Reflexiones sobre la extradición de los jefes 'para'

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¿Trabajo en equipo?

En un Gobierno que trabajara en equipo y donde se repartieran las funciones y las responsabilidades, el Director del Inpec tendría que responder cuando haya indicios de que se sigue delinquiendo desde las cárceles y se hubiesen tomado los correctivos del caso. Si se trabaja en equipo se hubieran hecho coordinaciones con el Ministro de Justicia (porque habría un Ministerio de Justicia) y se habría compelido al Ministro del Interior para que acelerara el ritmo del proceso. Además, el Consejo de Política Criminal se habría reunido para tratar el asunto, el Comisionado de Paz le habría hecho a sus contrapartes las advertencias del Gobierno y, sobre todas las cosas, como política de Estado, se habrían escuchado los clamores del fiscal Luis González, quien trabaja con las uñas, para reforzar la Unidad de Justicia y Paz y de esa forma agilizar los  tiempos de los procesos y tener las herramientas para apretar con la reparación.

Si se trataba de castigar el desacato a la Ley de Justicia y Paz por parte de los comandantes paramilitares, lo lógico hubiera sido promover ante las autoridades judiciales la aplicación de la disposición de la mencionada ley, según la cual  quien haya seguido delinquiendo después de acogerse a ésta pierde los beneficios de la misma y se ve sometido a la ley ordinaria.

Así las cosas, a estos señores no solamente les habría esperado 40 ó más años de prisión, sino que se habría facilitado el ejercicio del derecho de las víctimas a obtener reparación y del país entero a saber la verdad. Así mismo, los colombianos habríamos recibido el mensaje de que a través de nuestras instituciones somos capaces de resolver nuestros problemas y exorcizar los fantasmas colectivos que durante tantos años nos han atormentado.

Lamentablemente esto ya no se hizo. Ahora tendremos que pensar en la posibilidad de que la Fiscalía adelante contra estos 14 capos (y Macaco) un proceso a larga distancia y rezar para que algún día los resultados de éste se hagan efectivos.

Como última, pero muy pertinente  esperanza de que no terminemos todos burlados, está la Corte Penal Internacional, la cual fue diseñada sobre el principio de subsidiaridad, que entra a operar precisamente cuando los Estados parte -entre ellos Colombia- no puedan o no estén dispuestos a juzgar a los perpetradores de crímenes atroces. En el caso que nos ocupa, el Estado colombiano, que hasta el momento no ha querido o no ha podido juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos por los cabecillas de las autodefensas.

"Tanto va el cántaro al agua hasta que por fin se rompe". Nadie puede delinquir eternamente, burlarse de sus victimas y de la sociedad que le dio una segunda oportunidad y salir bien librado.

Si los paramilitares extraditados tienen en mente (y por eso algunos querían adelantar negociaciones directas con los Estados Unidos) que podrán evadir sus responsabilidades en Colombia con total impunidad saliéndose de la Unidad de Justicia y Paz para entrar a una Corte Federal, también deben tener presente que de no decir toda la verdad y reparar a sus victimas, así sea a larga distancia, los esperará la Corte Penal Internacional, y eso sí son palabras mayores.

Por Germán Vallejo, abogado y consultor internacional.

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