Abril 9 de 2008

Más de 800 familias viven confinadas en Samaniego porque es un campo minado

La guerrilla minó el terreno para contener el avance del Ejército.

EL MUNICIPIO DE SAMANIEGO, con 87 veredas y cerca de 70.000 habitantes, la mayor parte mineros y campesinos que viven de la agricultura y la ganadería, está enclavado en las montañas de Nariño a 117 kilómetros de Pasto, y es hoy por hoy uno de los municipios más afectados por las minas que han sembrado el Eln y las Farc.

En el hospital municipal, en las historias clínicas se repiten como letanía los términos "quemaduras en cara, cuerpo y córnea, múltiples cuerpos extraños, mutilación de un miembro, visión borrosa...". Médicos y enfermeras se han acostumbrado a recibir heridos y muertos por causa de las minas. Según las autoridades locales, entre 2002 y 2005 murieron 19 personas y 31 resultaron heridas; en 2006 la cifra superó las 72 víctimas; en 2007 murieron 22 personas y 47 quedaron heridas, y este año la cifra alcanza 15 víctimas, dos de las cuales murieron.

Entre los heridos de este año figura Javier Benavides, un campesino de 52 años de El Decio, y entre los muertos su hijo Liden de 12 años. Benavides llegó al hospital el 7 de febrero con la cara desfigurada. Les contó a los médicos que iba con su hijo Liden por un camino en busca de las vacas para traerlas de regreso a la finca cuando una explosión los tiró al piso. "Liden se desvió un poco de la ruta acostumbrada y cuando le estaba diciendo que era peligroso sucedió el estallido -recuerda-. No podía ver lo que estaba pasando, solo escuchaba el llanto de mis niños. Con mucho esfuerzo pude alcanzar a Liden, que no tenía sus piernas y quedó con el pecho abierto, pero logré llegar donde unos vecinos. Él solo me decía: 'Abrázame papá, no me dejes". Llegó arrastrándose, guiado por su hijo Mauricio de 7 años. "Esto es muy duro", dice entre lágrimas.

Otra víctima, la más reciente, es Marco Antonio Tonguino, un campesino de 47 años. El jueves de la semana pasada pisó una mina cuando llevaba víveres desde San Juan hasta El Sande. "Nunca me había metido por ese camino pero por la necesidad me arriesgué -le contó a CAMBIO en el hospital de Pasto donde está hospitalizado-. Llevaba cinco horas andando cuando sentí una explosión, quedé inconsciente y cuando recuperé el sentido vi cómo me bajaba sangre por la cabeza. Ahora tengo afectado mi oído derecho".

Confinamiento

La situación de Samaniego es dramática. La mitad del municipio es controlada por el frente del Eln Comuneros del Sur. La otra, por el frente 29 de las Farc (ver mapa). Esto significa que más de 804 familias de 22 corregimientos no solo luchan contra la pobreza cultivando plátano, yuca y coca, y el cuidado de unas pocas reses, sino que deben enfrentar la amenaza de las minas.

Del problema no se escapan ni los soldados del Batallón de Contraguerrilla 114 que desde hace dos meses hacen presencia en El Decio y que han logrado ganarle terreno a la guerrilla: cinco militares, expertos en antiexplosivos, resultaron heridos cuando desactivaban campos minados. Uno de ellos, el sargento César Augusto Rojas, perdió las manos y la visión el pasado 23 de febrero cuando intentaba desarmar uno de esos artefactos en la vía que comunica El Decio con Samaniego.

Periodistas de CAMBIO recorrieron algunas veredas y oyeron historias que confirman la difícil situación. Por ejemplo, en El Salto, La Verde, Andalucía, La Paloma, Las Planadas y El Tigre, desde febrero más de 800 familias están prácticamente confinadas en sus casas porque el Eln resembró el terreno de minas para contener el avance del Ejército. La situación ha llegado a tal punto, que en algunos sitios hay escasez de alimentos. "La verdad, la gente está confinada en otros corregimientos y los que pueden salir se vienen para acá -le dijo a CAMBIO Blanca Melo de la junta de acción comunal de El Decio-. Nadie se mueve de sus casas y por lo menos 350 niños están sin clases en las montañas del municipio".

El Decio queda a tres horas en carro de Samaniego y allí es adonde llegan las primeras noticias de lo que pasa en otras veredas, como Buenavista, un poblado de 35 casas y 140 habitantes, a dos horas de El Decio por una trocha, también minada, como indican los avisos "No salirse de la vía, minado". Hace dos meses, el pueblo fue abandonado por 30 de las 35 familias, cuando el Eln anunció que iba a minar el caserío.

Hoy sus calles de tierra están sembradas de minas y por eso las cinco familias que aún viven allí no dejan que los niños vayan a la escuela o jueguen fuera de sus casas. "Vivo aquí con mis tres hijos en medio de una apretada situación -cuenta Olga Janeth Rodríguez-. Mis hijos no pueden ni siquiera ir a la escuela porque los maestros se fueron cuando el Eln decidió minar el área. Esta guerra nos ha negado hasta el estudio". Tampoco los mayores volvieron a trabajar la tierra y solo en contadas ocasiones se aventuran a ir al pueblo más cercano en busca de víveres.

Promesa incumplida

Todo esto sucede en un municipio que el Eln se comprometió a desminar en octubre de 2006, en forma unilateral y a pedido de la comunidad, durante la cuarta ronda de conversaciones en La Habana.  "Orientamos a nuestros frentes guerrilleros y estructuras que operan en el área que faciliten todas las condiciones necesarias para que el desminado humanitario pueda desarrollarse cabalmente", dijo entonces Antonio García, jefe militar del grupo guerrillero.

Pero Mauricio López, secretario de Gobierno de Samaniego, dice que el Eln no cumplió y que el confinamiento por las minas ha creado una crisis que, con ayuda del Gobierno, intentan superar. "Estamos llevando ayudas esporádicas a desplazados y confinados y hemos avanzado con el Gobierno en la puesta en marcha de un plan para atacar de raíz la situación". Por su parte, el alto comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, quien  está encargado de resolver el problema del minado, sostiene que "hay una actitud intimidatoria del Eln que pretende que el Ejército salga de los sitios hasta donde ha avanzado, y eso no va a ocurrir".

La Corte Constitucional también se ha ocupado del tema. La semana pasada, durante una audiencia pública sobre desplazados, recibió varias denuncias de habitantes de la zona sobre lo que allí ocurre. "La Corte estará atenta para vigilar que el Gobierno cumpla con los compromisos adquiridos y le dé una solución al problema de las minas en Samaniego, que ha llevado a un desplazamiento masivo y a un confinamiento deplorable de esa región", le dijo a CAMBIO el magistrado Manuel Cepeda.

Mientras las promesas se cumplen y llegan las soluciones, los casi 3.000 habitantes de 22 veredas se aferran a Dios y rezan para que las minas no acaben con sus vidas y se ponga fin al conflicto. Quieren vivir en paz. 

LA COCA

El tema de las minas no es el único dolor de cabeza de los habitantes de Samaniego. Los cultivos de coca también se han convertido en una pesadilla para esta región nariñense, considerada estratégica, con salida al Pacífico por los ríos Telembí y Patía. Según las autoridades locales, el municipio tiene cerca de 1.000 hectáreas de cultivos ilegales que mueven al año más de 4.000 millones de pesos.

El Eln y las Farc se disputan el control de los cultivos, porque con  el negocio del narcotráfico aceitan su maquinaria de guerra, una guerra que, en unos casos obliga a la población a desplazarse y en otros a vivir confinados y sitiados por las minas.

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