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LA PREGUNTA no es nueva. Cada generación ha comulgado con credos distintos y ha seguido pensamientos que se acoplan a la realidad socio-política y cultural del momento. Sin embargo, siempre resulta apasionante indagar por las creencias y motivaciones filosóficas y espirituales de la juventud para entender su manera de actuar o, en su defecto, su inquietante pasividad.
Los jóvenes reciben influjos externos que inciden directamente en sus comportamientos y actitudes. Internet, la globalización y la ideología de la Nueva Era y el exotismo oriental hacen parte del ambiente que rodea a las nuevas generaciones.
Sobre estos temas, el Centro de Estudios en Juventud de la Universidad Católica de Chile realizó un estudio en distintos países latinoamericanos, incluido Colombia, y entre los resultados cabe destacar los siguientes: el 75,9% de los entrevistados dice creer en Dios pero sólo el 64,6% afirma pertenecer a una religión. Y en cuanto a asistencia a servicios religiosos, el 42,6% responde que casi nunca va, el 18,6% que sólo a las grandes fiestas y el 10,1%, una vez al mes.
En general, la juventud parece admitir que existe un dios pero no le preocupa si es el de los católicos, el de los musulmanes, el de los hindúes o el de los budistas, el de los testigos de Jehová o el de los judíos. Esas discusiones, piensan muchos, están mandadas a recoger. Tampoco comulgan con fundamentalismos y posiciones extremas en materia religiosa. Con excepción de niños y jóvenes islámicos, entrenados para inmolarse en nombre de Alá, la gran mayoría de jóvenes que dicen creer en un ser superior no llegarían a tanto por sus convicciones.
El psicólogo Fernando Alvarado explica el fenómeno como el resultado de la desacralización de muchas viejas creencias. "Esto ha llevado a la separación clara entre lo que es fanatismo y lo que son la fe y la espiritualidad apenas necesarias para sobrevivir en el mundo terrenal", dice Alvarado.
El sociólogo mexicano Enrique Luegno, también adelantó una encuesta con estudiantes universitarios menores de 25 años y corrobora la tesis de Alvarado: lo que era sagrado e irrefutable para generaciones anteriores, para las de hoy parece no serlo tanto. Por ejemplo, a la pregunta sobre qué opinaban sobre la Biblia, el 54,6% respondió que si bien sus enseñanzas fundamentales son verdaderas porque fueron inspiradas por Dios, podía tener errores humanos porque fue escrita por hombres.
Llama la atención el porcentaje de jóvenes que le reconoce a la Biblia un valor tradicional y cultural más que sagrado y venerable. Todo indica que las nuevas generaciones acomodan la religión a sus propias necesidades. Creen en Dios pero no necesariamente rezan o asisten a los servicios religiosos con frecuencia. En otras palabras, los rituales han pasado a un segundo plano o no les importan en absoluto.
Los jóvenes creen en Dios más que en la Iglesia. Según el estudio Jóvenes Españoles 2007, en 1994 dos terceras partes afirmaban que eran miembros de la Iglesia y que deseaban seguir siéndolo, en 1999 la cifra se redujo a la mitad y en 2006 era de 29 %. La misma situación parece repetirse en otros estudios europeos, lo que deja claro que, por lo menos en el Viejo Mundo, los jóvenes viven alejados de la Iglesia y sus instituciones.
En Colombia no se conocen muchos estudios o encuestas sobre estos temas, pero según una encuesta contratada por El País de Cali a la firma CDM Research en abril de 2006, el 97% de los jóvenes entre 18 y 25 años dijo creer en Dios, el 2% no y el 1% afirmó que sí pero que no comulga con religión alguna. Y en cuanto a la misa, el 22,4% dijo no ir nunca.
Por otra parte, en encuestas relacionadas con temas como el aborto o la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales, los jóvenes revelaron ser tan o más conservadores y tradicionalistas que sus padres y abuelos. Por ejemplo, según estudios de la firma Opinómetro-Datexco hechos en 2005 y 2006, la mayoría de los entrevistados entre 15 y 25 años desaprobaron el aborto -nueve de cada 10 no abortaría ni apoyaría a su pareja para que lo hiciera-y la posibilidad de que parejas homosexuales adopten hijos (más del 73%). Podría inferirse, entonces, que la juventud colombiana no está muy lejos de las posturas oficiales de la Iglesia Católica.
Pero la crisis diplomática con los vecinos quedó prácticamente superada.
Crece el número de fieles por aquellos que no son reconocidos por la Iglesia.