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Pero los conocedores de los procesos electorales internos de las altas cortes coinciden en afirmar que el azar también cuenta en la elección del nuevo magistrado de la Sala Penal por falta de reglas claras y de la tradicional hipocresía con que se maneja en el tema, pues ningún magistrado es capaz ni de comprometerse abiertamente con un candidato ni de oponerse.
Por eso juegan con las cartas tapadas. Pero no sólo eso. En este juego de poderes inciden factores externos a la Sala Penal y a la propia Corte Suprema de Justicia. Tanto la Procuraduría como la Fiscalía terminan influyendo de forma decisiva en la elección por cuenta de los múltiples recomendados, casi todos familiares, que cada magistrado tiene en esos órganos de control.
Así las cosas, la selección del nuevo magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema parece más un sofisticado juego de póker en el que la carta ganadora será determinante para definir la suerte de la parapolítica, el mayor escándalo de los últimos años y cuyo desarrollo tiene en vilo al país.