El intercambio humanitario pasa hoy por Caracas, París y el Caguán y no por Bogotá, y Uribe queda convertido en actor de reparto.
NI EN SUS PEORES PESADILLAS Álvaro Uribe llegó a imaginarse que tendría que ver una fotografía en la que apareciera Piedad Córdoba departiendo con el vocero de las Farc, Raúl Reyes. Y eso, precisamente, fue lo que sucedió el pasado fin de semana cuando su más aguerrida contradictora política se entrevistó en las selvas colombianas con quien es considerado el segundo hombre de las Farc, después de Tirofijo. Las imágenes de Córdoba y el jefe guerrillero le dieron la vuelta al mundo y se encargaron de recordar un capítulo de la historia que Uribe quiere que el país olvide: la negociación de paz del Caguán durante el gobierno de Andrés Pastrana, cuyo fracaso fue la llave del éxito del triunfo de Uribe en 2002. Entonces, y ante la evidencia de que las Farc habían incumplido sus compromisos y habían aprovechado la zona despeje para fortalecerse, Uribe apostó por el combate sin cuartel contra la guerrilla y en contra de no ceder un solo milímetro del territorio nacional a la organización subversiva.
Pero los tiempos han cambiado y el Uribe modelo 2007 es bien distinto al Uribe modelo 2002. Prueba de ello es que debió valerse de la senadora liberal para tratar de sacar adelante un acuerdo de intercambio humanitario para que los secuestrados en poder de las Farc regresen a sus hogares. Así, pues, Córdoba no está haciendo cosa distinta que cumplir con la tarea que le asignó el propio Uribe en la Casa de Nariño hace cerca de un mes, cuando la nombró facilitadora del canje.
Con ella llegaron dos pesos pesados de la política internacional: Hugo Chávez, que está viendo mucho más allá del intercambio humanitario y está pensando en una negociación de largo alcance, y el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, que se ha encargado de liderar ese proceso en Europa y se ha comprometido con la familia de Íngrid Betancourt a regresarla a casa.
Y para rematar, en este escenario también han entrado a jugar los Estados Unidos, por medio del nuevo embajador en Colombia, William Brownfiel, quien anunció que respalda al Gobierno en su exploración de nuevas fórmulas para lograr el intercambio. Era obvio que Washington no podía quedarse de brazos cruzados mientras su principal rival en la región adquiría protagonismo en un tema que tanto lo afecta, pues no hay que olvidar que entre los secuestrados canjeables hay tres estadounidenses en poder de las Farc. Lo curioso es que esa misión la tendrá que cumplir el mismo Embajador que, cuando desempeñaba el mismo cargo en Caracas, se convirtió en duro contradictor del mandatario venezolano.
A la defensiva
¿Qué llevó a Álvaro Uribe a dejar en manos de terceros su agenda del intercambio humanitario y de paso el manejo del tema de la paz? Según el ex consejero de Paz, Carlos Eduardo Jaramillo, todo lo precipitó el rumor de que Íngrid Betancourt iba a ser liberada por las Farc en Venezuela, a finales de julio pasado, y de que el presidente Sarkozy estaría dispuesto a recibirla. El presidente Uribe no podía exponerse a quedar por fuera en la foto si eso llegaba a suceder y por eso se jugó la carta de Piedad Córdoba, como facilitadora, dada su cercanía al presidente Chávez que no sólo había manifestado su disposición a intermediar en un eventual acuerdo, sino que no hace parte de la lista de los vetados por las Farc. "El Presidente se asustó -asegura Jaramillo−. Pensó que lo iban a sacar de juego". Una jugada que le salió de doble filo, pues Uribe no calculó que lo que había empezado como un simple gesto de buena voluntad que apuntaba a encontrar una salida para el acuerdo humanitario, tomaría tanto vuelo y que Chávez terminaría por robarle protagonismo en el tema. Y es que no es exagerado afirmar que la agenda del intercambio humanitario pasa hoy más por Caracas, París y El Caguán, que por Bogotá. Tanto es así que Raúl Reyes ha hablado ya de una cumbre en la capital de Venezuela a la que asistirían, entre otros, Chávez, como anfitrión, Sarkozy y el propio Reyes, como "canciller" de las Farc.
Uribe, entre tanto, repite una y otra vez que no despejará un centímetro del territorio nacional para que se lleve a cabo el intercambio humanitario, y el canciller Fernando Araújo por su parte se ha declarado pesimista sobre los resultados que tendría el encuentro Chávez, Sarkozy y Farc que se llevará a cabo el 8 de octubre.
