El atacante estelar de la Selección es solo uno de los casos en la fila de cuentas irregulares de Eduardo Pimentel.
EN JULIO DE 2006, antes de acudir a los estrados judiciales para zanjar las disputas con el presidente del Chicó Fútbol Club, Eduardo Pimentel, un grupo de accionistas del equipo decidió agotar las vías del diálogo e invitar al temperamental dirigente deportivo a tomar un café. "Eduardo, no queremos que nuestra relación contigo termine convertida en una pelea arbitrada por jueces y fiscales", le dijo uno de ellos y, en tono conciliador, le pidió que les explicara por qué los estados contables y financieros no reflejaban las cifras reales, ni las utilidades derivadas de las transferencias de algunos jugadores.
Pimentel respondió que no había motivo para preocuparse. "Tengo las cifras claras en la cabeza", dijo mientras sacaba de su chaqueta un fino bolígrafo para escribir, al respaldo de un individual de papel, el listado de las nueve principales ventas de jugadores a quienes identificó por sus iniciales. Al frente de cada uno anotó una cifra y luego las sumó: 7.245.000 dólares.
Según el listado, las dos mayores operaciones correspondían a WR o Wason Rentería, transferido en 2005 al Internacional de Puerto Alegre, Brasil, por 1.5 millones de dólares, y a LY o Luis Yánez, vendido al Santa Fe por 250.000 dólares. "Como ven, nos está yendo bien", les dijo Pimentel a los socios y les prometió que antes de una semana haría corregir los documentos contables afectados por errores que atribuyó al descuido de una secretaria y a la impericia de un auxiliar contable. "Todo estará claro a la hora de distribuir dividendos", prometió.
Un mes después, Pimentel no había cumplido y tampoco había vuelto a darles la cara a los accionistas que reclamaban claridad en las cuentas. Por eso algunos de ellos decidieron entablar ante el Juzgado 13 Civil del Circuito de Bogotá, una demanda de impugnación contra las decisiones de la Asamblea de Socios del 13 de junio de 2006 en la que, una mayoría compuesta por amigos del presidente del club, aprobó los estados financieros.
Hoy, más de un año después, las cosas se le complican al presidente del Chicó y no por cuenta de sus agravios y agresiones a los árbitros que dirigen la liguilla final del fútbol colombiano, sino por un proceso a cargo de la Fiscalía por presunta falsedad en documentos y eventual lavado de activos. Pimentel dice que todo es el resultado de "un sartal de mentiras" inventadas por sus enemigos, y advierte que si le prueban algún manejo fraudulento, se retirará definitivamente del fútbol (ver entrevista).
Negocio deshecho
Antiguos accionistas del club remitieron las primeras pruebas a la Justicia. Sostienen que Pimental maneja los recursos del club no sólo como si fueran plata de bolsillo, sino que da un manejo informal y clandestino a los negocios con propósito de lucro personal. Mariano Díaz, directivo de Colpatria y ex presidente del Chicó, reveló documentos según los cuales Pimentel falsificó su firma en 2005 para deshacer la operación de venta de Wason Rentería al River Plate de Argentina por 1,3 millones de dólares. Después de hacerlo, negoció personalmente el 50% del pase del jugador al Internacional de Portoalegre, una operación que aunque fue registrada por 800.000 dólares pudo haber sido mucho más alta.
La Fiscalía deberá verificar las evidencias según las cuales el monto de la operación en Brasil superó los dos millones de dólares, pero más de la mitad fue a parar a una cuenta cifrada en la sucursal de Bancafé en Panamá. "No descarto que así haya sido, porque cuando Pimentel comenzó a tomarnos del pelo con el pago del 30% de la participación que le correspondía a Wason, nos pedía tiempo porque parte del dinero se había canalizado a través de Panamá y Nueva York", dijo Libardo Asprilla, tío del jugador y uno de sus mentores.
Los manejos atribuidos a Pimentel no sólo lo exponen a problemas con la justicia penal y las instancias disciplinarias de la División Mayor del Fútbol Colombiano, sino que, de contragolpe, amenazan la actividad profesional de Rentería, actual goleador del Estrasburgo de Francia y atacante estelar de la Selección Colombia, que disputa las eliminatorias al Mundial Sudáfrica 2010.
