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TRAS LA INTEMPESTIVA RENUNCIA el 15 de marzo del superintendente de Salud, José Renán Trujillo, buena parte de los 300 empleados de la entidad vaticinaron que también estaban contados los días de la secretaria general, Alba Nereida Ramírez, mano derecha del funcionario dimitente.
Pese a la polémica por la salida de Trujillo, que se produjo en medio de versiones que iban desde amenazas de muerte hasta recepción de sobornos, la secretaria general de la Supersalud permaneció en el cargo mientras avanzaba una auditoría ordenada por el Gobierno.
Finalmente, el 25 de abril, 40 días después de la salida de Trujillo, Ramírez renunció luego de quedar al descubierto varias irregularidades en el funcionamiento administrativo de la Supersalud.
Expertos en contratación descubrieron que de la noche a la mañana la entidad estaba prácticamente paralizada porque no habían sido renovados los servicios de vigilancia privada, internet, correspondencia, archivo y cafetería, cuyos contratos, de manera inexplicable, habían sido suscritos hasta el 31 de diciembre pasado. La entidad sufrió un grave perjuicio porque la Secretaria General no previó las vigencias presupuestales futuras requeridas para el normal funcionamiento de cada dependencia.
Con la salida de la Secretaria General de la Supersalud, que siguió a la de José Renán Trujillo, concluyó una de las etapas más difíciles en la historia de esa institución, que había recibido en septiembre de 2006 al curtido político vallecaucano, que contó con el guiño del senador Germán Vargas Lleras, jefe del partido Cambio Radical.
En los siguientes meses el funcionario mantuvo una activa presencia pública y los medios de comunicación lo percibieron como un eficiente administrador de la entidad encargada de regular las actividades de los juegos de azar, como las loterías y el chance, y de vigilar las empresas prestadoras de salud, EPS.
Sin embargo, un año después, el 10 de octubre de 2007, la filtración de una grabación puso en tela de juicio el desempeño de Trujillo, al tiempo que marcó su futuro como superintendente. En efecto, en la cinta, interceptada por el CTI de la Fiscalía, una asesora del entonces senador Dieb Maloof, preso por la parapolítica, recibió un mensaje de un desconocido, que le dijo: "Había que darle 3.000 millones al súper José Renán Trujillo, y como no se le dieron, van a hacer una interventoría y auditoría a Salud Cóndor".
Aun cuando Trujillo salió del difícil trance al asegurar que todo era un montaje de los directivos de una EPS que él investigaba, lo cierto es que a partir de ese momento su nombre empezó a rondar en las principales dependencias gubernamentales e investigativas del país.
Los señalamientos a Trujillo crecieron como una bola de nieve porque la Fiscalía, la Procuraduría y la oficina anticorrupción de la Vicepresidencia recibieron los testimonios de algunos empresarios del negocio del chance que aseguraban haber sido chantajeados por el Superintendente de Salud y por la Secretaria General de la entidad para obtener la renovación de sus negocios.
Según esos relatos, que hoy avanzan en expedientes abiertos en varios organismos investigativos, Trujillo se valía de un estudio de mercadeo obligatorio, paso previo a la aprobación de la licencia, para obtener una jugosa comisión a cambio de que los empresarios ganaran más dinero durante la vigencia del contrato, suscrito con las gobernaciones.
Uno de esos empresarios, según estableció CAMBIO, se reunió con Trujillo en noviembre de 2007 en el reservado de un reconocido club para negociar el porcentaje que debía pagar para la renovación de su licencia, de acuerdo con los topes establecidos por el estudio de mercadeo.
En la reunión, que no se postergó por más de 15 minutos, Trujillo habría planteado tres escenarios en los cuales la empresa de apuestas ganaba una elevada suma de dinero y él recibía un porcentaje que oscilaba entre el siete y el 15 por ciento. Según el ejemplo del denunciante, si el estudio de mercadeo señalaba que su empresa podía ganar 11.000 millones de pesos, Trujillo recibiría 3.000 millones.
Pero el asunto no terminaba ahí. Según el relato del afectado, Trujillo abandonó el sitio del encuentro y poco después habría llegado la Secretaria General de la Supersalud para ultimar los detalles de la entrega del dinero en efectivo. "Según nos revelaron algunos empresarios, la enviada del superintendente los requisó para evitar que la estuvieran grabando o filmando -explicó un funcionario de la oficina anticorrupción de la Vicepresidencia que conoció lo ocurrido-. Era una maniobra muy hábil porque ellos necesitaban renovar sus licencias a cualquier precio. Lo que pasa es que les pidieron mucho".
Estas graves denuncias, que continuaron en los primeros meses de 2008, desencadenaron la inesperada dimisión del funcionario, que se quedó sin respaldo del alto Gobierno y tampoco recibió un apoyo explícito de Vargas Lleras. Por eso a más de uno le pareció extraño que Trujillo adujera que su renuncia se debía a problemas de seguridad de las cuales al parecer ningún organismo de seguridad del Estado tuvo conocimiento.