"El Caguán fue una comilona que sólo dejó platos rotos"

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Por Diego L. Arias, especial para CAMBIO*

HACE 10 AÑOS, el 26 de Octubre de 1997, 10 millones de colombianos respondieron a la convocatoria del Mandato por la Paz. No obstante, su coordinador general, Luis Carlos Restrepo, sintió ese mismo día que no había muchas razones para creer que pasaría a ser algo más que un hecho simbólico sin mayores repercusiones reales y concretas. Comenzó entonces una travesía personal que lo llevó a acercarse al entonces candidato presidencial Álvaro Uribe Vélez y su proyecto de la Seguridad Democrática. ¿Por qué pasó de una orilla a otra? ¿Desde la Seguridad Democrática cómo ve hoy el Mandato por la Paz? CAMBIO habló con él.

CAMBIO. ¿Hace 10 años creía realmente en la respuesta masiva de los colombianos a la convocatoria por la paz?

LUIS CARLOS RESTREPO. Sí, siempre creí que sería masiva. En medio de la incredulidad de muchos sectores, auguré que sacaríamos 10 millones de votos. Recuerdo, por ejemplo, que cuando le hablé de la propuesta a Alfredo Rangel, éste anticipó una exigua respuesta ciudadana. Pero la votación de 10 millones de personas hizo colapsar el sistema electoral. Fue un hecho histórico no superado hasta el presente.

¿Por qué después de la votación ya no fue tan optimista?

Ese día entendí a plenitud la frase de Jorge Eliécer Gaitán: "El pueblo es superior a sus dirigentes". Me di cuenta de que no estábamos preparados para dar el paso de defender  el Mandato, que éste quedaría como un hecho simbólico y que esos 10 millones de votos no tendrían incidencia real en la dinámica de fuerzas que arrastraban al país hacia la desinstitucionalización y la fractura territorial.

¿Por qué?

Por varias razones. Los que tenían visión política pensaron en propuestas que se desviaban del propósito inicial, como constituirnos, con el respaldo de esa votación, en un "gobierno en la sombra" para oponernos al gobierno de Ernesto Samper, pues era una época en que los anhelos de paz se confundían con los ánimos de conspiración.  Otros se fueron a Europa a pactar con el Eln acuerdos que resultaron inanes o apoyaron la puesta en marcha de la zona de distensión del Caguán para el diálogo con las Farc, mientras el pueblo, que había votado masivamente por parar en seco la violencia, se quedaba sin vocería.

¿Sintió que había estado en el lugar equivocado?

Mi sueño era otro. Era convertir a los ciudadanos en una fuerza decisiva, que censurara a los violentos y los obligara a un cambio de actitud.

Pero fue tal la legitimidad social del Mandato por la Paz, que el gobierno de Andrés Pastrana invocó esos 10 millones de votos para iniciar el proceso con las Farc.

Recuerdo una frase de Ana Teresa Bernal que resumía bien el punto de vista de intelectuales, obispos y empresarios, que estaban convencidos de la validez del paso que daban: "Si la paz del país vale cinco municipios, ese es un precio bajo". Nunca estuve de acuerdo con el despeje del Caguán y siempre consideré que se trataba de un error que a la postre se convertiría en la piedra en el zapato que impediría avanzar en el camino de la paz dialogada.

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