LA POLÉMICA por las declaraciones de Hugo Chávez pidiendo estatus de beligerancia para las Farc, dejó por momentos en un segundo plano el drama que viven miles de secuestrados en poder de los distintos grupos armados. Pero las pruebas de supervivencia que trajo la recién liberada Consuelo González de Perdomo de ocho de sus ex compañeros de cautiverio revivieron la tragedia que significa ese crimen de lesa humanidad. La alegría de ver libres a Consuelo y a Clara Rojas contrastó con los padecimientos de quienes siguen cautivos.
Secuestrados enfermos, encadenados, sin posibilidad de leer y pocas oportunidades de escribir, obligados a caminar pese a su debilidad física y mental; rehenes cansados de comer lo mismo todos los días, resignados a su suerte en medio de la selva y temerosos de ser víctimas del fuego cruzado en una operación de rescate, son quienes escriben las desgarradoras cartas.
El coronel Luis Herlindo Mendieta Ovalle, en poder de las Farc desde el 1º de noviembre de 1998, le narra a su familia que lo picó "el pito", le salieron siete llagas y le quedaron cicatrices. Por eso le aplicaron 38 inyecciones de Glucantil. Pero relata que tan solo es una de las enfermedades que ha padecido, porque desde hace un año y medio tiene un fuerte dolor en el pecho. "Al lado, no sé, en el corazón, es una picada, que en días duele, otros días menos". Otro quebranto lo tiene más compungido: "no es el dolor físico el que me detiene, ni las cadenas en mi cuello lo que me atormenta, sino la agonía mental, la maldad del malo y la indiferencia del bueno".
Teresa, su esposa, y Jenny, su hija, pese a conocer las deplorables condiciones en las que está el oficial, dijeron estar tranquilas de saber que al menos está vivo y se solidarizaron con miles de familias de otros secuestrados de los que se desconoce su suerte, pues ni siquiera tienen en sus manos una prueba de supervivencia. "Es un dolor tan profundo y una agonía permanente que no se nos quita con nada. Pero tenemos que ser fuertes para esperarlo y no desfallecer en la búsqueda de su libertad", dice Jenny, después de leer lo que dice su papá.
La ex congresista trajo, además, cartas y fotografías del ex gobernador de Meta, Alan Jara; los ex congresistas Gloria Polanco, Orlando Beltrán, Jorge Eduardo Géchem; el mayor y el capitán de la Policía Enrique Murillo y Guillermo Solórzano, y el sargento del Ejército Harbey Delgado Argote. En todas, los rehenes se quejan de la falta de condiciones para leer, caminar y hasta para respirar. En otras palabras: de la violación de todos sus derechos.
Tal es la desesperación de Géchem que dice estar dispuesto a ir a una cárcel en Cuba, como prisionero político, si eso sirve para que le den un tratamiento de salud adecuado. Aunque considera que lo ideal sería solicitarle a los presidentes Chávez y Sarkozy, a la senadora Piedad Córdoba, a Álvaro Leyva, y a monseñor Luis Augusto Castro, que hablen urgentemente con el presidente Uribe y el secretariado de las Farc, "para en mi caso hacer un acuerdo humanitario por salud, para que pueda ser entregado a cambio de guerrilleros enfermos presos".
Dice Géchem a su esposa Lucy: "Mi tema de salud tengo que plantearlo con mucha objetividad. Los problemas cardíacos, cinco fuertes ataques y dos leves me han llevado a momentos críticos (...) La úlcera acentuada en varias ocasiones sangrando".
En Manizales, Martha Arango, esposa de Óscar Lizcano, de 62 años, el político de más edad en poder de las Farc y quien también hace parte del grupo de los llamados "canjeables", lamenta no tener pruebas de supervivencia. La última carta de Óscar la recibió en diciembre de 2004 en la que le decía que su cuerpo era "una sola llaga". Por eso los relatos de Mendieta y Géchem le produjeron, en esta oportunidad, mucha desazón, aunque no aniquilaron su fe. "Me preocupa que se les violan sus derechos humanos de forma descarada. La salud de todos se está debilitando mucho y me temo que, si esto se prolonga, lo que vamos a recibir son cadáveres...Es claro que están muy cansados, como dice Íngrid".
Óscar Lizcano fue plagiado el 5 de agosto de 2000 y se encuentra en poder del bloque José María Córdova de las Farc, el mismo que ordenó el asesinato del ex gobernador de Antioquia, Guillermo Gaviria; el ex ministro Gilberto Echeverry y de ocho militares el 5 de mayo de 2002.
Sin pruebas
Mientras las ocho familias del grupo de "canjeables" recibieron con alivio las pruebas de vida que trajo Consuelo González, otros hogares de secuestrados del país, que no hacen parte del grupo de políticos y miembros de la Fuerza Pública para el intercambio humanitario, se resisten al olvido al que injustamente son sometidos por la sociedad. "Víctimas del secuestro de las Farc somos 776 familias y no sólo 44", reclamó una de ellas.
