La clave para definir el final de la historia la dará el estado de ánimo del presidente Hugo Chávez. Y este a su vez, lo determinarán los electores venezolanos en el referendo del próximo domingo.
EL PASADO MIÉRCOLES 21, después de la media noche, un asesor le informó al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien acababa de llegar a Caracas de un encuentro con su colega Nicolas Sarkozy en París, que el Gobierno de Colombia acababa de publicar un comunicado sobre su gestión para el acuerdo humanitario con las Farc. El Presidente pensó que se refería a las declaraciones que Uribe había hecho después de su reunión con el mandatario francés -en las que le había puesto límite a su gestión hasta el 31 de diciembre-, y pidió que se las pasaran en la mañana siguiente. Su interlocutor le aclaró que el texto era nuevo y nada rutinario: Uribe le había cancelado con efecto inmediato el mandato como mediador.
Perplejo, en la madrugada se reunió con la senadora Piedad Córdoba. Le manifestó su inconformidad por la decisión de Uribe y, sobre todo, su sorpresa porque el anuncio hubiera sido público y porque su colega colombiano no lo hubiera llamado personalmente a prevenirlo y explicarle. Le dijo que abriría un compás de espera, el cual se reflejó en una declaración en la que acató "la decisión soberana de Colombia".
En las horas siguientes la ira de Chávez fue creciendo ante el silencio. El viernes 23 inició su explosiva cascada de declaraciones agresivas contra Uribe. En lugar de la llamada esperada desde el Palacio de Nariño, de Bogotá llegó el sábado 24 un comunicado de 16 puntos que explicaba las razones por las que el Gobierno había terminado la mediación. El fondo y la forma alimentaron aún más la cólera del venezolano. Esa noche -ya en la madrugada del domingo- hizo afirmaciones explosivas que a su vez fueron respondidas con vehemencia por Uribe en un consejo comunitario en Calamar, Bolívar. El mismo día en el Palacio de Miraflores fue designada una comisión de crisis con amplia participación de los sectores duros hacia Colombia: el ex vicepresidente José Vicente Rangel, el canciller Nicolás Maduro, el vicecanciller para América Latina, Rodolfo Sanz, y el Secretario del Consejo de Defensa de la Nación. Las relaciones habían caído a su peor punto en varios años.
Las agresiones, acusaciones y epítetos que se intercambiaron los dos mandatarios no tienen antecedentes en la sobresaltada historia de las relaciones bilaterales, lo cual significa que la crisis de esta semana es diferente a las del pasado. Para empezar, porque la manzana de la discordia no es un asunto propio de la agenda bilateral -como el diferendo limítrofe, por ejemplo- sino la participación de Chávez en la búsqueda de contactos con las Farc. El mandatario venezolano perdió una oportunidad de gran valor para proyectarse como un líder continental y un gestor de paz. Y eso lo hirió: "Fue un escupitajo en mi rostro", dijo.
La tensión de los últimos días tiene un alto componente personal. Teodoro Petkoff, director del periódico Tal Cual lo sobresalta al mencionar al presidente venezolano como Ego Chávez, en vez de Hugo. Y agrega que el difícil momento político por el que atraviesa, en vísperas de un referendo que no tiene asegurado (ver sección Mundo) lo llevó a subirle el tono a su discurso. "Le llegaron nuevas encuestas (negativas para el SI) y ahí se le fundió la sindéresis", dice.
De tiempo atrás, las relaciones entre Colombia y Venezuela se habían dejado en las manos exclusivas de los mandatarios. La informalidad que encaja con el estilo de ambos gobiernos se había convertido en norma. Ni las cancillerías ni las embajadas jugaban un papel fundamental en el manejo de una agenda reducida en temas, pero que había logrado poner de lado tensiones y conflictos. Las comisiones creadas hace años para tratar los múltiples temas colombo-venezolanos habían caído en el desuso. Entre ellas, las de integración fronteriza (Copiaf), la de cooperación militar (Combifron) y la de negociación de la delimitación marítima que está pendiente. Todo, o casi todo, dependía de las cumbres presidenciales.
