Por Carlos Eduardo Jaramillo
CUANDO SUCEDEN tantas cosas importantes en un lapso corto, lo primero que se pierde es el horizonte y la lógica de los hechos, como acontece hoy con la entrega de secuestrados y el canje. Y la situación se hace crítica cuando una de las partes comete errores impensables, tal como sucedió con las Farc. ¿A quién iba a cruzársele por la mente que las Farc, que calculan sus pasos como nadie, escogerían voluntariamente entre sus secuestrados a alguien que no tenían en su poder?
Claro, después de contada la historia sabemos que quien debía tener a Emmanuel no sólo no lo tenía, sino que engañó a sus compinches. También sabemos que la tan pregonada eficiencia de la inteligencia colombiana para descubrir el paradero del niño es un simple raponazo a la verdad, pues fueron la presión de las Farc y el miedo a sus amenazas las razones que llevaron a José Gómez, el custodio original del niño, a pedir protección a las autoridades y a contar la historia. Tres días antes de que el presidente Uribe develara parte de la historia, a excepción de José Gómez, nadie en el país sabía del paradero de Emmanuel, aunque sí el de Juan David Gómez, quien a la postre resultaría ser la misma persona.
En ningún momento de su ya larga historia, las Farc habían logrado montar un tinglado más espectacular que el preparado con Chávez, la Cruz Roja Internacional, Francia, Ecuador, Suiza, Cuba, Brasil y el ex presidente Kirchner. Siete días llevaba el mundo pendiente de la entrega de Clara Rojas, de su hijo Emmanuel y de Consuelo González de Perdomo. La noticia eran las Farc, Chávez y los garantes internacionales, mientras Colombia era convertida en lugar de paso para la operación y el Gobierno, como invitado de piedra, intentaba hacer menos evidente su disgusto.
Desde el momento en que el periodista Jorge Enrique Botero hizo público al nacimiento de Emmanuel, éste tomó una importancia inusitada dentro del grupo de canjeables. De lejos, en términos políticos y humanitarios, fue el punto focal de la atención nacional e internacional cuando las Farc anunciaron su liberación junto a su madre y a la ex congresista González de Perdomo. Es imposible que las Farc no hubieran calculado su importancia en el canje y que hayan dejado avanzar las cosas al punto al que llegaron, sin la absoluta certeza de tener al más importante personaje del grupo: Emmanuel.
Esto indica que hoy las Farc están lejos de tener el manejo y la cohesión de todos sus frentes como en tiempos de Jacobo Arenas, quien con su llamado "teléfono azul" encadenaba semanalmente todos los frentes e intercambiaba noticias, solucionaba problemas, daba instrucciones e interpretaba el acontecer del país.
La interceptación y detección electrónica, y los sofisticados sistemas de ataque que hoy tienen las Fuerzas Armadas han quebrado su sistema de comunicación y desarticulado su cohesión operativa y de mando. Regresar a los estafetas de sus primeros años de lucha está cobrándoles a las Farc un alto precio. Volver a los sistemas de comunicación utilizados cuando operaba en reducidos puntos de la geografía y tratar de aplicarlos con eficacia en la media Colombia más inhóspita, en medio de una moderna ofensiva militar que ha durado más que todas las anteriores sumadas, tendrá para las Farc costos hasta hace pocos meses impensados.
Pérdidas y reacomodo
La realidad es que con el fracaso de la llamada Operación Emmanuel terminaron perdiendo todos los implicados, aunque en proporciones diferentes. La mayor pérdida es para las Farc, seguidas de cerca por Chávez y Piedad Córdoba. Inclusive Uribe, que habría podido ser un ganador neto cobrando con prudencia y altura, se dejó llevar por su talante revanchista y terminó haciendo del caso un espectáculo circense, ofensivo para la sensibilidad de actores y espectadores. Error que ahondó luego, cuando el canciller Araujo anunció que el Gobierno no autorizaría más misiones internacionales, declaración que el asombro internacional obligó al Gobierno a rectificarla.
Todos los hechos confirman que en esta crisis ninguno de los actores actúa por principios humanitarios. Acaballados en los secuestrados, todos están buscando réditos políticos: Uribe, mirando hacia un tercer periodo, cimentando la seguridad democrática y cobrando el espectáculo que le montaron en su propia tierra; Chávez, buscando ser el más grande de América para eternizarse en el poder; Sarkozy, tratando no sólo de cumplir su promesa de campaña de hacer todo lo posible para liberar a Íngrid, sino de reafirmar su imagen de humanista internacional continuando en Colombia lo que había hecho con las enfermeras en Libia y con los españoles y franceses en Darfur en el caso del "Arca de Zoe"; las Farc, dejar de compartir escaño con Ben Laden para pasar a tener la batuta de un gran espectáculo internacional que seguramente terminaría dándoles réditos políticos impensados, y el Presidente Bush, cuya popularidad sigue declinando, lograr la liberación de los tres norteamericanos sin que aparentemente tuviera que ceder nada, en medio de una decisiva campaña presidencial.
Pero este primer acto fallido de un prolongado proceso de canje implica un reacomodo de los actores. Entre los promotores y testigos dominará la prudencia y la constatación de la verdad antes de dar paso al alborozo. Las Farc tendrán que replantear su estrategia después de apretar clavijas internas ¿entiéndase fusilamientos y juicios. Pagará caro César, comandante del frente 1º, a cuyo cargo estaba Emmanuel, y de paso el Mono Jojoy, comandante del Bloque Oriental. Deberán entregar a Clara Rojas y a Consuelo de Perdomo, y contentarse con un poco espectacular proceso de liberación.
Seguramente darán unas coordenadas seguidas de un proceso de extracción rápida hacia Venezuela, donde se hará gran ruido pero con sordina porque Emmanuel estará en Bogotá y su madre querrá abandonar Caracas para verlo de inmediato. Si el niño ya ha sido entregado a su familia, es factible que las Farc exijan que esté en Caracas para recibir a su madre. De darse tal evento, no me atrevo a apostar quien ganaría este pulso: si Chávez pidiendo que el niño esté con su abuela esperando a su madre en Caracas, o Uribe tratando de que permanezca en Colombia para que la fiesta del mandatario venezolano no se convierta en carnaval. Una entrega clandestina no es descartable, pero su alto costo para el país en donde se haga la hace poco probable.
Internacionalmente, el error de las Farc las deja con muchas deudas pendientes. Ya no es sólo a Chávez a quien deben desagraviar. También a Sarkozy y a Kirchner, y a los demás testigos internacionales. Y esto hace previsible que a Clara y Consuelo las siga Íngrid, sin que medie negociación alguna diferente a la de la forma de entrega. No sería extraño que a ella le sumaran unos pocos secuestrados, posiblemente aquellos en el peor estado de salud.
La liberación de Íngrid seguramente abrirá la puerta para hablar de los tres norteamericanos y es posible que se logre algún acuerdo en Caracas para su liberación, pero cerrará la de otras liberaciones sin contrapartida o negociación. De este acuerdo dependerá la suerte de Sonia y de Simón Trinidad. El destino del resto de los secuestrados dependerá de los avatares del canje, que seguirá sometido a las exigencias de Pradera y Florida.
POR CARLOS EDUARDO JARAMILLO,
politólogo y ex consejero de Paz.