Situación extrema

Esta foto prendió las alarmas sobre la precaria salud de Íngrid. Foto: Archivo particular

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LORENZO DELLOYE, el hijo menor de Íngrid Betancourt, hizo este miércoles el más dramático llamado desde París y pidió la liberación de su mamá:  "En la selva colombiana, una mujer, mi madre, se dirige hacia la muerte. ¡Ayudémosla! Ella sufre hepatitis B y leishmaniasis, y requiere una transfusión sanguínea en las próximas horas. Si no actuamos hoy, mañana será tarde", clamó en medio de lágrimas.  

El angustioso llamado del joven es el más reciente de los múltiples que se han hecho en los últimos días desde diferentes sectores, a raíz de las versiones sobre el grave estado de salud de la ex candidata y por quien se hacen esfuerzos desesperados para que, por lo menos, pueda ser atendida por una misión humanitaria de la Cruz Roja Internacional.

El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, le hizo a 'Tirofijo' un llamado directo: "Está en juego la vida de una mujer. Cada uno está ahora frente a sus responsabilidades. Usted tiene las suyas, asúmalas. Tome esta decisión: libere a Íngrid Betancourt". Además, dispuso un avión con una delegación médica para atender a la ex candidata en caso de que sea liberada. El Gobierno colombiano, por su parte, se comprometió a suspender todas las operaciones militares en la zona para facilitar la misión.

Las Farc tienen en sus manos la vida de Íngrid Betancourt, cuya resistencia parece haber llegado al límite. En caso de un desenlace fatal, solo ellas tendrían la culpa, como lo afirmó el presidente Sarkozy.

Alarma máxima

Desde noviembre, cuando se conoció la carta que Íngrid le escribió a su madre el 24 de octubre, fue evidente que estaba en malas condiciones físicas y emocionales. Mencionaba que no había vuelto a comer, que el pelo se le caía a manotadas, que había perdido la esperanza y que estaba cansada de sufrir. "No tengo ganas de nada -escribió-. Y creo que esto último es lo único que está bien: no tener ganas de nada".

Como si la carta no fuera evidencia suficiente del deterioro de sus condiciones, la foto que le dio la vuelta al mundo fue la prueba reina. Demacrada y en extremo delgada, la expresión triste de su rostro no dejaba dudas sobre la mella que han hecho en ella los seis años de cautiverio en la selva en poder de las Farc. Era la imagen misma del dolor y la desesperanza, el símbolo del horror del secuestro y de la degradación de las Farc.

El 27 de febrero, el segundo grupo de liberados -Luis Eladio Pérez, Eduardo Géchem, Gloria Polanco y Orlando Bernal-, confirmó lo que ya se sabía. "Se encuentra muy, muy, muy enferma -aseguró el ex senador Pérez-. Ella me parte el alma y tenemos que hacer una inmensa campaña para sacarla lo más pronto posible a ella y a los demás secuestrados. De lo contrario, morirá".

Desde entonces el tema ha ocupado la agenda política y noticiosa, pero en estos últimos días sonaron más fuertes las alarmas cuando el defensor del Pueblo, Vólmar Pérez, quien declaró que tenía información confiable que indicaba que la salud de Íngrid se había agravado. Dijo que habitantes de El Retorno y San José del Guaviare habían informado que sufría leishmaniasis y hepatitis B, y que sus condiciones físicas eran deplorables: "Su apariencia física es similar a la de los niños desnutridos por la hambruna en Somalia", dijo Pérez. La liberación de Íngrid se volvió clamor mundial.

Las versiones

Sobre el estado de salud de la ex candidata han circulado infinidad de versiones. A la del Defensor del Pueblo se han sumado informaciones como las del padre Manuel Mancera, párroco del corregimiento La Libertad, en San José del Guaviare, quien dijo que campesinos le habían contado que estaba viva, pero muy mal. Pero, además, CAMBIO pudo establecer que información proveniente de habitantes de caseríos del Guaviare ha llegado a la Policía Judicial y que sus investigadores la están analizando.

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