"Nadie ha contado toda la verdad"

"Voy a contar la verdad, pero de pronto no es la que ustedes quieren escuchar".

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POCOS DÍAS ANTES de regresar al país para confesar sus vínculos con el paramilitarismo, CAMBIO entrevistó al prófugo congresista Jorge Caballero.

CAMBIO: ¿Por qué huyó del país?

JORGE CABALLERO: Salí del país por Ecuador y mi registro de salida aparece en inmigración del DAS cuando no tenía ninguna limitación.

¿A dónde viajó?

Salí rumbo a Europa a practicarme un procedimiento médico quirúrgico cuyo nombre es crioablación, como resultado de un diagnóstico que me realizó en Barranquilla el doctor Armando Juliao Señor. Producto de unas tomografías computarizadas realizadas por Sabagh radiólogos, en diciembre de 2006 se encontró una lesión nodular tumoral en mi riñon. Esta situación me puso en la necesidad de optar por mi salud para comparecer recuperado ante las autoridades.

¿Específicamente a qué país llegó?

Primero viajé a Holanda, donde me habían recomendado unos especialistas, pero por recomendación de ellos me dirigí a Alemania donde fui atendido en un hospital universitario por un maestro en este tipo de tratamientos. Como podrán ver, al tiempo que político, soy padre de cuatro hijos cuyas edades oscilan entre uno y 12 años. Esta situación fue informada oportunamente por mi abogado a la Sala Penal de la Corte Suprema, en la que manifesté mi deseo de comparecer ante la Justicia.

¿Cómo ha sido su vida desde entonces?

El día que salí de mi indagatoria los periodistas me preguntaron que si yo no iba a llorar. En ese momento contesté con la soberbia que nos caracteriza a los políticos que nunca lloraría. Hoy debo decirle al país que durante el tiempo que he permanecido en el exilio no ha pasado un día en que no haya llorado. Primero, por no saber si la vida se me acababa con ese tumor, dejando a mis hijos abandonados. Segundo, por no poder abrazar a mis hijos y mi familia y expresarles lo mucho que los quiero; y tercero por la impotencia de ver que a un puñado de políticos se les va a responsabilizar por el monstruo de 1.000 cabezas que es el paramilitarismo, a  cuyo crecimiento el Estado contribuyó enormemente por acción y omisión y en el cual de manera solapada participaron la gran mayoría de sectores económicos del país. Hoy se ubica al político como un ser extraterrenal, incapaz de sentir miedo frente al poder intimidante de los violentos.

¿Permanece escondido?

De ninguna manera. Desde la fecha en que venció el plazo para permanecer en la Unión Europea -14 de abril de 2007-, y por petición expresa que la Clínica le formuló al Gobierno, solicité una extensión para mi permanencia en ese país. A partir de ese momento he comparecido ante las autoridades migratorias para solicitar mes a mes la ampliación de ese plazo. En los primeros días de noviembre me dieron una nueva ampliación que va hasta enero de 2008. Quiero aclarar que no soy ciudadano alemán, soy un simple colombiano con visa de turismo al que las autoridades alemanas le permitieron vivir más tiempo en su territorio por razones de salud.

¿En algún momento ha estado a punto de ser capturado?

Nunca. Mi decisión de regresar al país es libre, espontánea, y no obedece a ningún tipo de presión policial. Es por el convencimiento de que lo que me corresponde hacer ante la ausencia de garantías procesales es someterme a sentencia anticipada con el único propósito de que una vez cumpla con la sanción resocializadora pueda regresar en el menor tiempo posible al seno de mi familia.

Se sabe que usted ha anunciado en un par de ocasiones que se quiere entregar. ¿Es verdad?

Eso no es cierto. Lo que ocurre es que se ha dificultado mi entrega por cuanto a pesar de haberle informado a la Corte de mis quebrantos de salud, se expidió una circular roja que me ha dificultado el regreso para cumplir con la justicia.

¿Va a confesar?

Voy a contar la verdad, pero de pronto no es la que ustedes quieren escuchar. No tengo nada que confesar distinto a que soy responsable de temerles a los violentos y no enfrentarlos.

¿Por cuáles delitos se va a declarar culpable?

Voy a aceptar el cargo de concierto agravado pero dejando expresa constancia de que considero que está mal tipificado por cuanto de haber alguna transgresión del ordenamiento penal sería la del delito de sedición. Quiero reiterarle a la opinión pública que soy inocente pero acepto humildemente el cargo. Me someto a la Justicia, acepto ir a la cárcel porque considero que de esta manera contribuyo a que sientan complacidos quienes piensan que la pena es un castigo y una venganza. Por mi parte pienso que el cumplimiento de la pena es una oportunidad que el Estado le brinda al ciudadano para volver a la sociedad con un claro propósito de enmienda.

¿Cree que la Justicia colombiana no le brinda garantías para su defensa?

Los hechos materia de investigación fueron denunciados en abril de 2002. Fui el primero en comparecer ante la justicia y solicitar mi versión libre, la que se llevó a cabo a comienzos de 2003. Sin embargo, esa investigación preliminar permaneció inactiva hasta 2006, cuando se generó una enorme presión de los diferentes estamentos de la sociedad exigiéndole a la Corte Suprema unos resultados efectivos, convirtiendo el problema en un proceso político y no jurídico como debería ser. 

¿No le parece exagerado decir que la Corte Suprema actúa con sesgo político?

Cuando salí del país abrigaba la esperanza de que se me garantizaran el debido proceso, la presunción de inocencia y los principios de legalidad y favorabilidad. Pero con el paso del tiempo me di cuenta de que existe una especie de prejuzgamiento político que les impide a los magistrados de la Corte hacer una valoración de las pruebas existentes en el proceso y apartarse de la presión mediática. En la etapa de investigación, la Sala Penal de la Corte ha manifestado en forma reiterada que los resultados electorales per se constituyen una prueba incontrovertible e irrefutable de que existió un concierto para delinquir agravado, prescindiendo inclusive de testimonios controvertidos por la defensa, por sus reiteradas contradicciones. Esto ubica a cualquier procesado en la imposibilidad jurídica de demostrar su inocencia.

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