Octubre 18 de 2007

La cruda verdad

La investigación concluye que la masacre de Jamundí no fue resultado de un error sino una emboscada de una patrulla del Ejército.

EL 22 DE MAYO DE 2006 la muerte de 10 policías de la Dijín y un informante a manos de un grupo del Ejército en Potrerito, una vereda de Jamundí, Valle, estremeció al país. Tanto, que desde el comienzo de la investigación la Fiscalía insistió en que los uniformados habían coordinado el asalto contra los policías y que luego modificaron la escena del crimen para despistar a los investigadores.

El propio fiscal general, Mario Iguarán, aseguró que la muerte de los uniformados no había sido un error, sino un crimen, y el caso quedó en manos de un juez especializado de Cali que se lo quitó de encima como una papa caliente con el argumento de que sufría "quebrantos de salud". Pasó entones a manos de otro juez pero aún sigue sin definirse.

Sin embargo, la Procuraduría acaba de terminar su propia investigación y todo indica que será decisiva para esclarecer el tenebroso episodio que enfrentó a Policía y Ejército, y establecer responsabilidades. Para el Ministerio Público queda claro que fue una emboscada de miembros del Batallón de Alta Montaña, bajo el mando del coronel (r) Byron Carvajal, a un grupo especial de la Dijín de la Policía y que los militares alteraron la escena del crimen para desviar la investigación.

Será el primer pronunciamiento oficial de la Procuraduría  y lo hará mediante pliego de cargos contra los  militares que participaron en el operativo. "Para nosotros ya no hay dudas sobre la responsabilidad de los militares en la masacre", le dijo a CAMBIO un alto funcionario de la Procuraduría.

CAMBIO tuvo acceso al expediente del Ministerio Público y a las fotografías del lugar de los hechos, lo mismo que al análisis que hicieron los investigadores. Dada la crudeza de las imágenes, CAMBIO se abstiene de publicarlas en su totalidad.

Una de ellas es la del cuerpo del informante, Luis Eduardo Betancourt. En la camiseta que llevaba puesta se ve una mancha de sangre que no coincide con ninguna lesión descrita en el protocolo del levantamiento del cadáver. El brazo derecho no está en posición original y se ven pequeñas áreas de color violeta en la frente. Según los investigadores, el cuerpo estaba boca abajo y no boca arriba, como apareció en la escena del crimen. La crueldad de lo que sucedió se refleja en la cara de Betancourt: manchas de lágrimas bajo sus ojos y un lado de la nariz. Según la Procuraduría, es probable que antes de ser ultimado a tiros hubiera implorado perdón.

Los investigadores de la Procuraduría que recorrieron el lugar horas después de la masacre, descubrieron también que los cuerpos del agente Luis Alberto Farfán, del patrullero Franklin Oswaldo Sánchez y de los intendentes Carlos Alberto Murillo y Ramón Darío Galvis fueron movidos del sitio donde fueron asesinados y que presentan manchas de sangre de otras personas o donde no hay herida alguna.

Así las cosas, cada vez hay más evidencia que desbarata la tesis de los militares bajo el mando del coronel (r) Carvajal, que han insistido en que se trató de "fuego amigo", de un fuego cruzado entre Ejército y Policía. Una posición difícil de sostener después del informe de la Procuraduría según el cual los disparos fueron hechos a menos de 50 metros. "No hay duda de que los policías recibieron tiros por la espalda y otros tiros de gracia, lo que lleva a concluir que no hubo enfrentamiento alguno -le dijo a CAMBIO uno de los investigadores-. Además, seis de los 11 cuerpos presentaban signos de haber sido movidos antes del arribo del personal del CTI y dos cuerpos mostraban que sobre ellos habían movilizado cuerpos u objetos que goteaban sangre". Además, un testigo asegura que, en medio del asalto, los policías gritaron insistentemente que pararan el fuego. 

El informe de la Procuraduría coincide con la versión de la Fiscalía y cierra así un capítulo de la masacre de Jamundí. Las dos entidades no dejan duda alguna del comportaiento oscuro de los militares comandados por Carvajal, cuya suerte y la de sus hombres está ahora en manos del juez que adelanta la etapa del juicio. Lo único que falta por establecer es si, como insisten algunas versiones, la patrulla del Ejército que emboscó a los policías encubiertos lo hizo para proteger a narcotraficantes que estaban la zona.

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