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Hasta aquí, los factores internos darían suficientes elementos para mostrar cuán traumática puede llegar a ser la transición hacia la era post-Uribe. Sin embargo, hay otros factores que concurren desde el exterior, en estrecha relación con problemas nacionales, para anticipar dos frentes adicionales de conflagración política que van a afectar todavía más las condiciones de gobernabilidad en 2008.
Por una parte, están las presiones políticas que la comunidad internacional ha comenzado a ejercer sobre el Gobierno para que llegue a un acuerdo con las Farc en la creación de las condiciones políticas y de seguridad para la liberación de los secuestrados. Se trata, sin duda, de un frente que será cada vez más crítico para el presidente Uribe en la medida en que le reduce márgenes de maniobra para actuar en el proceso de negociación. Y ya no sólo se trata de presiones que simplemente busquen forzar el inicio de las negociaciones. En las nuevas condiciones creadas por los anuncios de liberación unilateral de secuestrados por parte de la guerrilla, las convocatorias o invitaciones que se cruzan distintos jefes de Estado para que intervengan como garantes de la liberación o intermediarios de los guerrilleros, están comenzando a mostrar que el problema se salió de las manos del Gobierno colombiano.
Como si esas presiones no fueran suficientes, aparecen por otra parte las de los empresarios colombianos con inversiones en Venezuela para que el presidente Uribe redefina los términos de su confrontación con Chávez y abra de una vez por todas las puertas al diálogo de manera que no se afecten las relaciones comerciales. Dirán que, al fin y al cabo, en año y medio se va y que son más de 2.500 productos colombianos que se venden en Venezuela y más de 4.000 millones de dólares que se podrían afectar con las decisiones que llegue a tomar el presidente Chávez en represalia por las actuaciones del mandatario colombiano.
Si el año 2007 fue difícil para el presidente Uribe, las perspectivas que ofrece el 2008 no son mejores. La explosión de muchos frentes de conflagración a la vez ha comenzado a desbordar la capacidad de reacción del Gobierno para atenderlos y apagarlos. El anuncio de su no reelección ha desatado nuevas tensiones y conflictos que se expresan de manera muy subterránea, produciendo una serie de sacudones que debilitan todavía más la capacidad gubernamental para controlar las crisis y comienzan a consumir tiempo precioso que el Presidente debía dedicar a asuntos más trascendentes
El 2008 será el año en que las aspiraciones presidenciales van a llevar irremediablemente a pugnas internas que restablezcan los equilibrios partidistas. En este año asumen los poderes territoriales que ganaron en octubre pasado los partidos Liberal y Conservador, que van a forzar cambios en las dirigencias y sobre todo en las posiciones políticas. Y el Polo debe hacer valer los 700.000 votos que obtuvo fuera de Bogotá y que van a ser definitivos para emprender el crecimiento que necesita su aspiración de llegar al Gobierno. Entramos en una época en que cada quien debe comenzar a moverse con sus propias electores y sin los favores de un presidente que copó el escenario político, impuso la agenda de preocupaciones públicas, concentró las decisiones políticas y subordinó la acción de las entidades públicas a los dictados de su conveniencia y su intuición política.
POR PEDRO MEDELLÍN TORRES,
analista político.