Según la Fundación País Libre, en Colombia hay en la actualidad 3.203 personas secuestradas por las Farc, el Eln, los paramilitares, delincuentes comunes y grupos sin identificar. De ellos poco se habla y su tragedia no ocupa titulares en los medios de comunicación. "Es un drama que toca por igual a ricos y pobres y no discrimina sexo ni edad", sostiene Dary Nieto, psicóloga de País Libre.
Uno de los casos más dolorosos lo vive una familia desde el exilio. Se trata de los Vanegas Mclaughlin quienes huyeron del país en 2004 luego de que las Farc asesinara a la menor Daniela Vanegas, de 14 años, quien había sido secuestrada el 6 de octubre de 2003. Uno de ellos le narró a CAMBIO que tuvieron que observar desde lejos cómo Clara Rojas abrazó a su hijo Emmanuel, mientras ellos rezan a diario por su niña asesinada. Recuerda que pese a haber enterrado a la menor en septiembre de 2004, la guerrilla siguió cobrándoles 5.000 millones de pesos por su "rescate" y por eso tan pronto pasaron las exequias huyeron con lo primero que tenían. "A la pérdida de Daniela se sumó una cadena de amenazas que terminaron sacándonos del país".
A Daniela la plagiaron saliendo de un colegio en Bogotá unos delincuentes comunes que posteriormente la vendieron al frente 53 de las Farc, que empezó a negociar el rescate. "Un año después del secuestro, una llamada nos alertó de que el cadáver estaba en la morgue. Cuando fuimos a verificar la información descubrimos que un cuerpo de una N.N. al que habían registrado como de 25 años resultó ser nuestra Daniela".
Los Vanegas siguen padeciendo, en el exilio, el miedo a ser víctimas de represalias de las Farc. Pero no son los únicos. En los últimos 10 años, según la Fundación País Libre, han sido secuestrados en el país 393 menores, de los cuales 18 murieron en cautiverio, 58 permanecen cautivos, 116 fueron rescatados, 179 fueron liberados por sus captores y siete lograron fugarse.
Larga espera
A Orlando Alberto Toledo Lugo se lo llevaron las Farc el 26 de julio de 2005 de la vereda El Lorito, en Convención, Norte de Santander. Es ingeniero forestal y cuando lo plagiaron trabajaba con el consorcio CEI-SMA. Hoy su familia añora, al menos, una prueba de supervivencia. "Lo último que conocimos fue un comunicado público de las Farc, del 5 de septiembre de 2005, en el que aseguraban que se 'les voló' de la vereda El Martillo, en esa zona -relata Carmen Mirke, su esposa-. Pero si fuera cierto estaría acá con nosotros".
Carmen, así como Angélica, Silvana y David, los hijos, hablaron con Orlando un día antes del secuestro. Desde entonces la angustia por la ausencia del padre, así como su olor, permanece en la casa. "Cuando se pierde el olor, creo que deja de existir una persona, pero a Orlando lo tenemos muy presente... Estoy convencida de que en cualquier momento sonará el teléfono", dice Carmen.
Angélica, la mayor de los hijos, dice que pese al secuestro tiene que seguir viviendo para que cuando regrese su padre se sienta orgulloso. "Así como mandaron las pruebas de supervivencia a esas ocho familias, nosotros también esperamos un gesto de humanidad ya que somos personas humildes -pide Angélica-. Al resto del país le pedimos apoyo porque nos sentimos muy solos".
Carmen, en Bogotá, hablaba hasta 10 veces al día con su esposo en Convención. "No saber de él es incertidumbre, soledad, es no tener al hombre de la casa para formar una familia, es pobreza. Todos hablan que los políticos, que los militares y ¿nosotros qué?".
Pero hay otros casos de secuestrados olvidados. El 17 de octubre de 1997 las Farc plagiaron a Ruth Beatriz Castañeda en el municipio de Girardota, Antioquia. Desde entonces su familia aguarda por el regreso a casa. Su madre Dolly no sabe dónde está y su ausencia se ha convertido en una pesada cruz difícil de cargar. "Sigo rogando al Todo Poderoso y a la Virgencita que ablande el corazón de esos señores de las Farc para que la dejen libre y pueda regresar con su madre que tanto la quiere", reza a pesar de que Ruth hace parte de los llamados secuestrados desaparecidos, es decir, aquellas personas de las que nunca ha habido pruebas de supervivencia.
Dolly es una de las fundadoras del movimiento Madres de la Candelaria y todos los miércoles sale al parque Berrío, en Medellín, con una pancarta con la imagen de su hija a pedir que la liberen. Ella es otra de las víctimas de esa enorme lista de familiares de secuestrados "olvidados", de quienes poco se habla y hoy sólo esperan un gesto de humanidad que permita que vuelvan los suyos a casa.
EL RELATO DE LUIS MENDIETA
"(...) Como es lógico por mi enfermedad, me quitaron la cadena con candado del cuello, pero resulta que mis cosas personales ellos tenían que transportarlas y un día para otro desaparecieron. Es decir, quedé sin nada, únicamente con lo que llevaba puesto. Afortunadamente, al comienzo del viacrucis, Delgado se ofreció a colaborar con cargas de paqueticos donde guardaba las fotos, a ellos gracias esto se salvó".