Malos perdedores

En Ciénaga de Oro fue destruida la sede electoral por vándalos. Foto: Gudilfredo Avendaño / Cambio

NO ACEPTAR LA DERROTA llevó a Monchy Yobany Moreno Gualdrón, candidato por Colombia Democrática a la Alcaldía de Orocué, Casanare, a promover disturbios que terminaron en el incendio de la registraduría del municipio. Hoy está preso en Yopal con otras 19 personas que participaron en los hechos.

Similar situación se repitió en ocho municipios más donde, según la Policía, la derrota de algunos candidatos en las urnas fue el detonante de atentados cuyo balance es un muerto, 51 detenidos, el incendio de cinco registradurías, una alcaldía y un colegio, documentos robados y ataques contra otras tres sedes de la entidad electoral. "No hay precedentes de una escalada violenta de esta naturaleza en el país contra las sedes electorales", reconoció el Registrador Nacional, Juan Carlos Galindo.

La misma sorpresa expresó el presidente Álvaro Uribe, quien en la alocución del domingo, condenó la situación: "Increíble, ahora que hemos recuperado las libertades democráticas -porque acudimos a estas elecciones con el paramilitarismo desmantelado y con las guerrillas debilitadas y la corrupción más vigilada-, que se presenten estas asonadas por inconformidades con el resultado electoral".

En Orocué fue elegido alcalde Reinaldo Guío Cisneros, por el partido de La U, con 1.736  votos. Derrotó a Moreno Gualdrón que obtuvo 1.559 votos y quien había sido alcalde entre 2001 y 2003. Su derrota provocó el descontento entre los electores, que alegaron manipulación de los votos y provocaron disturbios y prendieron fuego a la sede de la Registraduría.

Según la Policía, Moreno perteneció o tuvo nexos con las Auc y por eso es investigado por la Fiscalía. "Después de que fue incendiada la Registraduría Municipal, realizamos un operativo que sorpresivamente terminó con la captura del candidato -afirma el general Orlando Páez, director de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional-. Pudimos establecer que el perdedor fue el cerebro de los ataques y que tiene procesos pendientes con la Justicia".

En Ciénaga de Oro, Córdoba, según la Policía, el candidato derrotado, Eduardo Elías Zaruf Flórez, de Alas Equipo Colombia, promovió los ataques contra el ganador, Plinio Humberto D'Paola Cuello, de La U, quien ganó por 92 votos. La Registraduría, la Alcaldía y la casa de los padres del ganador fueron incendiadas y murió un joven de 18 años, Luis Roberto Bedoya. Zaruf Flórez y otras seis personas fueron detenidas y serán investigadas por terrorismo.

En Cimitarra, Santander; Pradera, Valle, y San Cristóbal, Bolívar, también fueron incendiadas las registradurías. En Coveñas, Sucre; Chachaguí, Pasto, y Sucre, Sucre, los inconformes con los resultados  que beneficiaron a candidatos uribistas, promovieron protestas  y pedreas. "En Coveñas quemaron los documentos con los resultados pero no contaban con que existen tres copias", señaló el general Páez.

Tan pronto se conoció este último ataque, el martes en la tarde, el registrador Galindo viajó a Coveñas y mientras  cumplía con esa tarea, a pocos kilómetros de allí, en Tolú, vándalos intentaron quemar la sede electoral pero fueron repelidos por el cuerpo antimotines de la Policía.

El inconformismo por los resultados se extendió a otras localidades de Córdoba, Putumayo y Valle, donde Policía y Ejército debieron desplegar fuerzas especiales para contener las manifestaciones de protesta.

La Registraduría evalúa dónde deben repetirse los escrutinios. "Lo que perdieron en las urnas trataron de ganarlo con el incendio de las registradurías -dice el Registrador-. Que yo me acuerde, esto nunca había pasado"

Según el constitucionalista Juan Manuel Charry, los ataques fueron aislados y por eso el análisis no puede limitarse a una reacción por la derrota. "Quizá la gente también se exaltó por los rumores de corrupción, porque no fueron atendidas sus quejas de compra de votos -dice-. Pero estos ataques en algunos pueblos son hechos aislados y en el resto del país se demostró que el sistema electoral se ha pulido mucho y en las principales ciudades los perdedores aceptaron su derrota". 

COMPRA DE VOTOS

Para  la Misión de Observación Electoral de la OEA lo más preocupante de las pasadas elecciones fue corroborar que hubo compra de votos.

"Los que compraban votos lo hacían descaradamente delante de la gente y de la Policía -asegura un habitante de Buenaventura-. A una señora la vimos sacando billetes de 20.000 pesos y luego reclamar el comprobante de votación, y vimos a una profesora anotando los nombres de los padres de familia que votaron por su grupo".

En Necoclí, Urabá, la presión armada también se hizo sentir. "En el corregimiento Chungal impidieron que candidatos pudieran ingresar a hacer campaña", dijo una fuente consultada por CAMBIO. Este caso y el de Buenaventura son apenas dos botones de muestra de los cientos que se presentaron en todo el país.

Dante Caputo, jefe de la misión de la OEA, aseguró que varios observadores verificaron hechos de este tipo en el terreno y dijo que esta situación, más las amenazas y atentados previos a las elecciones, no permiten dar un parte positivo total sobre la democracia en Colombia. 

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