El esquema informal y personalizado se había puesto en marcha para superar un periodo difícil. Uribe y Chávez habían comenzado mal, recién llegados al poder de sus respectivos países, producto de la mutua desconfianza y de las enormes diferencias ideológicas que los separan. Hasta 2005, los lazos entre Bogotá y Caracas estuvieron a prueba por una larga cadena de problemas: la captura de Rodrigo Granda en Caracas; la existencia de un supuesto complot de paramilitares colombianos contra Chávez; el retiro de Venezuela de la Comunidad Andina; las diferencias en las posiciones frente a la guerra de George W. Bush en Irak. Aunque nunca se lo dijeron, en aquella época Chávez, para Uribe, era un posible aliado de las Farc y Uribe, para Chávez, una quinta columna de Estados Unidos.
Después del lío causado por la captura de Granda, sin embargo, se abrió un periodo de cooperación que coincidió con la campaña para la reelección de ambos mandatarios en 2006. Un periodo en el que a ambos les convenía hacerse pasito y mostrarles a sus electorados su capacidad de manejar bien las relaciones. Chávez, incluso, legalizó a miles de colombianos que habían anhelado obtener sus papeles durante años. El pragmatismo y la amistad personal se tomaron la agenda bilateral y los discursos ideológicos le cedieron el paso a iniciativas prácticas y concretas.
Los nuevos vientos habían producido resultados alentadores. Chávez anunció su regreso a la Comunidad Andina y Uribe, por su parte, revirtió su decisión de marginarse del Banco del Sur, un proyecto del corazón de Chávez, y decidió su ingreso. El comercio, empujado por el crecimiento de la economía mundial, llegó a niveles históricos que superan los 5.000 millones de dólares al año. Los dos mandatarios -con su colega de Ecuador, Rafael Correa, como testigo- inauguraron el gasoducto para llevar gas colombiano a Maracaibo. Y en medio de la euforia por la participación de Chávez en el acuerdo humanitario y en el proceso de paz con el Eln, el mandatario venezolano llegó a anunciar durante su visita a Bogotá, en agosto, que había condiciones para terminar la larga negociación sobre la delimitación marítima en el Golfo de Venezuela.
La semana pasada el castillo de naipes se vino abajo. ¿Qué puede venir ahora? En el pasado, después de un incidente venía un letargo silencioso que culminaba con una cumbre de cancilleres o de presidentes, que a su vez creaban una comisión encargada del asunto. Un esquema impracticable ahora, porque no hay asunto bilateral para tratar. ¿Seguirá escalándose el conflicto? ¿Vendrán medidas más duras, como restricciones al comercio? El llamado a consultas del embajador Pavel Rondón por parte de su gobierno el martes pasado indica que en Caracas no hay intenciones de bajar el tono. Por su parte, la actitud del presidente Uribe -no responder con la misma moneda sino mantener a su embajador, Fernando Marín- significa que, por el contrario, Bogotá buscará algún tipo de retorno a la normalidad.
No va a ser fácil. Cuando hay heridas personales se necesitan más sicólogos que políticos o diplomáticos. Chávez ha dicho que "no habrá reconciliación mientras Uribe sea presidente", lo cual obliga a bajar expectativas sobre una época de cooperación, pues el regreso de Venezuela a la CAN y la solución del diferendo limítrofe quedan, otra vez, en el congelador. Al mismo tiempo, es probable que con el paso de las horas las voces sensatas a lado y lado de la frontera les hagan caer en la cuenta a los presidentes que las relaciones son mutuamente importantes, que hay que preservarlas y que deben evitarse más ofensas.
La clave para definir el final de la historia la dará el estado de ánimo del presidente Hugo Chávez. Y este a su vez, lo determinarán los electores venezolanos en el referendo del próximo domingo.
LO QUE DIJERON...
Hugo Chávez, presidente de Venezuela.
"Uribe es un triste peón del imperio que repite lo que dicen en Washington".
"Yo doy la cara, yo tengo vergüenza. El presidente Uribe está mintiendo de manera fea y descarada".
"Colombia necesita un mejor presidente".
"Él decidió darle un escupitajo a la verdad y a la dignidad, y una patada a lo que veníamos trabajando con tanto amor"
Álvaro Uribe, presidente de Colombia.
"Nosotros necesitamos una mediación contra el terrorismo, y no legitimadores del terrorismo".
"Sus palabras, sus actitudes, dan la impresión de que usted no está interesado en la paz de Colombia sino en que Colombia sea víctima de un gobierno de terroristas de las Farc".
"Si usted está fomentando un proyecto expansionista en el continente, en Colombia ese proyecto no tiene entrada".
"No se puede burlar la ley como usted lo hace, tratando de maltratar al general Santander para sustituir la ley por el capricho personal".