían derrocarlos.

Con reservas

El giro de 180 grados de Chávez  frente a las Farc, es un duro golpe para una organización a la que la mediación del mandatario en la liberación de secuestrados le significó una bocanada de oxígeno. No solo se abstuvo de tratarlas de terroristas, sino que llegó a pedir el estatus de beligerancia y a justificarlas por su oposición a Estados Unidos y a la oligarquía colombiana. De su mano y luego de la de Rafael Correa, recuperaron protagonismo mundial y lograron interlocución con un jefe de Estado.

 Otra interpretación tiene que ver  con los computadores de 'Raúl Reyes'. Inicialmente Chávez los descalificó, pero las revelaciones sobre su contenido acabaron minando su credibilidad y lo pusieron en la mira de la comunidad internacional, sobre todo de Estados Unidos, que insinuó que podría incluir a Venezuela en la lista de los países que amparan o protegen a terroristas. El Departamento de Estado le dio credibilidad a un correo que menciona un supuesto aporte de 300 millones de dólares de Venezuela para las Farc.

Esto habría llevado a Chávez a concluir que era necesario y urgente desmarcarse de las Farc, so pena de quedar como paria  y en la mira de la Justicia internacional. "Con el tema del computador, quedó contra las cuerdas", dijo a CAMBIO el ex candidato presidencial venezolano Teodoro Petkoff.

Pero hay una interpretación más local del asunto y tiene que ver con las elecciones regionales de noviembre. Según las encuestas, los opositores de Chávez podrían recuperar varias gobernaciones y alcaldías que perdieron en diciembre de 2004, a las que fueron fragmentados como consecuencia de la pérdida del referendo revocatorio presidencial. Pero no solo eso. La presencia de jefes guerrilleros, como 'Iván Márquez', en el Palacio de Miraflores, es rechazada por más del 80 por ciento de la población, según sondeos publicados por los diarios El Universal y El Nacional de Caracas. "La popularidad de la que hacía alarde Chávez es cosa del pasado", asegura su ex ministro de  Defensa Raúl Baduel.

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