'Cano' deberá decidir si sigue en la guerra o si le apuesta a la paz

Durante los diálogos de paz del Caguán quedó claro que 'Alfonso Cano' sería el sucesor de 'Manuel Marulanda', quien le consultaba todas sus decisiones. Foto: Archivo Cambio

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ANOCHE LA 'CONVERSA' con el camarada 'Manuel' fue bastante dura pero creo que hemos podido avanzar un poquito", les dijo 'Alfonso Cano' a los periodistas reunidos en el Centro Vocacional La Trinidad en Tlaxcala, México. Fue en 1992, cuando las Farc, el Eln y el Epl conformaban la Coordinadora Nacional Guerrillera y habían decidido apostarle a la negociación con el gobierno de César Gaviria, luego del exterminio de la Unión Patriótica, el grupo político que surgió como resultado de los diálogos con la administración de Belisario Betancur en 1984.

Las conversaciones de 'Tirofijo' con quien entonces encabezaba el grupo de los negociadores de la organización guerrillera y del que también hacían parte 'Iván Márquez' y 'Pablo Catatumbo', eran una especie de ritual que se repetía todas las noches desde las 8:00 p.m. hasta la madrugada. En el curso de ellas 'Cano' no solo reportaba los avances y retrocesos de la negociación, sino que discutía con 'Marulanda' sobre los alcances de las propuestas gubernamentales y las concesiones que podría hacer la guerrilla para llegar a un acuerdo de paz. "El camarada 'Alfonso' sabe decirle las cosas al camarada 'Manuel' y muchas veces lo hace entrar en razón", les contaba 'Márquez' a los periodistas que cubrían el proceso.

Las conversaciones fracasaron por el asesinato del ex ministro Argelino Durán Quintero y por el cambio abrupto que el Gobierno introdujo en la agenda al poner como tema prioritario de la negociación el secuestro y el cese del fuego. 'Cano' y compañía regresaron a Colombia para encargarse de varios frentes.

Entre los funcionarios del Gobierno que participaron en los diálogos, entre ellos Horacio Serpa, entonces consejero de Paz, 'Cano' dejó una imagen de negociador radical e intransigente, posición que había adoptado para demostrarles a sus camaradas más duros que no era tan blando como creían. "En las Farc hay que echar menos carreta y más bala", decían sus contradictores, entre ellos 'el Mono Jojoy', representante de la línea dura y considerado el mayor opositor de 'Cano'.

Por eso, cuando 'Cano" regresó de México debió asumir responsabilidades militares: fue puesto al mando del bloque Occidental que operaba en Tolima, Cauca y Chocó. 'Márquez' y 'Catatumbo' fueron enviados al Urabá antioqueño y al Valle, respectivamente. Los tres debían pagar por los errores que supuestamente habían cometido en Tlaxcala, y los tres mostraron resultados militares, pero a 'Cano' le fue mejor porque logró consolidar y expandir los frentes que estaban bajo su mando. Así, a su fama de ideólogo y político sumó la de la experiencia militar.

A finales de los años 70, 'Cano' decidió abandonar las Juventudes Comunistas en Bogotá e ingresar a las filas de las Farc. 'Jacobo Arenas', el hombre que en 1964 había decidido internarse en el monte ante la inminencia de la operación contra Marquetalia y quien había contribuido a desarrollar las bases, los planes y la reglamentación de las Farc, se convirtió en su mentor y fue a su lado donde desarrolló sus habilidades de estratega y consolidó su perfil de ideólogo, heredero de 'Arenas'.

En el Caguán

 'Cano' era considerado demasiado citadino en una organización subversiva eminentemente rural, cuyo máximo comandante era un campesino quindiano de origen liberal que se vio obligado a enmontarse para evitar que lo mataran los 'pájaros' conservadores. Sin embargo, y a pesar de sus rivales que no apostaban por su futuro, 'Cano' de nuevo fue tenido en cuenta en 1998, cuando se abrió la posibilidad de una nueva negociación, esta vez con el gobierno de Andrés Pastrana. No obstante, no desempeñó el papel protagónico que la opinión esperaba y por eso varios analistas concluyeron que todavía estaba pagando la cuenta de cobro de Tlaxcala.

Pero la voz de 'Cano' se hizo sentir en la mesa de negociación en temas específicos como la presencia de los comandantes de las Fuerzas Militares en las conversaciones, pues consideraba que eran protagonistas directos de la confrontación. "Los militares deben estar representados directamente en la mesa -argumentó en el Caguán-. Su presencia contribuye a agilizar las conversaciones en ciertos temas, como el cese del fuego y el despeje de territorios, que es una fórmula específicamente militar que no tiene sentido discutir con los civiles".

La propuesta de 'Cano' fue debatida en la mesa, con el aval del propio 'Marulanda', pero el Gobierno la descartó por considerar que el cuerpo negociador era uno solo y que no podían poner a los militares a debatir asuntos políticos que podrían implicarles un desgaste ante la opinión pública y las mismas tropas. En otras palabras, se impuso la tesis de que los militares no deben ser deliberantes.

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