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EL MUNICIPIO DE SAMANIEGO, con 87 veredas y cerca de 70.000 habitantes, la mayor parte mineros y campesinos que viven de la agricultura y la ganadería, está enclavado en las montañas de Nariño a 117 kilómetros de Pasto, y es hoy por hoy uno de los municipios más afectados por las minas que han sembrado el Eln y las Farc.
En el hospital municipal, en las historias clínicas se repiten como letanía los términos "quemaduras en cara, cuerpo y córnea, múltiples cuerpos extraños, mutilación de un miembro, visión borrosa...". Médicos y enfermeras se han acostumbrado a recibir heridos y muertos por causa de las minas. Según las autoridades locales, entre 2002 y 2005 murieron 19 personas y 31 resultaron heridas; en 2006 la cifra superó las 72 víctimas; en 2007 murieron 22 personas y 47 quedaron heridas, y este año la cifra alcanza 15 víctimas, dos de las cuales murieron.
Entre los heridos de este año figura Javier Benavides, un campesino de 52 años de El Decio, y entre los muertos su hijo Liden de 12 años. Benavides llegó al hospital el 7 de febrero con la cara desfigurada. Les contó a los médicos que iba con su hijo Liden por un camino en busca de las vacas para traerlas de regreso a la finca cuando una explosión los tiró al piso. "Liden se desvió un poco de la ruta acostumbrada y cuando le estaba diciendo que era peligroso sucedió el estallido -recuerda-. No podía ver lo que estaba pasando, solo escuchaba el llanto de mis niños. Con mucho esfuerzo pude alcanzar a Liden, que no tenía sus piernas y quedó con el pecho abierto, pero logré llegar donde unos vecinos. Él solo me decía: 'Abrázame papá, no me dejes". Llegó arrastrándose, guiado por su hijo Mauricio de 7 años. "Esto es muy duro", dice entre lágrimas.
Otra víctima, la más reciente, es Marco Antonio Tonguino, un campesino de 47 años. El jueves de la semana pasada pisó una mina cuando llevaba víveres desde San Juan hasta El Sande. "Nunca me había metido por ese camino pero por la necesidad me arriesgué -le contó a CAMBIO en el hospital de Pasto donde está hospitalizado-. Llevaba cinco horas andando cuando sentí una explosión, quedé inconsciente y cuando recuperé el sentido vi cómo me bajaba sangre por la cabeza. Ahora tengo afectado mi oído derecho".
Confinamiento
La situación de Samaniego es dramática. La mitad del municipio es controlada por el frente del Eln Comuneros del Sur. La otra, por el frente 29 de las Farc (ver mapa). Esto significa que más de 804 familias de 22 corregimientos no solo luchan contra la pobreza cultivando plátano, yuca y coca, y el cuidado de unas pocas reses, sino que deben enfrentar la amenaza de las minas.
Del problema no se escapan ni los soldados del Batallón de Contraguerrilla 114 que desde hace dos meses hacen presencia en El Decio y que han logrado ganarle terreno a la guerrilla: cinco militares, expertos en antiexplosivos, resultaron heridos cuando desactivaban campos minados. Uno de ellos, el sargento César Augusto Rojas, perdió las manos y la visión el pasado 23 de febrero cuando intentaba desarmar uno de esos artefactos en la vía que comunica El Decio con Samaniego.
Periodistas de CAMBIO recorrieron algunas veredas y oyeron historias que confirman la difícil situación. Por ejemplo, en El Salto, La Verde, Andalucía, La Paloma, Las Planadas y El Tigre, desde febrero más de 800 familias están prácticamente confinadas en sus casas porque el Eln resembró el terreno de minas para contener el avance del Ejército. La situación ha llegado a tal punto, que en algunos sitios hay escasez de alimentos. "La verdad, la gente está confinada en otros corregimientos y los que pueden salir se vienen para acá -le dijo a CAMBIO Blanca Melo de la junta de acción comunal de El Decio-. Nadie se mueve de sus casas y por lo menos 350 niños están sin clases en las montañas del municipio".
El Decio queda a tres horas en carro de Samaniego y allí es adonde llegan las primeras noticias de lo que pasa en otras veredas, como Buenavista, un poblado de 35 casas y 140 habitantes, a dos horas de El Decio por una trocha, también minada, como indican los avisos "No salirse de la vía, minado". Hace dos meses, el pueblo fue abandonado por 30 de las 35 familias, cuando el Eln anunció que iba a minar el caserío.
Representantes a la Cámara impulsan un riguroso proyecto de ley con algunos contradictores.