Por León Valencia, fundación Nuevo Arco Iris.
LA LIBERACIÓN de Clara Rojas y Consuelo González, lo mismo que el anuncio de que saldrán a la libertad Luis Eladio Pérez, Orlando Beltrán y Gloria Polanco, llevan a pensar que las Farc encontraron un camino para liberar con cuentagotas a todos los llamados "canjeables". Una hipótesis optimista que se basa en algunos acontecimientos de los últimos meses y en cierta aceptación tácita del Gobierno y de las Farc de que han fracasado en las estrategias que pusieron en práctica en estos cinco años.
De octubre a hoy se gestó una gran presión internacional y nacional para la liberación de los secuestrados. El presidente Chávez se echó al hombro una controvertida gestión para buscar su regreso a casa, y lo propio están haciendo Sarkozy y Lula, varios congresistas norteamericanos y otros organismos internacionales. Al mismo tiempo fue tejiéndose una gran jornada de la sociedad civil en la que marcharon millones de personas para condenar las acciones de las Farc y exigir una solución pronta para los rehenes.
Por otro lado, las pruebas de supervivencia pusieron de presente el grave deterioro físico y psicológico en el que están la mayoría de los cautivos, y prendieron las alarmas sobre la inminencia de un desenlace trágico para algunos de ellos.
La guerrilla habría ignorado esta acción enorme y la grave enfermedad de sus rehenes si la única alternativa a la mano fuera hacerle concesiones al presidente Uribe y entregarle los secuestrados al Gobierno. Pero en la intervención de la comunidad internacional las Farc encontraron una ventana de oportunidad. La posibilidad de entregar los secuestrados a gobiernos extranjeros y obtener de ellos una interlocución política se les presentó como recurso milagroso para conjurar el peligro de que mueran en sus manos algunos cautivos y atenuar un poco su desprestigio.
Tanto Uribe como las Farc han fracasado en sus estrategias. El Presidente puso el énfasis en el rescate militar y no ha logrado un solo éxito. Las Farc se pusieron en la tarea de conquistar un acuerdo humanitario para recuperar a sus presos y se plantaron en el despeje de un territorio como condición para negociarlo. No pudieron mover a Uribe de su posición de 'no al despeje', a pesar de que lograron la anuencia de los familiares y cierta aceptación de la comunidad internacional.
Estrategias fracasadas
Los resultados de la confrontación de estas dos estrategias son dolorosos: 21 personas asesinadas en cautiverio, dos que lograron escaparse, dos liberadas por decisión unilateral de las Farc y 44 que aún se pudren en la selva.
El error más importante del Presidente fue no haberse preguntado por la naturaleza del enemigo. La primera pregunta que se hace un estratega cuando va a tomar la decisión de rescatar o negociar, es si los captores tienen la determinación de matar a los rehenes y si están en condiciones de hacerlo. Si la respuesta es afirmativa, un gobierno responsable pone en lugar secundario la opción de rescate. Las Farc han demostrado hasta la saciedad que no tienen reato moral o ético a la hora de sacrificar víctimas inermes. Sin embargo, Uribe ha insistido en el rescate bajo distintas denominaciones. La última, el cerco a los campamentos donde están los secuestrados con la ilusión de que, una vez logrado ésto, organismos internacionales puedan entrar y llevarse a los cautivos.
Las Farc, por su parte, escogieron el despeje de un territorio como la piedra de toque del intercambio. Sabían que Uribe se empecinaría en no hacer concesiones en este campo. Su grito de guerra en la campaña de 2001 fue que si ganaba las elecciones, al otro día de su posesión acabaría con la "zona de distensión del Caguán", y en los discursos prometió no ceder un milímetro de territorio a la guerrilla.
En muchas ocasiones las Farc han argumentado razones de seguridad para persistir en el despeje, pero ha sido evidente que la principal motivación es política. Han querido un territorio donde puedan llegar por sus propios medios, en una demostración de fuerza para afirmarse como contraparte del Estado. Han aprovechado el impacto inmenso que causa la toma de rehenes en muchos sectores de opinión internacional, para desatar un pulso sangriento con el Gobierno colombiano. Es claro que su reivindicación esencial es un reconocimiento político en un momento de grave aislamiento.
En el largo forcejeo que han librado Gobierno y guerrilla ha quedado relegado el aspecto humanitario. No ha importado el sufrimiento de las víctimas, ni el clamor de los familiares. Los muertos han ido quedando atrás como un recuerdo vago.
Concesiones e incentivos
Fue la vinculación del presidente Chávez a las labores de mediación y su posterior expulsión lo que cambio la situación. Chávez aprovechó la situación para tomar partido por las reivindicaciones de las Farc y para atacar con virulencia la posición de Uribe. Las Farc, para agraviar Uribe y desagraviar a Chávez, hicieron por fin una concesión y entregaron a Clara Rojas y a Consuelo González al mandatario venezolano y, ahora, anuncian nuevas liberaciones.
La fórmula que se está poniendo en práctica es la siguiente: la guerrilla negocia las liberaciones directamente con Chávez, la Cruz Roja Internacional se encarga de los aspectos humanitarios y el Gobierno colombiano avala y facilita la entrega.
En este escenario, las Farc declinan la libertad de sus presos y la negociación directa con el Gobierno colombiano pero, a cambio, obtienen reconocimiento político externo. Y el Presidente entrega las riendas de la interlocución con la guerrilla a un gobierno extranjero y propicia que las Farc tengan oxígeno en el campo internacional, pero evita el despeje, su punto de honor, y no se ve obligado a liberar presos.
¿Será posible continuar por este camino hasta obtener la liberación de todos los canjeables? O dicho de otro modo: ¿Es posible repetir esta fórmula con el presidente Sarkozy para el caso de Íngrid y otros políticos secuestrados, y con los congresistas norteamericanos para el caso de los tres estadounidenses y los miembros de la Fuerza Pública ?
Es muy posible que, en este momento, para las Farc sea suficiente obtener una promesa de que Francia hará gestiones para que sean excluidas de la lista de organizaciones terroristas a cambio de la libertad de Íngrid y otras personas. También, que el precio de la liberación de los norteamericanos y de los militares y policías sea un diálogo con delegados del Gobierno de Estados Unidos y el compromiso de trabajar por el retorno de Simón Trinidad y de Sonia.
Esta perspectiva suena muy optimista, pero el fracaso de las estrategias del presidente Uribe y de las Farc ha sido tan estruendoso, que uno y otra están obligados a buscar nuevas alternativas: la internacionalización de la liberación de los secuestrados aparece como la única tabla de salvación.
POR LEÓN VALENCIA,
fundación Nuevo Arco Iris.