Febrero 2 de 2008

Los 60 años de condena a 'Simón Trinidad'

Un duro golpe internacional para las Farc y un obstáculo más para un acuerdo humanitario.

RICARDO PALMERA, Simón Trinidad, recibió el lunes pasado en la Corte Distrital de Washington la pena más severa que la Justicia de Estados Unidos le ha impuesto a un extraditado colombiano. El fallo fue el último capítulo de un largo proceso con connotaciones simbólicas y políticas.

Trinidad fue detenido en Quito en enero de 2004, en momentos en que buscaba un contacto con el enviado especial del Secretario General de la ONU, James LeMoyne, para entregarle una propuesta de intercambio humanitario firmada por Raúl Reyes. Su extradición sentó al guerrillero capturado de más alto rango en el banquillo de una corte de un país contra el cual las Farc han enarbolado una de las principales banderas de su radical discurso, el antiimperialismo, y del cual son ciudadanos tres secuestrados que sus compañeros mantienen en cautiverio desde hace cuatro años en la selva: Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves.

Trinidad tiene casos pendientes en Colombia por crímenes tanto o más graves que los que ha enfrentado en Estados Unidos. Su traslado a la Corte de Washington, a pesar de que la Fiscalía colombiana tenía pruebas más duras, se explica por el interés de los dos gobiernos de mantener al guerrillero lejos de las vulnerabilidades que tanto en materia de seguridad como en lo penal, habría tenido su proceso en Colombia.

En los dos juicios que ha enfrentado en Washington -uno por narcotráfico y otro por terrorismo-, los fiscales tuvieron dificultades para condenarlo porque los jurados casi no se ponen de acuerdo. El de narcotráfico todavía está pendiente, y la fecha para su realización está prevista para el próximo 3 de marzo. Pero dada su edad, 57 años, la condena de 60 que acaba de recibir equivale en la práctica a cadena perpetua, lo que hará irrelevantes los resultados de los otros procesos que siguen su curso en Colombia y Estados Unidos.

La pena aplicada por el juez Lamberth también tiene significado: es la máxima permitida por la ley colombiana. Bogotá y Washington no tienen un tratado de extradición, pues el que firmaron en 1980 fue tumbado por la Corte Suprema de Justicia en 1986, pero los gobiernos han hecho arreglos informales para respetar los principios del acuerdo. Y uno de ellos establece que los extraditados a Estados Unidos no pueden recibir condenas mayores a las que establece el Código Penal colombiano.

Más político que jurídico

Tomas Shanon, subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental,  le dijo a CAMBIO: "La sentencia es el resultado de un proceso jurídico dentro del marco de un Estado de Derecho". Si bien esto es cierto desde el punto de vista formal, los argumentos de la Fiscalía y de la defensa y las circunstancias que rodearon el proceso -incluida la formación de un pequeño grupo de militantes llamado Free Ricardo Palmera  que se movilizó por su liberación-, tuvieron tintes políticos.

Cabe recordar que en noviembre pasado, y después de que el primer juicio por este caso -la responsabilidad de Trinidad en el secuestro de los tres estadounidenses-, fue anulado por falta de acuerdo del jurado. Y que en éste, después de una semana de deliberación, el jurado tampoco pudo llegar a una decisión unánime sobre si el guerrillero era culpable o inocente de otros cuatro cargos que le habían formulado.

Finalmente, fue declarado culpable de "integrar la conspiración para secuestrar a tres contratistas norteamericanos del Pentágono". Sólo uno de los cinco cargos del largo dossier, un delito parecido al de "asociación para delinquir" contemplado en la legislación colombiana, que significa que un miembro de un grupo que comete un delito es culpable sin que sea necesario comprobar su participación directa en la ejecución del mismo. Sin embargo, el juez Lambert fue contundente en su declaración: "Simón Trinidad estuvo vinculado a un acto bárbaro y deleznable de terrorismo, que ninguna nación civilizada puede tolerar". Y le impuso una condena que superó todos los pronósticos.

Más allá de los tecnicismos probatrios, las dos partes acudieron a argumentos de tipo político. Durante su intervención el fiscal Ken Kohl, quien lideró el equipo acusador, condenó el secuestro y resaltó su crueldad. Comparó a Trinidad con Osama Bin Laden, dijo que era el momento de "educar a las Farc y de mostrarles que si llegan a ser capturados pueden ser procesados por  la Justicia norteamericana", y recordó que esa guerrilla "ha secuestrado y asesinado a 31 norteamericanos en su historia". Y remató diciendo: "Simón Trinidad es el primer alto miembro del grupo condenado por terrorismo".

Kohl conmovió también al auditorio cuando presentó las más recientes pruebas de supervivencia de los tres norteamericanos secuestrados, la imagen de una Íngrid Betancourt extenuada en su cruel cautiverio, y las historias de las cadenas, las enfermedades y los padecimientos de los colombianos que están en manos de las Farc. También presentó imágenes con manifestaciones de indignación del pueblo colombiano contra este crimen.

