Bolívar, ¡salve usted la patria!

¿Y después del gran César, quién? La lógica dice: Luis Bolívar. Foto: Ricardo Vejarano / Cambio

(Página 1 de 2)

EL TORERO CÉSAR RINCÓN está a cuatro toros de colgar el traje de luces. Se despedirá en la Santamaría este 24 de febrero. En la misma plaza, por el mismo burladero y ante muchos aficionados testigos de aquel 8 de diciembre de 1982, cuando el maestro Antonio Chenel, Antoñete, lo tituló matador de toros con los mejores deseos, admiración, fe, cariño, pero sin imaginar que estaba graduando a uno de los toreros más grandes en muchos años.

Rincón, delgado, de 17 años, era apenas un humilde torero con muy buenas condiciones y enormes ambiciones. Uno de los diestros suramericanos con sueños de ser figura. Entre ellos, el de ver si lo ponían en las ferias más importantes de Colombia, cobrando poco, para irse abriendo camino, comprar un par de trajes, un par de muletas y una espada. Y si Dios, la Virgen y San Judas Tadeo, su santo, lo ayudaban, lograr torear en España. Y que algún día lo pusieran en Las Ventas de Madrid y cortar una orejita. Sueños. Porque soñar es barato y Rincón carecía de casi todo. menos de valor, de garra y de potencial para ser figura.

Antoñete, el ya veterano torero del mechón blanco, el de la mejor media verónica, admirado en Bogotá, si viene a despedir a su ahijado dejará desgranar de esos ojos toreros unas lágrimas de nostalgia y de cariño al ver partir a su pupilo, histórico y figurón, de quien dijo: "Es como otro hijo mío". Rincón, ese torero de América que remontó toda ilusión, saldrá en medio de una ovación chispeante y larga, que retumbará por muchos años. Por siempre, porque Césares no nacen todos días. Porque otro humilde muchachito del barrio Fátima en Bogotá, que vio escasez en la mesa familiar, y a base de jugarse la vida como nadie, de valor, de sangre y de toreo puro, se sentó un día a manteles con los reyes de España, con Mario Moreno Cantinflas, que solo había visto en películas cuando conseguía para la boleta... Otro así no vuelve en un siglo.

Sí, otro César, de puerta grande, al que llaman los toreros españoles 'maestro', que llegó a ser el número uno entre miles y batió muchas marcas, no lo disfrutará la fiesta en 100 años. Es muy difícil que un torero colombiano, o aun español, supere la marca que él deja en las arenas de todas las plazas del mundo.

Por eso la pregunta que vuela hoy, como capote al viento, sobre quién será el sucesor de Rincón, no tiene respuesta. Porque la pregunta no tiene sentido. Las figuras del toreo, como las del arte, los Goya y los Picasso, no tienen sucesor. Los trazos son únicos. Como el pulso. Como la personalidad. Ludwig van Beethoven no tuvo sucesor, tuvo émulos. La mano de Schubert, por ejemplo, marca otro ritmo. Cada uno tiene un estilo y un público. En toros, como en la pintura, o en la música, mandan los gustos.

Algunos le cargan un plomo en la chaquetilla a Luis Bolívar como el "sucesor" de Rincón. Un honor que cuesta. Y que pesa 500 kilos. Él lo sabe, y con tanto que lo admira, dice que su lucha es consigo mismo, "por desarrollar mi toreo, vencer mis miedos y hacer mi historia".

"Rincón deja un cráter en el toreo -dijo Manolo Molés, el gran crítico español- y tal vez Bolívar logre llenar un pedazo de ese espacio". Bueno. Será más bien el que tome la bandera del toreo colombiano ante el mundo. Esa sí es su responsabilidad, pero a su manera, en su estilo, a lo Bolívar.

Tiene con qué para llevarla con dignidad, para triunfar en Madrid, tal vez no cuatro veces consecutivas, pero se hablará del torero colombiano que, curiosamente, cuando se va el Rincón que tocó el cielo de la mano de Luis Álvarez, tendrá al mismo viejo zorro como apoderado. Ese mismo ex torero cabeza blanca y sabia al que respetan en España, que consumía tres puros cada tarde entre sus dedos mientras veía al torero bogotano conquistar Las Ventas, Bilbao, Pamplona, Sevilla, se la juega con otra carta colombiana.

Página 1 de 2 12Siguiente »
Publicidad
Enlaces de texo