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EL PASADO LUNES, uno de los oyentes que llamó a La W para responder a la pregunta del día -¿Qué fue lo que más le gustó del concierto de Juanes?-, expresó su malestar por el hecho de que el manager del cantante, Fernán Martínez, hubiera "desinvitado" al presidente Álvaro Uribe, "el más popular que hemos tenido en los últimos años" y dijo que lo consideraba una falta de respeto con el mandatario. Similares opiniones expresaron muchos lectores de la edición en Internet de El Tiempo.
Las molestias de unos y otros con la decisión tenía como punta de referencia la más reciente encuesta de Gallup Colombia, según la cual los índices de popularidad de Uribe llegan a 84%, cifra astronómica que ningún gobernante había alcanzado y además impensable menos después de más de cinco años de mandato, mientras que la desaprobación a su gestión apenas alcanzó el 13%, la más baja desde que llegó al poder en 2002.
Según el presidente de Gallup Colombia, Jorge Londoño, el altísimo respaldo a Uribe podría disgregarse de la siguiente manera: 45% está ligado al desempeño de la economía, 20% al temperamento del Presidente y el otro 20%, sobre todo en el último semestre, a los golpes contra las Farc y a la alineación de Hugo Chávez con ese grupo guerrillero. "A Uribe se le apareció Chávez justo cuando su popularidad comenzaba a mostrar signos de fatiga", le dijo Londoño a CAMBIO.
Aunque la encuesta se realizó entre el 4 y el 6 de marzo, precisamente los días en que la crisis con Venezuela y Ecuador estaba en su peor momento, lo que sin duda generó un sentimiento patriótico de solidaridad, es evidente que Uribe está lejos de tener el sol a las espaldas: la aprobación a su gestión presidencial registra niveles insospechados.
Para algunos analistas, el desenlace feliz de la crisis durante la cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo, República Dominicana, con abrazos presidenciales incluidos, así como los golpes recientes a los cabecillas de las Farc, podrían incluso llevarlo a cifras cercanas al 90%.
Factores emocionales
Sin embargo, los altos niveles de popularidad presidencial llevaron a que pocos se ocuparan de otra cifra de la encuesta que muestra otra cara de la moneda. Se trata de la percepción creciente de que las cosas "están empeorando". En el último trimestre, el número de colombianos que piensan que las cosas van por mal camino aumentó 11%: pasó de 34% en enero a 45% en marzo.
¿Cómo se explica, entonces, la paradoja de la creciente popularidad del Presidente y la creciente sensación de que las cosas no van bien? Javier Restrepo, vicepresidente de la firma encuestadora Napoleón Franco, aclara que popularidad presidencial y balance de gestión no son la misma cosa y señala que esa confusión dificulta el análisis. "La popularidad es la imagen positiva que tienen los colombianos de Uribe y mide el aprecio y el afecto que le profesan -explica Restrepo-. Distinto es el balance de gestión, que evalúa si el Gobierno está haciendo bien o mal la tarea y cuya calificación se hace a partir de realizaciones concretas, como logros en educación, salud e infraestructura, mientras que la popularidad reconoce el esfuerzo o las buenas intenciones del gobernante".
En el caso de Uribe, es evidente que los colombianos valoran su capacidad de trabajo, así como su contacto directo con la gente en los llamados consejos comunales que, salvo contadas excepciones, ha hecho los sábados en los casi seis años de mandato. "Nadie capitaliza mejor ese contacto con las personas que Uribe, quien, además, cuando pide cuentas a sus ministros hace las veces de opositor de su propio Gobierno, lo que lo deja en una posición privilegiada pues el agua sucia les cae a ellos y no a él -afirma el analista Ricardo Santamaría-. Ahí radica buena parte del secreto de su popularidad".
A diferencia de lo que ocurre en otros países, como Estados Unidos, donde el balance de gestión del Presidente termina por definir su popularidad -es lo que ocurre con George W. Bush cuya imagen apenas supera el 20%-, en Colombia ha terminado por imponerse el "modelo uribista", que separa de forma radical la gestión del mandatario de la del Gobierno. "Aquí priman los factores emocionales sobre los racionales -sostiene Restrepo-. Eso no ocurre en los Estados Unidos", afirma.
Pero la crisis diplomática con los vecinos quedó prácticamente superada.
Crece el número de fieles por aquellos que no son reconocidos por la Iglesia.
Lo que era sagrado para generaciones anteriores para ellos no lo es.