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Al segundo, porque contribuye al papel de liderazgo regional que busca, pero forzándolo a actuar de manera más prudente en política exterior, y porque le envía a EE.UU. un mensaje de solidaridad regional que minimizaría los fantasmas chavistas de eventuales desestabilizaciones. Por su parte, la guerrilla difícilmente tendría un escenario más apropiado para concluir su parábola de guerra y llegar a un acuerdo políticamente honorable de paz. Un escenario que es difícil de desechar, so pena de pagar un alto costo político.
El interés con que el presidente Chávez ha asumido su papel y la buena tarea que viene cumpliendo Piedad Córdoba, junto con el apoyo amplio de la comunidad internacional y la aceptación implícita del Gobierno de EE.UU., dejan un margen para el optimismo. Si el Gobierno colombiano logra ser audaz y no se asusta con los inevitables "ruidos mediáticos'" que genera este proceso, quizá sea la ventana hacia una solución definitiva de nuestro crónico y anacrónico conflicto interno armado. Por supuesto, se requiere que el pragmatismo campesino, que en otras ocasiones ha mostrado las Farc, las lleve esta vez a entender que tienen una oportunidad única que no pueden desperdiciar.