LOS PERIODISTAS de TV habrán de recordar la primera semana de 2008 como una privilegiada oportunidad en que la noticia se volvió melodrama, situación ideal para la televisión que todo lo vuelve espectáculo. La historia de Emmanuel no necesitaba añadidos, era espectáculo de comienzo a fin.
Expectativas de los televidentes
El hecho se iba a desarrollar en tres escenarios distintos, por tanto se esperaba ver el desarrollo de la historia en Caracas, Guasdualito y Villavicencio. Y la televisión respondió. No descartó el cuarto escenario: el lugar mismo del rescate que era, para los televidentes acostumbrados al espectáculo y al drama, el escenario de la mayor importancia.
Y dentro de esos escenarios, el personaje central: los secuestrados, tanto los que iban a ser liberados como los que quedarían todavía en su cárcel verde. Pero ¿cómo presentar estos personajes centrales, sin sus imágenes, en un medio de comunicación que es, ante todo, imagen? El hecho es que frente a este personaje, todos los demás eran simples comparsas: el presidente Chávez, sus funcionarios, los representantes de los gobiernos garantes, la Cruz Roja, los propios periodistas. Los familiares de los secuestrados podían ofrecer un acercamiento al hecho y al personaje central, por eso su importancia informativa porque a partir de la rueda de prensa del presidente Chávez, el tema dominante en la agenda comenzó a ser el secuestro. Esta circunstancia imponía una información amplia: antecedentes, motivos, número de víctimas, condición de los secuestrados. Para una sociedad corrompida por el "acostumbramiento" a esta atrocidad, era necesaria una mirada que la enfrentara con el horror, y la sacudiera. Los liberados eran solo la punta del iceberg que debía mostrarse.
La Operación Transparencia tenía unos antecedentes que debían ser informados, se producía en un contexto que se necesitaba ver con claridad y tenía unas consecuencias previsibles que la teleaudiencia tenía derecho a conocer, y que la introducía en una visión inteligente de la historia.
Había que informar sobre otros aspectos: el impacto de la llegada de aeronaves extranjeras sobre la soberanía; las prioridades que imponía una suspensión de operaciones militares en la zona, las razones y repercusiones de la respuesta del Gobierno a la propuesta de Chávez. Urgía explicar los motivos de la movilización de recursos de salud para recibir a tres personas; tenían interés humano los preparativos de las familias para recibir a sus secuestrados y las expectativas de las familias de otros secuestrados.
En suma, el televidente que seguía esta historia sentía que tenía derecho a saberlo todo, y los responsables de los noticieros debían saber que su deber de informar es mucho más que responder a la curiosidad de la teleaudiencia.
¿Qué apareció en las pantallas?
¿ Una televisión que tenía una tarea difícil a pesar de los ribetes melodramáticos de la historia. Reseñar catástrofes, matanzas, tomas de poblaciones, atentados, es más fácil que mantener durante días la historia de un rescate.
¿ Un despliegue técnico que permitió estar en todos los escenarios, ver lo que allí pasaba, oír a unos y a otros, contagiarse del creciente desencanto que invadía a personajes y escenarios. Fue un primer acierto.
¿ Periódicamente aparecieron los expertos que en lenguaje claro y con tono sosegado explicaron los hechos. Fue otro acierto.
¿ Unos escenarios ocupados por las comparsas mientras el personaje principal pasaba a un segundo plano o hacía presencia en repetidas y estereotipadas imágenes. En los medios -no solo en la televisión- predomina la persuasión de que los hechos se vuelven noticia cuando se miran con los ojos de los funcionarios. En consecuencia, la información tiene todos los sesgos y limitaciones de lo oficial.
¿ Una errática política informativa en que los reporteros hacían su trabajo sin más objetivo que el de responder a un jefe que esperaba "exclusivas," y "darle duro a la competencia.". Por eso se vieron esas estampidas de micrófonos y cámaras detrás de alguien importante con la idea de ponerle el micrófono delante. ¿Para que diga qué? Cualquier cosa, con tal de justificar la notificación: "Tenemos el testimonio de..." No se trataba de informar sino de hacer presencia "exclusiva".
¿ Unos reporteros que improvisaron sobre el terreno, que iban adonde los llevara el rebaño; que husmeaban en busca de algo propio, pero sin un propósito informativo; por eso a la hora del noticiero el televidente encontraba las mismas imágenes, idénticas narraciones, iguales entrevistados, todo repetido en las distintas emisiones, como si el tiempo y los hechos se hubieran congelado.
¿Qué hace falta?
En los aciertos que tuvieron periodistas y noticieros, que los hubo, operaron de una forma u otra prácticas como éstas que se están dando en los mejores noticieros:
1. La autocrítica, que es característica de los buenos medios. Raymundo Roberts de La Nación, de Buenos Aires, lo señaló en un foro reciente en Bogotá, como característica de un buen periódico: "Sabe reconocer sus errores.." Percibirlos y aceptarlos es un primer paso para no repetirlos.
2. Una política editorial. Reporteros, camarógrafos, editores, todos deben saber algo más preciso que la vaga consigna: "Traigan una historia exclusiva." En este caso hubiera orientado la idea de meterle entre ojos a los espectadores el dolor del secuestro, o el poder movilizador de la esperanza de los familiares. Porque el periodista no solo es un espejo plano, es un espejo inteligente, que informa para algo.
3. Esa política editorial, asumida y ejecutada por un equipo. El mejor periodismo de hoy se hace en equipo y el reportero se siente respaldado, orientado y acompañado por un equipo, no es un aventurero solitario.
4. Técnica para redactar con imágenes, que es tan exigente como reconstruir un hecho con palabras. Suponiendo que sea cierto el lugar común de que la imagen que vale más que mil palabras, equivocarse de imagen es incurrir en más de mil errores.
5. Investigar sobre el tema. El reto de mantener en primer plano un protagonista ausente, suponía investigar qué sienten, cómo viven, cómo esperan, cómo sufren los secuestrados, para registrar las reacciones que debieron darse durante estos días. Paralela a esa investigación, se impone la de descubrir imágenes que liberen al televidente de las cacofónicas secuencias repetidas de modo inclemente.
6. Independencia política y económica de los noticieros para que no se vean obligados a seguir una línea política o a convertir su información en mercancía.
La distancia entre las expectativas de los televidentes y lo que encontraron en las pantallas en este comienzo de 2008, revela la magnitud de los cambios que necesita la televisión para convertirse en una buena fuente de información. Es probable que los televidentes creyeran que estaban viendo cuanto necesitaban para satisfacer su curiosidad, pero la verdad es que los noticieros deben hacer pensar y entender, y pueden dar más, mucho más.
POR JAVIER DARÍO RESTREPO,
periodista y analista.