LA CASA DE MARÍA GÓMEZ, una humilde trabajadora caleña, ya tiene dos muros: uno en cemento y otro en ladrillo. Su idea es construir dos habitaciones antes de terminar este año y levantar el baño a mediados de 2009. "Nos cansamos de rogar para que nos dieran un subsidio que nunca llegó -dice-. Así que nos propusimos con mis hijos hacer nuestra casa y aquí estamos".
Los Gómez forman parte de las 2.600 familias que en el país están cumpliendo el sueño de tener casa propia a través del programa Patrimonio Hoy, una iniciativa que lidera Cemex y que busca que personas de escasos recursos construyan paso a paso su vivienda o la mejoren.
Pero lo llamativo de esta iniciativa no es el apoyo que ofrece para que los más necesitados tengan techo, sino la forma como logra hacer realidad ese sueño. El programa parte del concepto de que para conseguir esa meta se requiere de disciplina, confianza y ahorro.
Para empezar, cada familia debe escribir cómo se imagina la casa que quiere construir. Después vienen el planeamiento de la obra y los compromisos que adquiere la familia para materializar su sueño. En este sentido, cada unidad familiar debe ahorrar 30.000 pesos semanales como mínimo durante 70 semanas, tiempo promedio calculado para construir una habitación de 3 x 3 metros. Si los pactos de ahorro se cumplen, el ciclo puede ser renovado por otras 70 semanas más y así hasta terminar toda la vivienda, en cerca de ocho años.
Lo bueno es que por cada peso ahorrado, Cemex pone otro peso en forma de microcrédito en especie para comprar los materiales de construcción. Así arranca en firme la obra. "Desde la quinta semana se ven los beneficios -explica Óscar Perea, gerente de Patrimonio Hoy-. Para esa época los afiliados tienen 150.000 pesos ahorrados, pero con nuestra ayuda reciben en total 300.000 pesos para adquirir los materiales necesarios".
El esquema les otorga otra ventaja a las familias: pese a las variaciones del mercado, los materiales de construcción que se requieran para la nueva casa no varían de precio por dos años y son comprados a los ferreteros de la zona. Además, ingenieros y arquitectos asesoran a las familias beneficiadas.
La iniciativa también tiene otro aspecto social y es que de los 30.000 pesos de ahorro semanal, 170 pesos son destinados a la construcción o el mejoramiento de escuelas de la zona donde se construye la vivienda. "Lo que estamos generando es sentido de pertenencia en el barrio donde opera el programa -puntualiza Perea-. No hay que olvidar que la idea es que todos sumemos y beneficiemos a más personas con las obras".
Para los promotores de este ambicioso proyecto comunitario que nació en México y ya está en cinco países, lo más difícil ha sido cambiar las costumbres de la gente que, según Perea, "prefiere comprar un moderno equipo de sonido a unas buenas tejas". Con todo, en la actualidad 2.600 familias pobres están construyendo su casa propia y 2.500 más empezarán a hacerlo este año.