Intolerancia política pasó de las palabras a los hechos

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La versión de Maya Araújo es muy distinta, pues según declaró su hermano Rodolfo en ningún momento Edgardo José participó en la riña. "Edgardo José se acercó a saludar al hermano del Gobernador con quien estudió en alguna ocasión -aseguró Rodolfo-. Tampoco es cierto que los escoltas hayan participado de la pelea, pues ellos lo sacaron del lugar una vez comenzó el enfrentamiento".

Las relaciones entre las familias del actual Gobernador del Cesar con las del anterior mandatario Hernando Molina Araújo -hermano medio de los Maya Araújo y hoy detenido por la parapolítica- son inexistentes, entre otras razones porque Moreno debió desistir de su primera aspiración por presiones de los grupos paramilitares que, según dicen en Valledupar, respaldaban la candidatura de Molina Araújo. El año pasado, Moreno volvió a postularse para la Gobernación y ganó con un discurso en contra de la clase política del departamento.

Del dicho al hecho

Las agresiones físicas de la semana pasada son apenas una muestra de hasta dónde ha llegado la intolerancia que se ha tomando el escenario de la política nacional. Dentro de las agresiones verbales que han hecho carrera, tal vez la más sonada de los últimos meses corrió por cuenta del propio presidente Uribe.

En diciembre del año pasado, en una conversación telefónica, el Presidente le gritó a Luis Fernando Herrera Zuluaga, 'La Mechuda', un ex funcionario de la Casa de Nariño: "¡Estoy muy berraco con usted y ojalá me graben esta llamada. (...) Y si lo veo, le voy a dar en la cara, marica!". La furia presidencial la desencadenó una versión según la cual Herrera habría visitado a Raúl Grajales en la cárcel de Palmira, para exigirle 15 millones de dólares a cambio de evitar su extradición a Estados Unidos.

Los casos de Guerra en Medellín y de los familiares del Gobernador del Cesar en Valledupar, demuestran que los decibeles de la intolerancia política han venido creciendo en forma dramática y que se está pasando peligrosamente de las palabras a los hechos. Y lo más grave es que los que están dando el mal ejemplo son personajes públicos que, en lugar de apagar incendios y dar muestras de tolerancia y respeto por los demás, le echan gasolina a la candela. Y es desde la Casa de Nariño desde donde han alimentado el espíritu camorrista que hoy impera en el país y que poco contribuye a generar un clima de cordialidad y tolerancia.

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