En sándwich

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Como afirma Shifter, Colombia es el gran perdedor y los meses que vienen serán incómodos para los representantes diplomáticos del gobierno Uribe en Washington. Primero, porque hay posibilidades de que el TLC no sea ratificado. Segundo, porque Estados Unidos ya ha aprobado tratados con otras naciones cuyas exportaciones compiten con las de Colombia, en particular las de Centroamérica y Perú. Y finalmente, porque en los próximos 90 días -período establecido para el trámite legislativo- saldrán a flote en los debates enconadas posiciones sobre los problemas colombianos más graves: la parapolítica, la violencia contra los sindicalistas y las violaciones a los derechos humanos. Se convertirán en temas de las sesiones del Congreso y de publicaciones de prensa.

Apuesta difícil

Todo lo anterior no significa, sin embargo, que la suerte esté echada y que el TLC esté condenado a su hundimiento y a una renegociación con el Gobierno que resulte elegido el próximo 6 de noviembre. A pesar del escenario adverso la ley podría salir adelante en un voto-finish. "En política nada es imposible -sostiene José Miguel Vivanco, de Human Rights Watch-.  Sin embargo, la estrategia del gobierno de Uribe, basada en campañas de relaciones públicas y afirmaciones apocalípticas sobre el panorama regional, no alcanza. El Congreso está suficientemente informado sobre la realidad colombiana como para ser presa fácil de un lobby de eslogan".

En los círculos diplomáticos de Washington se dice que Carolina Barco se ha convertido en la 'Embajadora del TLC'. Su oficina se ha dedicado casi por completo al tema. El domingo pasado, The New York Times publicó un informe sobre las firmas de lobby que apoyan esta tarea, contratadas por una cuantía cercana al millón de dólares: Glover Park Group, Johnson, Madigan, Peck, Boland and Stewart y Burson Marsteller. En esta última se produjo el escándalo de la semana pasada, motivado por el hecho de que su presidente, Mark Penn, asesoraba la campaña de Hillary Clinton (opuesta al TLC) y a la Embajada de Colombia en su estrategia para aprobar el TLC. Penn fue expulsado de la campaña de la senadora.

En las próximas semanas,  el gobierno del presidente Álvaro Uribe enviará al vicepresidente Francisco Santos, al canciller Fernando Araújo y  a otros ministros para responder a las inquietudes que existen sobre la violencia contra sindicalistas y las relaciones de políticos y congresistas con grupos paramilitares.

¿Podrán salvar la nave en medio de la tormenta? Difícil. Hay un pequeño grupo de congresistas demócratas que siguen indecisos o que, incluso, simpatizan con el TLC. Generalmente provienen de estados como Florida y Nueva York donde hay colonias colombianas grandes. En ellos harán presencia los ministros colombianos en una estrategia de "diplomacia de órbita" complementaria a la ofensiva de lobby que se lleva a cabo en Washington. Con el apoyo de 25 de estos congresistas, la iniciativa podría salvarse. "La clave -le dijo el secretario de Comercio Carlos Gutiérrez a la FM de RCN el miércoles-, es que el voto no sea de partido, sino individual".

Pero la decisión de Nancy Pelosy de sacar el proceso del procedimiento normal, el miércoles, fue considerada como un golpe mortal. Lo cierto es que el TLC, y Colombia, quedaron inmersas en el huracán de la política electoral estadounidense. Y a esta, si hay algo que la caracteriza, es que no tiene predicciones posibles. Para Colombia, y para el Gobierno de Álvaro Uribe, el TLC quedó convertido en un corcho, a la deriva del remolino de la política electoral estadounidense. Pero el corcho del TLC, por una vez, podría hundirse.

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