El respaldo de la esposa del Presidente al candidato Alonso Salazar podría definir la campaña por la Alcaldía de Medellín.
Hace 20 días, durante uno de sus recorridos por los barrios populares, una señora se le acercó al candidato Alonso Salazar y le dijo con timidez: "Vea, doctor, usted es un buen candidato, pero yo por quien quiero votar es por ella". Y la persona a la que se refería ella no era otra que a Lina Moreno de Uribe, la esposa del Presidente y quien desde hace algunas semanas decidió hacerle campaña al periodista y escritor que aspira a suceder a Sergio Fajardo. La decisión de Lina Moreno de ponerse la camiseta de uno de los aspirantes a la Alcaldía de Medellín, produjo todo tipo de reacciones. Voceros de la campaña de Luis Pérez, que venía cabalgando en las encuestas, han expresado su malestar por el espaldarazo público que la popular esposa del Presidente le ha dado al ex secretario de gobierno de Fajardo. "Es evidente que se trata de una competencia desigual -sostiene un parlamentario que respalda la aspiración del ex alcalde-. Aunque Pérez es un candidato con mucha experiencia y cuenta con respaldo popular, con la llegada de Lina Moreno a donde Salazar la balanza empezó a inclinarse, como comienzan a mostrarlo las encuestas". Detrás de la controvertida decisión de Lina Moreno, no sólo existe un abierto rechazo a la candidatura de Pérez, quien antecedió a Fajardo y terminó su mandato en medio de escándalos de corrupción, sino el propósito de participar en la política regional y no precisamente desde la orilla de su marido. Quienes la conocen aseguran que en materia política tiene vuelo propio y que en varias oportunidades ha marcado diferencias en relación con las directrices de Uribe, como sucedió, por ejemplo, cuando votó por Lucho Garzón para la Alcaldía de Bogotá. De cualquier manera, la intervención de Lina Moreno en la campaña para la Alcaldía de Medellín es un hecho sin precedentes en la historia del país, donde hay muy pocos casos de esposas de gobernantes que han decidido meterse de lleno en la política. Uno es el de doña Soledad Román, esposa de Rafael Núñez, y quien ante la enfermedad del Presidente asumió el control de algunos asuntos del Gobierno para desvirtuar los rumores sobre la supuesta muerte del mandatario. Otro, más destacado, es el de doña Bertha Hernández de Ospina, quien desde la campaña presidencial de su esposo Mariano Ospina en 1946, se vinculó activamente al Partido Conservador. Jugó papel protagónico el 9 de abril de 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, cuando los jefes liberales le exigían al Presidente la entrega del mando; se le atribuyó activa participación en el golpe contra Laureano Gómez en 1953, fue congresista durante 20 años y figura clave del conservatismo hasta su muerte. Bandos enfrentados Las cifras indican que el arribo de Lina Moreno a la campaña de Salazar se tradujo en un crecimiento inmediato en las encuestas: en las últimas semanas pasó de un poco más de 10 puntos a cerca de 30, muy próximo a Pérez y por encima de Sergio Naranjo, quien venía ocupando el segundo lugar. La tendencia de Salazar es positiva y sus asesores creen que se impondrá el próximo 28 de octubre. "Doña Lina le dio visibilidad al candidato y su llegada fue un hit que nos sirvió para transmitir el mensaje de cero corrupción y de continuidad a las políticas del actual alcalde", afirma Germán Medina, asesor de Salazar. De hecho, una de las debilidades de Salazar era su bajo reconocimiento por la opinión pública, problema que hoy parece superado: está muy por encima del 50% que tenía antes de que Lina Moreno le diera su abrazo protector. A diferencia de campañas anteriores en las que la utilización de figuras públicas obedece a cuestiones de márquetin político para ayudar a mejorar la posición de los candidatos -muy frecuente en las campañas en Estados Unidos-, la presencia de Lina Moreno en los recorridos de Salazar por los barrios de Medellín no es otra cosa que la demostración de su confianza en ese proyecto político y el compromiso con las propuestas sociales de Salazar que ella conoce desde cuando él ejercía el periodismo y preparaba obras de denuncia como No nacimos pa¿semilla, en la que desnudó el fenómeno del sicariato en la capital antioqueña. La inusual participación de Lina Moreno en una campaña electoral ha sido motivo de aguda controversia en la que hay dos bandos plenamente identificados. Por un lado, los que sostienen que es preferible que ella participe abiertamente en política y exprese su respaldo a uno de los candidatos, pues en últimas es una persona particular que no desempeña funciones públicas, como bien lo dejó establecido la Corte Constitucional en una sentencia de marzo de 1994, cuando se pronunció sobre las funciones del despacho de la Primera Dama de la Nación. "Es preferible que haga política por encima de la mesa y no por debajo", afirma un asesor de Salazar. Sin embargo, hay quienes sostienen que, independientemente de que la Primera Dama sea o no funcionario, en un país tan machista y tan presidencialista como Colombia, el hecho de que la esposa del Presidente participe en política podría llevar a un sector del electorado a pensar que detrás de ese respaldo está el Jefe del Estado. En otras palabras que, en el caso del aspirante Salazar, el guiño no es de Lina Moreno sino del presidente Álvaro Uribe. Sea lo que sea, lo que no pueden desconocer unos y otros es que el abrazo de Lina Moreno a Salazar le puso color a la campaña que parecía escriturada para el ex alcalde Pérez, y es probable que defina su suerte.