Las golpizas al concejal Bernardo Guerra y a familiares del Gobernador del Cesar lo demuestran.
ERAN CERCA DE LAS 12:00 P.M. del viernes 16, en un salón del hotel Dann Carlton de Medellín, el ex senador y actual concejal de esa ciudad Bernardo Alejandro Guerra departía, entre otras personas, con su padre el ex senador Bernardo Guerra Serna y el hoy gobernador de Santander Horacio Serpa. De pronto, se levantó de la mesa y se dirigió al baño pero poco antes de llegar a la puerta un hombre se le acercó y le preguntó a quemarropa: "¿Tú sabes quién soy yo?".
Guerra lo reconoció y de inmediato le respondió: "Claro que sé quién eres, pues tengo múltiples ejemplos tuyos sobre lo que no debe hacer un funcionario público". Segundos después, fue víctima de la más grande agresión física que ha sufrido desde que es figura pública, golpiza que le significó una incapacidad de 20 días.
El agresor: Juan José Rivera Posada, notario quinto (e) de Medellín. Rivera propinó los primeros golpes al concejal antioqueño y luego azuzó a Juan Hernando Muñoz, presidente de la Unión de Notarios de Antioquia; Jorge Humberto Uribe Escobar, quien se desempeña como notario 26 de Bogotá, y Ángela María Uribe Escobar, notaria segunda de Envigado, hermanos del ex senador Mario Uribe Escobar, preso dentro del proceso de la parapolítica.
En conversación con CAMBIO, Guerra -reconocido por sus denuncias contra la corrupción en el Senado y en el Concejo de Medellín- contó que Rivera le reclamó por una serie de denuncias que hizo en 2006 en su columna de El Colombiano sobre supuestas irregularidades cometidas por el hoy notario, cuando desempeñaba un alto cargo en las Empresas Públicas de Medellín. "Cuando regresaba a la mesa en la que departía con mi padre y unos amigos, me acerqué a la que ocupaban Rivera y sus acompañantes para exigirle respeto por la manera en que me había tratado minutos antes y entonces procedió a agredirme sin que yo, en ningún momento, respondiera a sus insultos. Lo único que le dije a Rivera fue: 'Ya que empezó a golpearme, termine". A la agresión se habrían sumado los tres amigos notarios de Rivera.
La versión de Rivera difiere de la Guerra. Sostiene que fue el concejal de Medellín, que se encontraba bajo los efectos del alcohol, quien lo agredió y le escupió la cara. No obstante, según la denuncia que Guerra interpuso ante la Fiscalía contra Rivera y sus acompañantes, él no atacó a los notarios y no estaba en estado de embriaguez. "Los exámenes a los que me sometí en la madrugada del sábado luego de la golpiza, demuestran que no estaba bajo los efectos del alcohol y que tenía plenas facultades mentales", le dijo Guerra a CAMBIO y se ratificó en las denuncias penales contra Rivera y compañía.
En Valledupar
El concejal Guerra no es la única víctima de la intolerancia política que parece haberse apoderado del país. En Valledupar, un hermano y un cuñado del gobernador Cristian Moreno Panezo, fueron agredidos por un grupo de personas entre las que estaban Edgardo José Maya Araújo, hijo del procurador general Edgardo Maya, unos parientes cercanos y varios escoltas del joven, asignados por el Ministerio Público para su protección.
La riña entre los representantes de dos de las familias políticas más influyentes del Cesar en la actualidad, ha conmocionado a la capital del departamento y ha terminado por afectar la imagen tanto del gobernador Moreno como del procurador Maya, cuyos nombres están en boca de sus paisanos por cuenta de la intolerancia de sus familiares.
La gresca se presentó en la madrugada del pasado sábado en un concurrido restaurante de la ciudad. Según narró a La W Cristian José Moreno, desde la mesa donde estaban Maya Araújo y sus acompañantes les lanzaron insultos a él y a sus amigos cuando salían del lugar. "Dijeron que mi hermano era un negro h.p. y que no había hecho nada como gobernador", relató Moreno. Y agregó que, ante los insultos, se dirigieron a la mesa de Maya Araújo para hacer el reclamo y que fue entonces cuando comenzó la gresca en la que intervinieron los escoltas del hijo del Procurador y le propinaron una dura golpiza a Fernando Ariza Daza, cuñado del Gobernador, a quien le dieron 20 días de incapacidad.
La versión de Maya Araújo es muy distinta, pues según declaró su hermano Rodolfo en ningún momento Edgardo José participó en la riña. "Edgardo José se acercó a saludar al hermano del Gobernador con quien estudió en alguna ocasión -aseguró Rodolfo-. Tampoco es cierto que los escoltas hayan participado de la pelea, pues ellos lo sacaron del lugar una vez comenzó el enfrentamiento".
Las relaciones entre las familias del actual Gobernador del Cesar con las del anterior mandatario Hernando Molina Araújo -hermano medio de los Maya Araújo y hoy detenido por la parapolítica- son inexistentes, entre otras razones porque Moreno debió desistir de su primera aspiración por presiones de los grupos paramilitares que, según dicen en Valledupar, respaldaban la candidatura de Molina Araújo. El año pasado, Moreno volvió a postularse para la Gobernación y ganó con un discurso en contra de la clase política del departamento.
Del dicho al hecho
Las agresiones físicas de la semana pasada son apenas una muestra de hasta dónde ha llegado la intolerancia que se ha tomando el escenario de la política nacional. Dentro de las agresiones verbales que han hecho carrera, tal vez la más sonada de los últimos meses corrió por cuenta del propio presidente Uribe.
En diciembre del año pasado, en una conversación telefónica, el Presidente le gritó a Luis Fernando Herrera Zuluaga, 'La Mechuda', un ex funcionario de la Casa de Nariño: "¡Estoy muy berraco con usted y ojalá me graben esta llamada. (...) Y si lo veo, le voy a dar en la cara, marica!". La furia presidencial la desencadenó una versión según la cual Herrera habría visitado a Raúl Grajales en la cárcel de Palmira, para exigirle 15 millones de dólares a cambio de evitar su extradición a Estados Unidos.
Los casos de Guerra en Medellín y de los familiares del Gobernador del Cesar en Valledupar, demuestran que los decibeles de la intolerancia política han venido creciendo en forma dramática y que se está pasando peligrosamente de las palabras a los hechos. Y lo más grave es que los que están dando el mal ejemplo son personajes públicos que, en lugar de apagar incendios y dar muestras de tolerancia y respeto por los demás, le echan gasolina a la candela. Y es desde la Casa de Nariño desde donde han alimentado el espíritu camorrista que hoy impera en el país y que poco contribuye a generar un clima de cordialidad y tolerancia.