Santos y vírgenes por fuera del santoral

Foto: Archivo Cambio

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EL PASADO DOMINGO 2 de marzo, Chimá, un pequeño municipio del norte de Córdoba, quedó paralizado cuando sus cerca de 15.000 habitantes se volcaron a las calles para rendirle tributo a Santo Domingo Vidal, conocido desde hace 110 años como el santo milagroso del pueblo.

Pero lo curioso es que Santo Domingo Vidal no es un santo con todas las de la ley, pues no ha sido reconocido por la Iglesia ni sus supuestos milagros han sido avalados por el orden eclesiástico. Su nombre hace referencia a Domingo Vidal, un hombre que vivió en ese pueblo en el siglo XIX y que por su capacidad para predecir los ganadores en las peleas de gallos o encontrar los objetos perdidos, fue ganando reconocimiento como "milagroso" entre sus vecinos.  

Santo Domingo Vidal, al igual que Santo Leo, San Simón, la Virgen del Caracol y la Virgen de Piendamó, entre otros, son santos y vírgenes que han sido creados por la inventiva popular como una manifestación de sus creencias y han venido ganando terreno en el mercado de fieles. "Los hombres siempre han buscado creer en algo o en alguien -dice Carlos Jiménez, sociólogo-. Es su naturaleza y por eso es que hoy proliferan este tipo de santos o vírgenes".

Pero, contrario a lo que muchas personas pensarían, estos santos y vírgenes tienen tantos o más devotos que algunos de los inscritos legalmente en el mismo santoral. En el caso de Santo Domingo, cada año más de 7.000 fieles provenientes de otros lugares lo visitan y su devoción ha venido creciendo. "Si hace 10 años venían 2.000 o 3.000 personas, hoy el número se ha duplicado gracias a que sus milagros se han difundido", dice Nicolás Torres, uno de sus viejos discípulos.

Según historiadores, este auge de santos y vírgenes no reconocidos obedece también a la mezcla de culturas o sociedades y al rechazo de las prácticas religiosas tradicionales. "Son producto de la fusión de elementos cristianos y la herencia cultural indígena -dice el historiador Orlando Fals Borda-. Y buscan que los hombres tengan un encuentro más cercano con santos más reales".

Aunque para la Iglesia este tipo de prácticas no son una propuesta para vivir la fe católica "porque desfiguran su sentido", hoy esos santos no reconocidos siguen conquistando altares y ganando fieles porque, como dicen los creyentes, todo es cuestión de fe. 

LA VIRGEN DEL CARACOL

A los habitantes de Palo de Agua en Lorica, Córdoba, se les apareció la Virgen del Carmen en la coraza de un caracol. Eso es lo que afirma Ana Villero, a quien de niña un lanchero que viajaba por el río Sinú le regaló una concha en cuya superficie estaba la imagen  de una virgen. De inmediato su familia llamó al sacerdote de Lorica, quien escéptico con la figura procedió a raspar el caracol pero, para su sorpresa, la imagen no se borró. Así inició la devoción a la Virgen del Caracol que ya tiene más de 80 años y cuya mayor peregrinación, a la que asisten más de 2.000 fieles, se realiza el último domingo del mes de mayo. Sus devotos ofrecen pequeñas piezas de oro y plata como retribución por las peticiones cumplidas.

EL SANTO ADIVINO

A Domingo Vidal la gente de su pueblo lo creía santo cuando aún estaba vivo por  su capacidad para predecir el ganador en una pelea de gallos o para encontrar los objetos perdidos. Su muerte en 1898 convenció a los habitantes de Chimá, Córdoba, de su santidad porque su cuerpo permaneció sin ningún signo de descomposición durante tres días antes de ser enterrado. Sus restos descansan en una pequeña capilla construida en el cementerio, que es visitada cada 2 de marzo por más de 10.000 personas, cuando empiezan los cinco días de fiestas en su honor."Él es muy milagroso -dice Ana Francisca Herazo-. Una noche cuando dormía se me apareció en mi casa, me sobó la cabeza y al otro día, cuando desperté, el mal se había ido y no hubo necesidad de que me operaran". Desde hace seis años, la Organización Santo Domingo Vidal, que nació para promover su nombre,  busca su beatificación, pero hasta ahora todo ha sido en vano.

EL SANTO DE LOS TRES PODERES 

El 24 de diciembre arrancan los seis días de fiesta en honor a San Simón, el patrono de San Andrés de Sotavento, Córdoba. Y aunque hay varias teorías sobre cómo empezó el fervor por este santo, lo importante para sus devotos es que hace milagros. "A mí me salvó de morir de tétano cuando era niño -dice Óscar Morales-.

Desde entonces en agradecimiento me arrastro durante la procesión con los pies atados con una cadena". La devoción a San Simón es de tal magnitud que hace unos años los sanandresanos decidieron dividirlo en tres: San Simón de Ayuda, para las peticiones difíciles; San Simón Blanco, para milagros más sencillos, y San Simoncito de Juego, para los niños.

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