Mario Comesaña, empresario uruguayo acreditado ante la FIFA, le aseguró a CAMBIO desde Montevideo que este organismo le pidió a Wason en dos ocasiones que enviara copia del contrato de transferencia al Internacional de Puerto Alegre, pero que no lo ha hecho. "No sé si por temor o por desinformación, Rentería no ha atendido el requerimiento y por eso la Cámara de Disputas de la FIFA lo citó para mayo próximo y podría ordenar su suspensión", afirmó Comesaña. Si eso ocurre, el jugador podría verse impedido para actuar en partidos de la eliminatoria.
El empresario uruguayo, hijo del entrenador Julio Avelino Comesaña, es parte interesada en el pleito. De hecho, a finales de 2004, llevó a Rentería a Buenos Aires para presentarlo ante los directivos del River Plate que, poco después, hicieron la oferta. Según Comesaña hijo, la forma abrupta en que se deshizo un negocio que ya iba más allá de las cartas de intención, le produjo perjuicios materiales y morales que deben ser compensados. "Creo que alguien, que podría ser el mismo Pimentel, tiene convencido a Wason de que no entregue la copia del contrato porque sólo así se conocería el monto real de la operación y podría conocerse el valor de las comisiones que fueron birladas", aseguró Comesaña.
Libardo Asprilla, que además es vocero del jugador en Colombia, sostiene que Wason no ha recibido notificación alguna de la FIFA y explicó que si hay alguien afectado por la forma sospechosa como Pimentel manejó la transferencia al club brasilero, es el jugador.
Tanto Asprilla como el abogado Andrés Charria, representante de Wason en un pleito ante la Dimayor, aseguran que esta entidad probó que Pimentel no le cumplió al jugador con el pago del 30% al que tenía derecho por la transferencia y que hace tres meses falló en el sentido de que el Chicó estaba obligado a girarle al jugador 160 millones de pesos adicionales a los 220 millones que le fueron reconocidos después de concretarse la operación.
"Wason ha sido víctima de un robo descarado por parte de Pimentel", afirma Charria, y Asprilla dice que Rentería y su familia vivieron un calvario para lograr que Pimentel les pagara al menos una parte de la comisión. Según Asprilla, Pimentel dijo que el precio neto de la operación, descontados los impuestos, fue de 800.000 dólares, lo que suponía que Wason tenía derecho a recibir 240.000 dólares. Sin embargo, el directivo sólo le pagó 160 millones de pesos. "Cuando la oferta se produjo, yo traje de Chocó a Brumilda Cuesta, madre de Wason, para que recibiera el dinero¿cuenta Asprilla¿. Pero Pimentel nos entregó sólo una parte en efectivo y nos dio dos cheques de 40 millones cada uno que salieron chimbos y por eso tuvimos que llevar el caso ante la Dimayor".
Cola de reclamos
El problema tiende a crecer. Tanto Pimentel como los demandantes apelaron el fallo disciplinario. Los representantes de Wason porque creen que el jugador está siendo estafado, Pimentel porque considera que ya pagó lo justo. De todas maneras, quienes conocen bien las consecuencias de una decisión de esta naturaleza, se muestran extrañados de que el presidente del Chicó siga negociando en la bolsa de jugadores, pues el fallo implica que no puede hacerlo mientras no le pague a Rentería hasta el último peso o dólar que le debe por sus transferencias.
La fila de los que se declaran víctimas de los manejos de Pimentel es larga. Entre ellos figuran Mario Vanemerak, técnico de Millonarios, a quien hizo salir del Chicó sin pagarle la liquidación legal; Arnoldo Iguarán, un histórico del fútbol colombiano, a quien le negó los derechos que tenía como primer promotor del jugador Luis Yanes (ver recuadro) y cerca de 25 personas más, entre dirigentes y deportistas nacionales y extranjeros, y proveedores de servicios del club.
Mientras tanto, Pimentel se niega a explicarles a los pocos socios del club que no son familiares o amigos suyos, el origen de los recursos con los que se compró una casa en el condominio Bosque de Pinos, en el norte de Bogotá; tres apartamentos en zonas de estrato seis, una finca en el Meta y dos vehículos Merecedes Benz y un BMW, modelo 2007.
Tras un largo silencio, Eduardo Pimentel reapareció en público el domingo 2 de diciembre. No volvió a la escena para aclarar su situación como directivo del club, sino para irse a gritos y agravios contra un juez de línea que, según él, perjudicó a su equipo en el partido contra el Tolima.
