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Una de ellas es la del cuerpo del informante, Luis Eduardo Betancourt. En la camiseta que llevaba puesta se ve una mancha de sangre que no coincide con ninguna lesión descrita en el protocolo del levantamiento del cadáver. El brazo derecho no está en posición original y se ven pequeñas áreas de color violeta en la frente. Según los investigadores, el cuerpo estaba boca abajo y no boca arriba, como apareció en la escena del crimen. La crueldad de lo que sucedió se refleja en la cara de Betancourt: manchas de lágrimas bajo sus ojos y un lado de la nariz. Según la Procuraduría, es probable que antes de ser ultimado a tiros hubiera implorado perdón.
Los investigadores de la Procuraduría que recorrieron el lugar horas después de la masacre, descubrieron también que los cuerpos del agente Luis Alberto Farfán, del patrullero Franklin Oswaldo Sánchez y de los intendentes Carlos Alberto Murillo y Ramón Darío Galvis fueron movidos del sitio donde fueron asesinados y que presentan manchas de sangre de otras personas o donde no hay herida alguna.
Así las cosas, cada vez hay más evidencia que desbarata la tesis de los militares bajo el mando del coronel (r) Carvajal, que han insistido en que se trató de "fuego amigo", de un fuego cruzado entre Ejército y Policía. Una posición difícil de sostener después del informe de la Procuraduría según el cual los disparos fueron hechos a menos de 50 metros. "No hay duda de que los policías recibieron tiros por la espalda y otros tiros de gracia, lo que lleva a concluir que no hubo enfrentamiento alguno -le dijo a CAMBIO uno de los investigadores-. Además, seis de los 11 cuerpos presentaban signos de haber sido movidos antes del arribo del personal del CTI y dos cuerpos mostraban que sobre ellos habían movilizado cuerpos u objetos que goteaban sangre". Además, un testigo asegura que, en medio del asalto, los policías gritaron insistentemente que pararan el fuego.
El informe de la Procuraduría coincide con la versión de la Fiscalía y cierra así un capítulo de la masacre de Jamundí. Las dos entidades no dejan duda alguna del comportaiento oscuro de los militares comandados por Carvajal, cuya suerte y la de sus hombres está ahora en manos del juez que adelanta la etapa del juicio. Lo único que falta por establecer es si, como insisten algunas versiones, la patrulla del Ejército que emboscó a los policías encubiertos lo hizo para proteger a narcotraficantes que estaban la zona.