Diciembre empezó mal para el Presidente, por cuenta de Lara, Grajales y Tranquilandia

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A pesar de lo delicado de las revelaciones del Herald, la Casa de Nariño sólo respondió el martes por medio de una carta que el jefe de prensa de la Presidencia, César Mauricio Velásquez, envió a Humberto Castelló, director del diario, en la que señala que el helicóptero hallado en Tranquilandia fue vendido el 6 de febrero de 1984, tal como lo certifica un aviso de prensa publicado por Aerofoto en la revista Cromos el 22 de mayo de ese año.

No obstante ese fantasma sigue rondando, lo mismo que el del helicóptero usado el 14 de julio de 1983 para trasladar al padre de Uribe desde su hacienda Guacharacas hacia Medellín, luego de un atentado de guerrilleros de la Farc que intentaron secuestrarlo. El episodio salió nuevamente del clóset en octubre con la publicación del libro de Virginia Vallejo Amando a Pablo, odiando a Escobar, quien sostiene que el capo le contó que él había prestado la aeronave.

Más problemas

La versión fue refutada por la Aeronáutica Civil que explicó que Uribe Sierra fue transportado en el helicóptero HK-2967, propiedad de Juan Gonzalo, El Guillo, Ángel, un controvertido empresario señalado de haber entrenado a pilotos de la mafia.

Las revelaciones de El Nuevo Herald y la renuncia de Lara Restrepo no fueron los únicos dolores de cabeza para el Presidente esta semana. A ellos se sumaron las declaraciones altisonantes del presidente Chávez que dijo que no quería verlo ni en pintura y que las relaciones comerciales se verían afectadas;  el anuncio amenazante del presidente Ortega, en vísperas del fallo de La Haya, de que su ejército debería estar preparado, pero sobre todo, el confuso episodio de una grabación ilegal de una conversación con Luis Fernando Herrera Zuluaga, Mechudo, quien hasta marzo de 2003 fue asesor de imagen fotográfica del Presidente.

En la conversación, revelada por el columnista Daniel Coronell, un Uribe iracundo le exige a Herrera que se presente en la Fiscalía y que les ponga la cara a los periodistas de El Tiempo para que aclarar versiones que lo involucran en un episodio de corrupción. "Estoy muy berraco con usted y ojalá me estén grabando. Si me lo encuentro le rompo la cara, marica", le gritó Uribe fuera de sí a Mechudo. Uribe se refería a una denuncia contra Herrera, quien había visitado al empresario Raúl Grajales, detenido por lavado de activos en la cárcel de Palmira, supuestamente para pedirle cinco millones de dólares a cambio de evitar su extradición a Estados Unidos.

Pese a que Uribe reaccionó con rapidez y le pidió al fiscal general Mario Iguarán investigar quién o qué entidad del Estado interviene en forma ilegal sus conversaciones, la verdad es que nada está claro.

Más ahora que CAMBIO tuvo acceso a dos fotografías, al parecer tomadas en la campaña presidencial de 2002, en las que aparece Uribe departiendo con Grajales en algún lugar del Valle del Cauca.

En la primera de ellas está el hoy mandatario sentado en la misma mesa con el empresario -señalado de administrar los bienes del extinto capo del cartel del Norte del Valle, Iván Urdinola-, Isaac Yanovich, nombrado después presidente de Ecopetrol y otra persona, alta de color, cuya identidad se desconoce. En la otra imagen, están de pie Uribe, Grajales, el mismo hombre de color, y otro desconocido.

Hora de explicar

Las dos fotografías obtenidas por CAMBIO tienen relevancia porque el periodista Coronell reveló en su columna que Grajales ingresó a la Casa de Nariño al menos en cuatro oportunidades. Agregó que "le escribía al Presidente pidiéndole que agilizara trámites de su interés en el Banco Agrario. Además, gracias a su diligencia, la fundación benéfica que presidía en La Unión, Valle, recibió donaciones de la Red de Solidaridad, adscrita a la Presidencia".

Gracias a su enorme popularidad, prestigio y elocuencia, el Presidente ha logrado sortear hasta ahora con éxito las inquietudes surgidas en torno a su pasado y al de su familia. Así sucedió hace un par de años, en medio de una crisis en el proceso de paz con los paramilitares, cuando los retó públicamente a revelar pruebas sobre sus presuntas relaciones con esa organización armada ilegal.

Falta ver si el palacio de Nariño mantiene la misma estrategia en los casos del helicóptero de Tranquilandia y de la aparición de Raúl Grajales en el escenario, y si le vuelve a funcionar.

En el primero de los casos, los cuestionamientos no provienen como es usual de delincuentes en busca de beneficios sino de personas y medios de comunicación que hicieron publicaciones hace más de 20 años, cuando no había interés alguno en dañar la imagen de Uribe o de sus parientes más cercanos. Y la respuesta del jefe de prensa al Herald parece insuficiente porque se limita a reseñar que la aeronave fue vendida pero no presenta ningún documento que la soporte.

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