"SI ME PRUEBAN FRAUDE, ME VOY DEL FÚTBOL"
Eduardo Pimentel, presidente del Chicó
CAMBIO: Antiguos socios lo acusan de haber manejado en forma fraudulenta los documentos de la transacción de Wason Rentería.
EDUARDO PIMENTEL. Es un sartal de mentiras, una ignominia inventada por personas a las que yo les regalé unas acciones del club con el propósito de democratizar su propiedad, y que luego se pusieron bravos porque no les repartí dividendos. Pero, ¿cómo les iba a dar dividendos si ellos no pusieron un solo peso y si el patrimonio del club es producto de mi esfuerzo personal? Entre ellos está un señor que fue presidente del Chicó y que se fue después de que le diagnosticaron un problema mental que se llama polivalencia.
Si no hubo nada oculto en la transacción, ¿cómo explica que la Dimayor haya considerado que no cumplió con la obligación legal de pagarle a Wason el 30% de la participación?
Ese fallo fue anulado porque la Dimayor reconoció que se equivocó a la hora de interpretar documentos que respaldan la valoración de mis jugadores. Pero si persisten las dudas y se prueba que yo he cometido un solo fraude en la administración del club, me iré para siempre del fútbol.
¿Por qué una parte sustancial del dinero de la venta de Wason se manejó a través de Panamá?
Porque es propio de este tipo de negociaciones. Tengo las pruebas documentales de que la monetización fue legal y respaldada por el manejo de un banco serio. Lo que se diga de ahí en adelante es falso.
Sus críticos cuestionan el origen de los recursos con los que compró una casa, tres apartamentos, una hacienda en los llanos y dos carros lujosos
Ese patrimonio lo he hecho trabajando. Los que me conocen saben que heredé de mi papá la vocación por los negocios y que toda mi vida he sido caballista. Jamás lo he ocultado.
Incluso personas cercanas a usted, como Arnoldo Iguarán, le recriminan porque dejó de pagarles derechos por la promoción de jugadores.
Arnoldo no ha sido justo. En 2001 supe que en Bucaramanga había surgido un joven valor que se llamaba Luis Yánez. Mandé a Iguarán para que lo mirara y su concepto fue favorable. Después él me pidió que le reconociera una parte de los derechos de Yánez porque él lo había descubierto. Yo le respondí que lo descubrió el club y que él lo único que hizo fue ir a verlo en condición de empleado nuestro.
¿Por qué hubo dólares no reportados y caballos en la negociación con Yánez?
Eso no es cierto, pero en todo caso el que hizo la negociación fue Mariano Díaz, un ex presidente del club que ahora figura entre mis detractores. Si hubo algo raro, él tendrá que explicarlo.
ENTRE DÓLARES Y CABALLOS
A finales de 2002, Arnoldo Iguarán, ídolo del Millonarios de los años 80, llegó a la sede del Chicó Fútbol Club para presentar a una nueva promesa del fútbol nacional. Era Luis Yánez que llevaba un morral al hombro y que pensaba entrenar si le daban ese mismo día la oportunidad.
Eduardo Pimentel, entonces técnico del equipo, le dio la oportunidad y le prometió a Iguarán que le pagaría una parte de los derechos de formación que la Fifa le reconoce al club en el que inicia su carrera un futbolista. Eso nunca ocurrió. Cada vez que alguien le pregunta sobre lo ocurrido, Pimentel muestra un contrato según el cual Iguarán le habría vendido a todos los derechos, pero éste que la firma no es la suya. Yánez resultó tan bueno como aseguraba su tutor.
Dos antiguos accionistas del club cuentan que la posterior venta del jugador al Santa Fe se produjo en circunstancias que "honran la vergonzosa tradición del club". El negocio se cerró entre diciembre de 2004 y enero de 2005 por 1.500 millones de pesos en la oficina de un viejo edificio próximo a la Plaza España, en Bogotá, habilitada por Francisco Farfán, socio de negocios de Eduardo Méndez, entonces presidente del club bogotano, hoy preso en Estados Unidos.
"Una parte del pago fue hecha con dólares en efectivo que alguien llevó en bolsas negras ¿dice uno de los testigos¿. La restante, de acuerdo con lo convenido por las partes durante una reunión en La Margarita del 8, se pagó con un caballo de paso y un BMW-X5". En los libros moficiales del clun Yánez aparece subvalorado.