Cartagena pasó la cuenta de cobro

Judith Pinedo, la nueva alcaldesa, encarna los deseos de renovación de los cartageneros. Foto: Yiomaira Grandett

POR PEDRO LUIS MOGOLLÓN
Director diario 'El Universal'.

CARTAGENA TIENE fama de indolente hasta entre sus propios ciudadanos, la gran mayoría de barrios subnormales. Su pobreza contrasta con el bienestar de los vecinos de cinco barrios de estratos cinco y seis, y de una pequeña clase media de estratos tres y cuatro, quienes parecen potentados ante la "otra" Cartagena.

La politiquería se enseñoreó en la ciudad durante décadas. Mandaban dos clanes políticos, entronizados en el poder por su habilidad electorera. Algunos todavía influyen, alentados desde la Casa de Nariño. Existía el paradigma de que era imposible desbancar la corrupción. Aunque se intuía que muy poca gente se sentía bien con el status quo, parecía imposible cambiarlo.

Pero Cartagena también sintió los vientos renovadores del altiplano encarnados en Jaime Castro, Antanas Mockus y Enrique Peñalosa. Luego los cartageneros depositamos 40.683 votos en blanco en la elección anterior a la Alcaldía, cortos aún ante los 54.583 con que ganó la política tradicional con Nicolás Curi, pero suficientes para subirle la autoestima a mucha gente inconforme, algunos agrupados bajo el Movimiento Cartagena 1815, aludiendo al heroísmo local ante el sitio de Morillo y dando pie al lema: "Cartagena no se rinde".

La campaña a la Alcaldía que culminó el 28 de octubre pasado encarnó el conflicto entre los deseos de renovación, representados por Judith Pinedo, y el poder de la política tradicional, cuyo adalid era Juan Carlos Gossaín. Aunque las encuestas mejor elaboradas y presenciales siempre los mostraron muy cerca el uno del otro, con ventaja para Gossaín hacia el final, era imposible prever el desenlace: Pinedo barrió a Gossaín con 115.247 votos contra 70.692.

¿Qué pasó?  Lo primero, que el voto de opinión nacido del voto en blanco de la campaña anterior creció inesperada y abrumadoramente, especialmente por el carisma de la propia candidata quien hizo una campaña puerta a puerta con la consigna de  "Por una sola Cartagena" y atacó frontalmente la corrupción. Su contrincante hizo también una campaña dinámica, pero lo quemó su cercanía con el clan Curi y la politiquería tradicional, además de su pugnacidad visceral.

Por otro lado, la radio nacional (RCN, Caracol, La W), la televisión local y El Universal hicieron una campaña a favor del voto limpio que influyó en los resultados.

El reto de Pinedo es enorme y lo más difícil está por venir. Deberá rodearse bien para hacer una administración ejemplar. De su éxito dependerá que Cartagena deje atrás el lastre de la miseria y de su socia implacable, la corrupción. Por lo pronto, los cartageneros le pasaron la cuenta de cobro a la politiquería.

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