Las Farc siembran minas antipersona en los Llanos Orientales

En 2007, 41 niños resultaron heridos por las minas antipersona, mientras que ocho murieron. Foto: Javier Agudelo / Cambio

EN LA PRIMERA SEMANA de 2008, cinco colombianos han sido víctimas de las minas antipersona, entre ellas los esposos Pedro Ismael Bastidas y Luz Erlinda Hernández, que pisaron una el pasado sábado 5 de enero cuando salían a pasear su perro en su finca de Samaniego, Nariño. La mascota murió y los esposos sobrevivieron pero tienen severas lesiones en la piel, ojos y oídos. En Atlántico, Antioquia y Caldas, otras tres personas cayeron en las trampas explosivas que sembró la guerrilla.

Las Farc, lo mismo que el Eln, sembraron de minas antipersona el departamento de Nariño y hoy han convertido los Llanos Orientales en la nueva zona para plantar estos explosivos. La estrategia comenzó cuando el Gobierno de Andrés Pastrana dio por terminada la zona de distensión en 2002 y por cuenta de esta macabra iniciativa han muerto, sólo en Meta,  53 campesinos y 191 más han resultado heridos.

La situación se ha agravado aún más ahora, porque las Farc ordenaron la siembra masiva de las llamadas "quiebrapatas" en Caquetá, Putumayo, Vichada, Guaviare y Vaupés, como mecanismo para combatir a las Fuerzas Armadas, pero como siempre los campesinos son las principales víctimas. "Colombia terminó 2007 con 874 víctimas de las minas (179 muertos), por encima de Afganistán y Camboya -asegura Álvaro Jiménez Millán, coordinador de la Campaña Colombiana contra las minas-. Las Farc siembran más minas en nuevas regiones, y la dinámica no parece alentadora".

Según Jimenez, la situación empeora en los Llanos Orientales porque el conflicto se ha trasladado a esas regiones: "Allí podría ocurrir algo parecido a lo que se vive hoy en Nariño, donde hay poblaciones desplazadas, otras encerradas y decenas de víctimas por cuenta de las minas que han sembrado las Farc y el Eln".

En 2007, 33 civiles y 154 militares perdieron la vida como consecuencia de haber pisado esos artefactos explosivos, y 148 civiles y 539 militares sufrieron heridas y amputaciones, según el último informe del Programa Presidencial para la Acción Integral contra Minas Antipersona. "Meta y Caquetá fueron seriamente afectadas en 2002 y 2003 y habría que hacer un análisis juicioso sobre lo que está ocurriendo hoy en los Llanos Orientales", dice Andrés Dávila, director del programa.

A juicio de Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia, minar los Llanos Orientales hace parte de una estrategia defensiva de las Farc en una zona en la que aumentaron los operativos militares. "Es una forma barata de neutralizar el avance de las tropas del Ejército y una manera muy efectiva para hacer corredores, proteger campamentos y sitios estratégicos -indica el analista-. En su plan de repliegue, las Farc incrementaron inusitadamente el uso de las minas".

Sembrar minas les permite avanzar en la región sin exponer a sus tropas, lo que constituye una grave infracción del Derecho Internacional Humanitario (DIH). Según la Campaña Colombiana contra las Minas, los artefactos que usa la guerrilla son rudimentarios, tienen distintos volúmenes de carga explosiva e incluso tienen capacidad para destruir carros blindados.

El mapa de las minas es extenso. Sólo un departamento no tiene sembrados estos artefactos: San Andrés y Providencia. En los Llanos Orientales apenas están haciendo un diagnóstico para determinar las zonas donde la población corre mayores riesgos.

Según el  Gobierno, entre 1990 y 2007, 6.666 personas fueron víctimas de estos explosivos. De ellas 4.374 son militares y el resto campesinos, amas de casa y niños. De las 6.666 víctimas de minas, sobrevivieron 5.129 pero la mayoría perdió una de sus extremidades. Es el caso del teniente del Ejército Wílmer Siza, de 28 años, quien perdió el ojo izquierdo, una pierna y sufrió heridas en los brazos al pisar uno de estos artefactos en San Francisco, Antioquia, el 18 de diciembre de 2005. Un caso entre las miles de personas que han visto limitadas sus capacidades por cuenta de la barbarie de la guerrilla. 

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