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Nada indica, sin embargo, que la opinión pública esté haciendo una evaluación partidista de la crisis. O que le esté cobrando al presidente Uribe los descalabros de sus aliados políticos en el Congreso. Más bien, se percibe un desgaste cada vez más profundo de la clase política y del Legislativo en términos generales. De ahí que algunas de las ideas que se han planteado para trancar la bola de nieve, no tengan viabilidad alguna. Entre ellas, una ley de Punto Final o el establecimiento de una segunda instancia para los congresistas (ver artículo de Humberto De la Calle). "La conciencia nacional y el pueblo colombiano no permitirán que algo así suceda -sostiene el ex ministro de Justicia y actual senador del Polo, Parmenio Cuéllar-. Nadie distinto a los directos beneficiados respaldaría semejante monstruosidad".
El ex ministro Pardo, por su parte, también califica como "un inmenso error" darle trámite a una ley de Punto Final, y considera que una de las salidas a la crisis sería un acuerdo político entre los partidos y movimientos para no posesionar a los suplentes de los parapolíticos y para no aceptar que renuncien al fuero y se sometan a la Fiscalía quienes pretendan evitar el juicio de la Corte Suprema de Justicia.
La renuncia al fuero también ha sido blanco de críticas, inclusive de miembros de la bancada de Gobierno. La senadora Marta Lucía Ramírez, del Partido de La U, sostiene: "El fuero no puede ser simplemente un derecho, sino también una obligación y no debe aceptarse en una sociedad que cada quien busque cuál es el juez que más le conviene".
Pero un acuerdo político entre partidos uribistas, como el que propone Pardo, tampoco parece viable. Según el ex ministro Cuéllar, lo que debe hacerse es respaldar a la Corte Suprema para que siga adelante con sus investigaciones, y exigirle a la Fiscalía que apriete el acelerador, pues es evidente que se encuentra rezagada en relación con la Corte, tal y como se lo plantearon los magistrados en carta que enviaron al ente investigador en la que le pedían una mayor celeridad en las investigaciones. En otras palabras, sigue siendo válida la expresión utilizada por The New York Times hace meses: el escándalo no ha llegado al punto de ebullición. Y eso que ya hay mucho quemado en la clase política.