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EL MARTES PASADO, al medio día, en el Palacio del Eliseo en París, las expresiones de las caras de los que habían asistido al encuentro de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Francia, Nicolas Sarkozy, eran de estupor y desconcierto: el mandatario venezolano llegó con las manos vacías, sin pruebas de supervivencia de los secuestrados en poder de las Farc. Ni siquiera con la de Íngrid Betancourt por quien Sarkozy ha jugado fuerte.
Las Farc dejaron a Chávez colgado de la brocha y por primera vez un allegado de la ex candidata presidencial, su ex esposo Fabrice Delloye, pareció entender que las Farc y no el presidente Uribe son no sólo las responsables del secuestro, sino de que no se avance en el camino del acuerdo humanitario. "Sin pruebas de vida no puede continuar la búsqueda del acuerdo humanitario", dijo Delloye.
"Si en los próximos 15 días no hay pruebas de vida, la mediación debe terminar".
La madre de Íngrid, Yolanda Pulecio, también mostró su frustración pero reiteró su confianza en la gestión de Chávez y de Piedad Córdoba, que llevan tres meses "pedaleando" para que las Farc hagan gestos concretos que permitan acordar el canje de los secuestrados por guerrilleros presos. Y en Bogotá el director del periódico VOZ, Carlos Lozano, reconocido promotor del canje y de una salida negociada al conflicto, coincidió en la necesidad de las pruebas de supervivencia como demostración de la buena voluntad de la guerrilla. "Las Farc deben entregarlas y deben hacer lo que esté a su alcance, porque pueden generar confianza", dijo Lozano.
Confianza es la clave y es lo que no han dado las Farc que, expertas en dilaciones, intentan mantener vivo el proceso con "contentillos" como hacerle saber a Chávez que Íngrid está viva y que Tirofijo sigue dispuesto a reunirse con él. Pero ese anzuelo no se lo tragó ni el presidente francés, que dijo que las pruebas de vida eran indispensables "para asegurarse de la sinceridad de las Farc en la búsqueda de una solución humanitaria", ni el Gobierno colombiano que hasta el momento había sido como una especie de convidado de piedra y que aprovechó el "conejazo" para entrar pisando duro en el escenario y le puso límite a la mediación: el 31 de diciembre si no hay un gesto concreto de las Farc.
Se trata de un freno necesario para un grupo guerrillero que cree que es posible "mamar gallo" indefinidamente. Pero el ultimátum no significa que el Gobierno haya cerrado las puertas de la negociación, como quedó claro el martes en la tarde en el comunicado que leyó el Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo: "Si las Farc dejan en libertad de manera unilateral a un grupo de secuestrados en su poder, con el compromiso de liberarlos a todos, incluyendo a los tres norteamericanos, el Gobierno autoriza al presidente Chávez para que se entreviste con el jefe máximo del grupo guerrillero Manuel Marulanda Vélez en la zona del Caguán, con reglas claras y acompañamiento internacional".
La apuesta del Gobierno es grande, pues aún Uribe estaría dispuesto a un encuentro con Tirofijo cuando las Farc liberen a todos los secuestrados, y siempre y cuando exista un "compromiso de iniciar un proceso de paz".
¿Negociación a la vista?
Todo indica que Uribe no sólo ha modificado su posición inflexible, la que lo llevó a decirle a Chávez que si quería entrevistarse con Marulanda éste tendría que llegar a Caracas por sus propios medios, sino que por primera vez dejó abierta la posibilidad de negociar en firme con las Farc y en el Caguán, la zona de despeje que tanto le cuestionó a Andrés Pastrana y que fue el caballito de batalla que le sirvió para ganar su primera Presidencia.
Para el ex ministro de Salud y analista político Camilo González Posso, la jugada presidencial es muy hábil porque deja el balón en el campo de las Farc, que deben mostrar resultados. "El Presidente les da 40 días para que al menos logren un poco de credibilidad luego del ridículo que hicieron al no enviar siquiera una prueba de supervivencia al encuentro de Chávez y Sarkozy".
El ex comisionado de Paz Daniel García-Peña, cree que lo más importante del anuncio oficial es que los inamovibles empezaron a moverse. Les hace un reconocimiento a Chávez y a Córdoba, que habrían llevado al Presidente a dar un paso en un tema que parecía imposible, fijar una zona de encuentro, pero advierte que "las condiciones de Uribe son difíciles de cumplir".