Tres episodios delataron las ganas del Presidente de meterse en el 'rancho' de Moreno

Samuel Moreno y Álvaro Uribe mantienen serias diferencias en su agenda política. Fotos: Fernando Ariza / Cambio y AP

LAS RELACIONES entre el presidente Álvaro Uribe y los dos últimos alcaldes de Bogotá, 'Lucho' Garzón y Samuel Moreno, no han sido las más armoniosas y no solo por que están en orillas políticas opuestas sino porque la capital es un enorme fortín político que uno y otro quieren usufructuar. 

En los cuatro años de la administración de Garzón, por ejemplo, Uribe propuso hacer uno comunitario y un consejo de seguridad tres semanas antes de las elecciones presidenciales de 2006, a lo que 'Lucho' se opuso porque consideraba que el Presidente estaba invadiendo sus terrenos. "La presencia del Gobierno Nacional en problemas locales desinstitucionaliza las políticas de la ciudad", le dijo Garzón a CAMBIO.

Desde entonces las relaciones entre el Gobierno y la Alcaldía no han sido fáciles, porque Uribe ha encontrado en el Polo Democrático una barrera para hacer política en la ciudad. La llegada de Moreno parece haber aumentado las tensiones, entre otras razones porque el Presidente le había apostado a Enrique Peñalosa. 

Como nunca lo había hecho un presidente, Uribe se abstuvo de felicitar a Moreno y de recibirlo en la Casa de Nariño después de la elección. Pasaron dos meses antes de que Uribe lo recibiera formalmente en Palacio, aunque el 29 de enero se saludaron en un acto protocolario en Cartagena y ese día el Presidente dijo que apoyaría al Alcalde con la construcción del Metro, respaldó la modernización del aeropuerto Eldorado y lo invitó a trabajar por la renovación urbana de la capital.

El espaldarazo fue interpretado por algunos funcionarios del Distrito como una forma sutil de meterse en los terrenos de Moreno y desde entonces Uribe ha mostrado interés en los asuntos de la capital.

Tres episodios recientes delataron las ganas que tiene el Presidente de meterse en el 'rancho' de Moreno. El primero fue a raíz  de la designación de Colombia como sede del Mundial Sub 20 de fútbol. Por medio del vicepresidente Francisco Santos, el Gobierno propuso demoler El Campín para darle paso a un moderno escenario que cumpliera con los requerimientos de la FIFA. El alcalde Moreno salió en defensa del estadio y aseguró que la propuesta no tenía sentido porque ya le habían invertido 6.000 millones de pesos para las eliminatorias del Mundial 2010. "El Campín es un escenario del Distrito y como alcalde considero que se tiene que mejorar pues ya está homologado por la FIFA para ser sede del Mundial -le dijo Moreno a CAMBIO-. El estadio se mantiene, la del Vicepresidente no es más que una opinión".

Al día siguiente, los bogotanos quedaron consternados por el secuestro de un niño de 22 meses, Joel Paolo Pinto, en el norte de la ciudad. La Policía Metropolitana ofreció 20 millones de pesos de recompensa a quien diera información para rescatar al pequeño, pero el Gobierno subió la suma y por medio del director general de la Policía, general Óscar Naranjo, ofreció 50 millones de pesos. El gesto, considerado por muchos como una forma de estimular la delación y el rescate del bebé, fue interpretado por algunos como una forma de "ponerle la pata" y creen que lo indicado habría sido consultar previamente con el Alcalde.

El tercer episodio se presentó cuando, de regreso a Bogotá después de visitar las zonas más afectadas por el invierno en el Magdalena Medio, el Presidente se enteró de la pedrea de un grupo de encapuchados en la Universidad Pedagógica. Tan pronto aterrizó, se dirigió a la sede de la Policía Metropolitana, regañó a los 18 estudiantes que habían sido detenidos y dijo: "La Policía debe entrar por orden directa del Presidente a cualquier recinto universitario donde haya violencia, de inmediato", dijo el mandatario.

El Alcalde reaccionó molesto y afirmó que "las universidades no pueden convertirse en un campo de batalla", mientras que la secretaria de Gobierno, Clara López, sostuvo que con esa orden, "hasta un oficial subalterno manda más que el Alcalde".

Los tres episodios son una demostración clara de que Uribe se quiere meter al 'rancho' de Moreno. No obstante, muy prudente, el Alcalde le dijo a CAMBIO que no lo siente así. "La autoridad en la capital la ejercemos nosotros, tenemos la autonomía para tomar decisiones  -aseguró Moreno-. Lo que pasa es que por ser la capital, Bogotá tiene un interés especial".

Pero más allá de si Uribe se le está metiendo al rancho a Moreno, lo cierto es que la Alcaldía requiere trabajar en armonía con el Gobierno y no solo para sacar adelante el Metro, que es la obsesión de Samuel Moreno, sino para solucionar problemas tan complejos como el de los desplazados que llegan de todos los rincones del país a engrosar los cinturones de miseria, y cuya atención requiere la ayuda del Gobierno central. 

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