(Página 3 de 3)
¿Odia a Colombia?
Uno no puede odiar a todo un país. O ¿usted qué piensa? Detesté y sigo detestando situaciones concretas que me dejó el secuestro. Por haber dormido en el suelo selvático casi un mes tengo una dolencia en la espalda que los médicos dicen que es psicosomática, pero que por más que me esfuerzo no cesa y me impide trabajar tiempo completo como fisioterapeuta.
Por comer panela todo el tiempo, se me "pudrió" un molar inferior. Cuando llegué a Alemania estaba tan infectado que me lo tuvieron que sustraer, algo que no se practica en Alemania desde hace décadas.
Como deportista ya no rindo lo que rendía antes del secuestro. Ahora no puedo ir más allá de mis límites, cuando un reto se vuelve muy pesado entonces me doy por vencida.
No soporto la oscuridad, a veces me siento rara sin razón alguna y a dónde quiera que vaya, tengo que asegurarme buenas cantidades de comida, porque entro en pánico sólo al pensar que voy a tener que pasar hambre.
Y ahora voy a tener que trabajar no para mi sino para pagarle al Estado alemán y a mi abogado cerca de 20 mil euros, para lo cual posiblemente estaré endeudada los próximos quince años. Aquí estoy, soy Reinhilt Weigel, la alemana de la foto.
Una impertinencia obligatoria. ¿Le ha sucedido algo positivo?
Hace bien saber que uno ha nacido y vive en un país y en una región donde no hay guerra. Donde es relativamente fácil conseguir comida y oportunidades para todos. Cuando estaba secuestrada me juré que si salía de allí me iría a vivir en la región alpinista de Chamonix-Mont Blanc, en Francia y lo hice. Allí vivo y trabajo desde hace tres años. Haber conseguido trabajo allá es una suerte. Lo poco que he tenido lo he invertido en mantener mi pasión por el alpinismo, las alturas y la nieve. Y allí voy a regresar. Y no. definitivamente, no odio a Colombia. Si lo hiciera sería imposible compartir buenos momentos de charla y amistad con una colombiana, ni rica ni pobre que también se gana la vida por allá y que frecuentemente, me dice que no tiene idea, de lo que hablo sobre la miseria de alguna gente en su país. Tragicómico todo. ¿No le parece?
Pero la crisis diplomática con los vecinos quedó prácticamente superada.
Crece el número de fieles por aquellos que no son reconocidos por la Iglesia.
Lo que era sagrado para generaciones anteriores para ellos no lo es.