Trinidad respondió en el mismo terreno, el político, en una disertación de más de una hora el lunes al terminar el juicio. Se extendió en la historia reciente del país,  se pronunció contra las oligarquías "que se suceden en el poder y se reparten los beneficios", y denunció "la explotación desigual de los innumerables recursos naturales". Fustigó a los últimos tres presidentes -Samper, Pastrana y Uribe-, y criticó la política exterior de Estados Unidos hacia Colombia. "La guerra contra los insurgentes está disfrazada por una lucha contra las drogas -dijo-. Esta es la excusa de Estados Unidos  para enviar asesores, espías, armas e invertir millones a su beneficio".

También aprovechó su cuarto de hora mediático para enviar mensajes políticamente correctos. Condenó "el terrorismo, cualquiera que sea su origen", hizo un llamado para que los tres norteamericanos puedan "regresar sanos y salvos a sus hogares", pidió que avanzar  en el acuerdo humanitario, "el camino más certero para la paz y la reconciliación nacional", y aseguró que con un cambio en la política norteamericana "las Farc y los Estados Unidos podrían trabajar juntos en el combate al narcotráfico".

Repercusiones

El fallo del juez Lambert tendrá consecuencias políticas. Para las Farc significa un duro golpe de imagen. Según el presidente Álvaro Uribe, es un mensaje "para que ningún joven entre a un grupo terrorista". Los argumentos principales para justificar la condena -el carácter terrorista del secuestro y la responsabilidad de Trinidad en el cautiverio de los tres estadounidenses-, podrían alejar aún más el eventual retiro de las Farc de las listas de grupos terroristas, solicitado recientemente por el presidente de Venezuela Hugo Chávez.

De paso, la sentencia se convierte en un precedente para facilitar futuras condenas de guerrilleros que eventualmente sean extraditados. Y corrobora que en estos tiempos, la "Carta T" -que alude a la importancia que adquirió el terrorismo como enemigo después de del 11 de septiembre de 2001- es más peligrosa que el narcotráfico para los extraditados. La mayoría de los narcotraficantes condenados en tribunales estadounidenses han recibido penas inferiores a las de Trinidad.

Por otra parte, falta ver también qué efectos tendrá la condena sobre las de por sí inciertas posibilidades de un intercambio humanitario. La agencia Anncol, que recoge el pensamiento de las Farc, reaccionó con rapidez el martes para reiterar que la liberación de Trinidad, junto con la de Sonia, son requisito previo para soltar a los tres estadounidenses secuestrados. En Estados Unidos, el congresista demócrata James McGovern lamentó la sentencia porque cree que dificultará la liberación de los estadounidenses y dijo que habría sido mejor aplazarla mientras personas cercanas a las Farc, entre ellas Piedad Córdoba, establecen un puente para lograr ese propósito. Desde hacía meses existía la expectativa de que las Farc podrían liberar por lo menos a uno de los secuestrados a cambio de una reducción de la sentencia contra Trinidad.

Las leyes estadounidenses permiten rebajar penas vigentes a cambio de la colaboración de los condenados en otros procesos penales y tal vez por eso el abogado de Trinidad viajó a Venezuela con una carta en la que éste le dice al Secretariado que espera que liberen a los estadounidenses. "Hay que recordar que los gringos antes que justos son pragmáticos y negociantes y que de por medio están los tres norteamericanos ", dice David Zaap quien ha llevado los casos de reconocidos  extraditados a los Estados Unidos.

El periodista Jorge Enrique Botero considera que "la sentencia es un episodio que agrava  el panorama pero que no cierra puertas definitivas, porque la reacción de Trinidad frente a la sentencia permite vislumbrar una solución, que desafía  la dureza de la pena". Por su parte, la senadora Córdoba quien estuvo en la audiencia insistió en que "quedan caminos por explorar para la situación de Trinidad y para que esto no cierre la puerta al acuerdo humanitario".

El fallo contra de Simón Trinidad deja una evidencia: la intransigencia del Gobierno estadounidense en los temas relacionados con el  terrorismo. Plantea una inquietud: la independencia con que se llevan a cabo los juicios de casos tan simbólicos como este. Y abre un interrogante: la repercusión que tendrá sobre las posibilidades de un acuerdo humanitario.

Finalmente, reitera que los cálculos sobre acuerdos con las Farc o eventuales alternativas para una negociación, tienen que tener en cuenta que las condiciones judiciales ya no se determinan dentro de las fronteras nacionales.

31 NORTEAMERICANOS han sido secuestrados y asesinados por las Farc, según el fiscal del caso Trinidad, Ken Kohl, quien lideró el equipo acusador.

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