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Por Patricia Salazar Figueroa
Para Cambio desde Berlín
Una neuralgia permanente en la espalda que la restringe para trabajar tiempo completo, una pieza dental menos en su espléndida dentadura de niñez bien alimentada, ataques de pánico intermitentes, miedo a la oscuridad, al hambre, a la soledad y una factura de 13 mil euros del Estado alemán son las secuelas con las que carga la alemana Reinhilt Weigel, desde que un desliz aventurero por conocer la Sierra Nevada de Santa Marta, la condujo a 74 días de secuestro a manos de el ELN en septiembre de 2003.
Ya han pasado cuatro años y medio desde que fue liberada por "gestiones secretas" del gobierno alemán. Sin embargo, es evidente que el calvario de Reihilt Weigel todavía no termina.
Esta alemana de 35 años, en el 2003 se internó con un grupo de siete turistas mochileros de diferentes países en la Sierra Nevada de Santa Marta, y fue escándalo en Colombia y en su país por haber posado el día de su liberación sonriente junto a sus captores y portando una metralleta del grupo insurgente.
Weigel ha vuelto a los titulares de prensa por haberse convertido, el pasado jueves, en la primera ciudadana germana conminada por un tribunal a pagar completamente los gastos "públicos" en que incurrió el Estado alemán durante el proceso de su liberación.
La suma de la factura es la más alta que se le ha impuesto a un alemán socorrido por su país en el extranjero. De acuerdo con el fallo, en segunda instancia, del Tribunal Superior Administrativo de Berlín, Weigel, deberá devolver al fisco los 13 mil euros, cerca de 12 mil dólares, que la Embajada en Bogotá pagó en Colombia por concepto del alquiler del helicóptero que la trasladó a ella y al español, Asier Huegun Etxeberría, desde una zona rural de Valledupar hacia Bogotá el mismo día de su liberación, el 23 de noviembre de 2003.
"Estoy vencida", "No tengo recursos para pagar esa deuda más los cuatro mil euros de costas del proceso. Y no sólo es eso, yo tenía fe en que el Tribunal fallaría a mi favor y que así terminaría por fin una racha amarga de traumas y recuerdos que, sin derecho, cambiaron mi vida para peor" le dijo Reinhilt Weigel a Cambio en Berlín, un día después de conocer el fallo, en su primera conversación con la prensa colombiana en la cual accedió a contar todo sobre sus 74 días se secuestro.
La prensa alemana e internacional se ha vuelto a interesar por usted con mucha fuerza y registra que el Tribunal y el Ministerio de Exteriores le están pasando cuenta de cobro, sobre todo a su actitud irresponsable de internarse por su cuenta y riesgo en una zona conflictiva de Colombia.
Eso no es cierto. La palabra irresponsable no apareció nunca en el proceso. Aquí de lo que se trata es de la aplicación de un parágrafo de la ley consular que obliga y posibilita al Estado alemán a socorrer a sus ciudadanos en situaciones de riesgo en el extranjero. Al ocuparse de mi caso, el Tribunal también pretende sentar un precedente jurídico hacia el futuro. Antes el Ministerio de Exteriores sólo exigía a los auxiliados devolver una parte "simbólica" de los gastos en que había incurrido, con esta sentencia la aplicación de la norma cambia y se exige la devolución de importe completo. Y eso es lo que duele, me siento tratada de forma diferente a como se trataron casos anteriores, como el del ex ministro de Exteriores, Jürgen Chrobog, quien fue secuestrado con su familia en el 2005 en Yemen y al que sólo se le exigió el pago de 2800 euros. En cambio a mi me la están aplicando toda, para aleccionar también a posibles nuevas víctimas. Es muy amargo.
Precisamente parecería que allí entra a jugar un papel el factor subjetivo por parte del Ministerio de Exteriores, la parte demandante del pago. El ex Viceministro Chrobog y otros secuestrados alemanes fueron recibidos con júbilo y como víctimas en Alemania, mientras que a usted la recibieron con críticas y silbidos por la polémica foto de despedida de sus captores, altiva, sonriente y con un arma en la mano. ¿Es consciente de las consecuencias de esa foto?
Sinceramente desconozco si jurídicamente la foto entró en consideración. En todo caso no tenía ni tiene por qué jugar un papel. Cuando llegué a Alemania en noviembre del 2003 por supuesto que sentí la marea que la foto había desatado, pero en las circunstancias vertiginosas de mi secuestro y liberación para mi tenía otro significado y me era imposible ocuparme de lo que pensaba la gente, la tarea primordial era ocuparme de mi misma, de lo que había pasado conmigo, eso es algo que solamente lo puede entender alguien que haya vivido un secuestro.
¿Cómo, por qué y para qué ocurrió esa foto?
Esa arma que se ve en la foto es la que tuve apuntándome en la cabeza varias semanas. Y fue una victoria sicológica para mí lograr tenerla en mis manos y la traje en la foto para mostrármela a mi misma y a mi familia. No es solamente la liberación física la que debe ocurrir, se trata también de la liberación síquica de la sensación de amenaza permanente que se mete en la cabeza cuando uno tiene un arma de fuego cerca de la sien.
Pero la crisis diplomática con los vecinos quedó prácticamente superada.
Crece el número de fieles por aquellos que no son reconocidos por la Iglesia.
Lo que era sagrado para generaciones anteriores para ellos no lo es.