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EL SEPULTURERO comenzó a cavar en una tumba del cementerio de Granada, Meta. A su lado, dos mujeres esperaban la exhumación del cuerpo de un hombre que, tres días antes, había enterrado por solicitud de unos soldados de la Brigada Móvil 12 del Ejército. Le dijeron que era un guerrillero dado de baja cuya identidad desconocían.
Las mujeres esperaban ansiosas a que el sepulturero terminara su trabajo. De pronto vieron el cuerpo: "Es él", dijeron al unísono. No era un N.N., tampoco había sido guerrillero y tenía identidad y profesión conocidas. Se llamaba José Fabio Rodríguez Benavides, 23 años, y había pertenecido a la Brigada de Selva 26, del Batallón de Infantería 50, con sede en Leticia, Amazonas. Por cuenta de una lesión en la pierna izquierda acudía todos los meses a la Dirección de Sanidad Militar en Bogotá para recibir tratamiento. Esto fue lo que contaron las dos mujeres, su hermana y su madre Raquel Benavides.
Ya exhumado el cadáver de Rodríguez, su madre llamó a la funeraria y preparó el funeral. Quería que el sacerdote del pueblo oficiara la ceremonia y le diera cristiana sepultura. El joven había sido asesinado el 24 de marzo de este año y su cadáver fue hallado el 27. Según al señora Benavides, el caso de su hijo no es el único en Granada. Conoce varias historias de "desaparecidos" que luego aparecen como guerrilleros muertos sin identificar.
En la zona la gente siente miedo y por eso no denuncia y guarda silencio. Pero ella decidió hablar, quiere que se haga justicia con su hijo y que el Ejército le explique por qué lo mostraron como un guerrillero muerto en combate. "No entiendo por qué lo mataron y luego lo vistieron de guerrillero -dice-. Hasta antes de morir, José estaba convencido de que se recuperaría y volvería a las Fuerzas Militares. Ahora me dan la espalda, no responden por él... Siento impotencia, tenemos miedo".
Los hechos
El joven salió el sábado 24 de marzo a tomarse unas cervezas en La Campiña, uno de los bares del pueblo. Según testigos, allí estuvo tomando hasta tarde en la noche. Luego llegaron unos soldados y poco después salió con ellos. Nadie lo volvió a ver.
Su madre comenzó a buscarlo el domingo porque no había ido a dormir a la casa. Fue al hospital, a la Fiscalía, al DAS... Nadie le dio razón, pero algunos le dijeron que ese fin de semana no se habían registrado muertes en esa población y le pidieron que esperara 72 horas porque solo transcurrido ese tiempo una persona podía reportarse como desaparecida.
La hermana de Rodríguez continuó con la búsqueda el lunes y en la Personería le informaron que lo único extraño en esos días había sido una balacera en las afueras del pueblo. "El Ejército reportó que solo hubo un guerrillero muerto", le dijeron. Y aunque jamás imaginó que podía ser su hermano, aún así decidió ir al CTI para verificar si, por casualidad, en ese tiroteo no había resultado muerto alguien más. "No", le dijeron y le confirmaron que el único cadáver que habían visto era el de un guerrillero, y le mostraron una foto. "Es mi hermano", gritó la joven.
Ella relata que en la foto su hermano llevaba puestas unas botas y que tenía una pistola, y que los del CTI le pidieron no hacer escándalo. "Mi hermano no es ningún guerrillero, era soldado -asegura-. Prácticamente me sacaron de allí, pero luego pedí ayuda a la Personería y a otra gente para hacer las vueltas para desenterrarlo y verificar si era él". El 29 de marzo José Rodríguez Benavides fue sepultado por su familia.