Testimonios cuestionables siembran dudas en el proceso contra el ex congresista Luis Gómez Gallo

'El Socio' ha sido el dolor de cabeza para el senador Gómez Gallo. Foto: Federico Puyo / Cambio

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SI EL TESTIGO José Wilton Bedoya Rayo le ha dicho la verdad a la Corte Suprema, una de las supuestas reuniones del senador y ex presidente del Congreso Luis Humberto Gómez Gallo con el narcotraficante Eduardo Restrepo Victoria, El socio, se habría dado una tarde de comienzos de 2001 en la cafetería La Florida, en el centro de Ibagué.

Según Bedoya, Restrepo y tres hombres de confianza llegaron primero y ocuparon una mesa del establecimiento, mientras Cesar Augusto Mora, Tyson, miembro del Bloque Tolima de las Auc, permaneció afuera para esperar al congresista. Cuando éste llegó, lo sometió a una requisa y luego lo condujo hasta la mesa del capo.

Según la versión de Bedoya, el encuentro ocurrió a plena luz del día pero hasta ahora nadie ha dado cuenta del mismo, a pesar de que uno de los protagonistas, Gómez Gallo, es uno de los dirigentes políticos más reconocidos del Tolima, y de que El socio era uno de los extraditables más perseguidos por la Policía y la DEA. Difícil imaginar que una reunión así se hubiera hecho en uno de los lugares más concurridos de la tradicional calle 3a de la capital tolimense.

Bedoya Rayo, ex paramilitar hoy detenido, fue el mismo que aseguró ante la Corte que también en 2001, en fecha no determinada, Gómez Gallo se encontró en el hotel Tocarema de Giradot con Elías, un emisario del Bloque Tolima, para entregarle 300 millones de pesos a cambio de que asesinara al dirigente político Pompilio Avendaño. Según Bedoya, el congresista llevaba el dinero en una caja de más de un metro de alto por 60 centímetros de ancho, en la que ocultaba 6.000 billetes de 50.000 pesos cada uno. El propio Avendaño se presentó ante la Justicia para probar no sólo que no había sido asesinado, sino para asegurar que nunca tuvo conflictos políticos o personales con el senador Gómez Gallo.

Otra curiosidad es que el testigo, que dijo haber presenciado la reunión a prudente distancia, no supo describir físicamente al parlamentario y cayó en contradicciones similares a que incurrió otro declarante que, al narrar otro presunto encuentro en una finca del Tolima, aseguró que el legislador llevaba vestido de paño y corbata.

La versión de Bedoya es una de las dos pruebas con base en las cuales la Corte envió a La Picota a Gómez Gallo. La otra es la declaración de Robinson Javier Guilombo Arroyo, uno de los escoltas de El Socio, quien dijo haber presenciado cómo su patrón le entregó 300 millones de pesos al senador quien, según él, figuraba en la nómina del mafioso.

En 2004, durante más de seis meses, Guilombo fue una de las principales fuentes de información para un equipo especializado de Policía Judicial que armó un sólido dossier con los bienes, contactos y crímenes de El Socio. Según lo han reconocido las autoridades, en ese lapso Guilombo dio información clave para desvertebrar la organización del narcotraficante pero no mencionó al senador Gómez Gallo. Sin embargo, a finales del año pasado, mencionó supuestas relaciones del congresista con el mafioso cuando la Corte buscó su testimonio.

Prueba ácida

Bedoya, valorado hasta ahora por la Corte como el testigo más importante del caso, fue sometido a un contrainterrogatorio por abogados de la defensa y según consta en las grabaciones de la diligencia conocidas por CAMBIO, cogido en varias contradicciones, advirtió que dejaría de colaborar con la Justicia. Aseguró, con evidente disgusto, que un grupo de investigadores de apoyo de la Fiscalía y un magistrado auxiliar de la Corte lo buscaron para pedirle que declara contra Gómez Gallo a cambio de beneficios judiciales, pero que no le cumplieron sus promesas y por eso todavía sigue preso.

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