A PRINCIPIOS DE FEBRERO, las 345 familias arhuacas que viven del cultivo de café en la Sierra Nevada de Santa Marta comenzaron a hacer realidad uno de sus sueños: exportar su café Tiwun a Japón. La negociación es por cinco años y supera los cinco millones de dólares.
El café Tiwun es una de las 42 referencias de productos que se comercializan con éxito en el mercado nacional e internacional gracias a la Red Colombiana de Productores Ambientalmente Amigables, una iniciativa que agrupa a 87 comunidades de campesinos, indígenas y negros, algo así como 250.000 personas, que decidieron sustituir cultivos ilícitos por productos orgánicos que no afectan el medio ambiente.
La Red, que nació hace dos años y cuenta con el apoyo de la Corporación Caja de Herramientas, la Embajada de los Países Bajos, el Fondo para la Acción Ambiental y la Niñez, y el Ministerio del Medio Ambiente, opera como una incubadora de empresas que obliga a los asociados a pasar por un período de supervisión y asesoramiento antes de que puedan volar con alas propias. "Para ingresar al programa hay tres requisitos: tener experiencia en el cultivo del producto, ser una organización comunitaria y proteger el hábitat con sembrados ambientalmente amigables", explica Guillermo Rodríguez, director de la Red.
Además del café Tiwun, también están en el mercado un chocolate endulzado con panela de Caquetá; plantas aromáticas y medicinales como azafrán y altamisa de Sucre; cúrcuma y jengibre de Chocó; mermeladas de ñambo, borojó y chontaduro de Guaviare, y el banano bocadillo, la gulupa y la pitahaya de Tolima, entre otros. "La gente no sabía que existíamos ni que cultivamos tantos frutos -dice Laureano Roa, presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios de Amazonas-. Ahora no sólo muchos conocen el arazá, la cocona y el copoazú, sino que nuestros picantes y ajíes empiezan a ser apetecidos en las mesas de refinados comensales".
Por su parte, Patricia Gómez, gerente comercial de Tulasi, una empresa asociativa con sede en Guaviare que produce mermeladas y condimentos, cuenta que tienen 40 familias campesinas que antes sembraban coca y que "lo bueno es que ahora no sólo damos empleo sino que estamos ayudando a que nuestra gastronomía se conozca en el mundo".
La iniciativa ya ha empezado a dar frutos. Y aunque aún hace falta que muchos de los productos orgánicos que cultivan llenen los requisitos exigidos a los artículos de exportación, lo importante es que muchas familias han encontrado que es posible cambiar el cultivo de coca por la siembra de productos que no sólo no dañan el suelo, sino que les proporcionan ingresos y una vida más segura y de mejor calidad.