Reflexiones sobre la extradición de los jefes 'para'

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 Reflexiones sobre la extradición  de los jefes 'para'

Por Germán Vallejo
Abogado, consultor internacional

Una vez más nos sorprende el presidente Uribe con una de sus salidas inesperadas que tanto enardecen a la multitud porque dejan ver su "verraquera", que "no le come a nadie" y que es "un líder audaz". Esta vez la audacia presidencial consistió en extraditar a los 14 principales jefes paramilitares. Esto es, a los 14 paramilitares que más habían delinquido, que más sabían sobre el maridaje entre miembros del Estado-terratenientes-paramilitarismo,  y quienes mayor capacidad de reparación tenían.

Ante esta nueva salida personalista, que desconoce no sólo el andamiaje institucional de la lucha contra el crimen en general y de la Ley de Justicia y Paz en particular, sino el clamor de las víctimas para obtener verdad, justicia y reparación, seguramente Uribe  recibirá una vez más la ovación acalorada del 80% de colombianos.

No obstante, hay que preguntarse de manera serena a qué le estará apuntando el Presidente (no el Gobierno) con la extradición de los capos sometidos a la Ley de Justicia y Paz. ¿Tal vez a deshacerse de unas papas calientes que ni siquiera  en cárceles de alta seguridad, ni en naves en alta mar, pudo controlar para que dejaran de delinquir?
¿Quizás a alejar del convulsionado panorama nacional personas que con sus declaraciones podrían  comprometer aún más a miembros de la clase política en general o del propio Gobierno en particular?

¿De pronto a continuar en su tarea de congraciarse con los Estados Unidos para buscar respaldo en la crisis regional con Ecuador y Venezuela que, seguramente, se agudizará después de que el jueves se revele de manera oficial el informe sobre el computador de Raúl Reyes? ¿Será una forma heterodoxa de impulsar el TLC en el Congreso americano?

Independientemente de las respuestas a estos interrogantes, de lo que debemos estar seguros es que la extradición de estos 14 delincuentes significa un golpe letal para el proceso de Justicia y Paz. Con los pesos pesados del paramilitarismo en los Estados Unidos procesados por narcotráfico, ¿qué justicia habrá por los cientos de homicidios, desapariciones y desplazamientos ordenados por ellos? ¿Cómo se enterará el país de la verdad de lo sucedido? ¿A qué reparación podrán aspirar las victimas y sus familias si su fortuna ha de quedarse en las arcas del erario norteamericano?

Es cierto que en lo inmediato da cierto fresco pensar que estos delincuentes -que sumados cometieron miles de homicidios y millones de desplazamientos forzados- estarán en cárceles de extrema seguridad donde se acabaran los lujos y los desmanes y que al parecer las cortes americanas esta vez no se tranzarán en vergonzosas negociaciones que terminen en cuatro años de cárcel  a cambio de entrega de bienes y rutas. 

No obstante, si estos señores tan sólo son juzgados por narcotráfico, dejarán burlados no solo a las victimas, sus familiares y representantes, sino también a todos aquellos que han defendido las bondades de la Ley de Justicia y Paz como una forma de obtener un equilibrio entre la paz y la verdad, la justicia y  la reparación.

El Presidente argumentó que la extradición masiva se dio "porque algunos de ellos  habían reincidido en el delito, otros no cooperaban con la justicia y todos evadían la reparación". Eso puede ser cierto, pero existían caminos institucionales que deberían haberse transitado antes de exponer a las víctimas al riesgo de verse burladas.

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