Es una olla a presión

ÁLVARO BARRERA
Arquitecto-restaurador.

CARTAGENA ES UNA CIUDAD dividida en dos. A pesar de ser el orgullo del país, sufre el abandono de propios y extraños. Ciudad sin dolientes que parece no haber tenido gobernantes por mas de 20 años.

Cartagena sigue siendo víctima de los piratas, ahora con investidura de ediles y gobernantes, sitiada por la corrupción y la politiquería. Se grita su vocación turística, pero esta no se implementa y carece de planeación y gestión.

Los problemas van desde la falta de estímulos, aplicación inadecuada de los controles urbanos, carencia de infraestructura, hasta lo más sencillo, la ausencia de canecas de basura.

El Centro Histórico adquirió una dinámica propia, pero no por la gestión de sus ciudadanos o sus gobernantes sino por la visión de inversionistas foráneos que decidieron recuperarlo y valorizarlo. Sin embargo este proceso también parece deteriorarse y la ciudad empieza a sufrir del síndrome del bombardeo, donde sólo se conservan las fachadas y de las viejas edificaciones sólo queda su cara.

Entre tanto, en la otra Cartagena, miles de personas, especialmente niños, subsisten entre el lodo y las heces de la otra ciudad, sin que nadie se preocupe por dignificar su condición de seres humanos, única forma de rehabilitarlos, dignificando su entorno, y no con mercados a manera de limosna. Hay hambre y, por consiguiente, delincuencia, violencia y prostitución. La ciudad es una olla a presión que esta pitando y a punto de estallar.  Pero ahora el pueblo parece despertar. Una mujer tomará las riendas  y esperamos que unifique estas dos ciudades, habitadas  por gente digna y orgullosa.

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