El Gobierno colombiano hoy está por fuera de la foto que define la suerte de 47 secuestrados considerados canjeables, un asunto que en cierta forma marca el derrotero de la política nacional en los próximos años. Un panorama poco alentador, pues el Gobierno se ha visto obligado a reaccionar en lugar de tener la iniciativa. "Al Presidente se le está escapando el tema de las manos al dar entrada a jugadores muy importantes como Chávez y Sarkozy, que irán mucho más allá de la simple facilitación", sostiene el ex canciller Augusto Ramírez Ocampo, quien además se pregunta sobre si esta posibilidad de acercamiento no le significará a Uribe ceder en el tema del despeje, considerado hasta ahora como un "inamovible".
Ramírez, sin embargo, prefiere ver el vaso medio lleno. Considera que algo bueno debe quedar del delicado experimento y es la posibilidad de abrir un espacio para reuniones y acercamientos entre el Gobierno y las Farc en Caracas, con miras a lograr el intercambio en Colombia. Reuniones y acercamientos que podrían derivar en una eventual negociación, que es exactamente la dirección hacia la que apunta Chávez.
Para Jaramillo, el presidente Uribe dio un paso irreversible y quedó prisionero de una jugada en la que las Farc quedan ganando. Sostiene, además, que lo que se viene es, una vez más, la internacionalización de las Farc. "Cómo están las cosas hasta los países más reconocidos de Europa se van a sentar a hablar de tú a tú con Chávez -asegura Jaramillo-. Por eso las Farc lo pensarán dos veces antes de dejar colgado al mandatario venezolano".
Nuevos protagonistas
La bocanada de aire fresco que están recibiendo las Farc, sin duda tendrá consecuencias nacionales e internacionales. Ni siquiera el cinismo y la indolencia con que manejaron el tema de la devolución de los cadáveres de los 11 diputados del Valle, afectó el protagonismo que han adquirido por cuenta de los acercamientos con Piedad Córdoba y Hugo Chávez.
A la cumbre del 8 de octubre le antecederán decenas de titulares de medios de comunicación en los que se anunciarán futuros encuentros y nuevas mediaciones. Un escenario impensado hace algunas semanas, que pone de nuevo a las Farc en la agenda internacional y que no deja de ser otro revés para Uribe. "Durante el gobierno Pastrana la comunidad internacional acompañó un proceso y se retiró decepcionada al ver el incumplimiento de esa guerrilla a los acuerdos pactados -asegura Camilo Gómez, comisionado de Paz de Pastrana-. Ahora vamos a ver a Raúl Reyes entrando al Palacio de Miraflores, cosa que se hubiera evitado si el presidente Uribe busca una fórmula en Colombia".
Y agrega: "Uribe siempre se ha preocupado porque un despeje signifique entregar soberanía, pero ¿cómo la entrega más: aplicando una ley para crear una zona de ubicación o permitiendo que la guerrilla sea equiparada internacionalmente al Estado, como podría suceder cuando Sarkozy y Chávez se reúnan con las Farc?".
Así las cosas, es evidente que la carta que se jugó el Presidente implica grandes riesgos y nada hace pensar que saldrá ganancioso de esta apuesta. Si se logra el intercambio humanitario, se llevarán las palmas Chávez, Sarkozy, Córdoba y compañía. Si fracasa el intento, la opinión pública reconocerá el gesto de Uribe pero no dejará de cuestionar que haya llegado tarde al tema, sobre todo después del asesinato de los 11 ex diputados del Valle
El internacionalista Vicente Torrijos considera que si el intercambio humanitario sale bien en Caracas, "Chávez quedaría como un líder continental, las Farc ganarían reconocimiento internacional, tendrían condición de beligerancia y -lo mejor todo ello- sin tener que flexibilizar sus posturas". Este, sin duda, no era el escenario que Uribe tenía pensado cuando le pidió a Piedad Córdoba convertirse en facilitadora del intercambio humanitario. Mucho menos llegó a imaginar que los presidentes Chávez y Sarkozy podrían desempeñar los papeles principales y que él se vería relegado a un papel de reparto en lo que podría convertirse en la obra más importante de su segundo mandato.
TÍO SAM EN ESCENA
Otro protagonista internacional que faltaba por llegar a la escena del intercambio humanitario es el Gobierno de Estados Unidos, que el martes de esta semana autorizó a la senadora Piedad Córdoba a viajar para entrevistarse Simón Trinidad y Sonia, guerrilleros de las Farc extraditados por cargos de narcotráfico. Las razones para autorizar el encuentro de la congresista y los guerrilleros tienen que ver con el hecho de que entre los secuestrados canjeables figuran tres ciudadanos estadounidenses -Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves-, en poder del grupo subversivo desde el 12 de febrero de 2003.
Las Farc han dicho en reiteradas ocasiones que la lista de guerrilleros canjeables deben encabezarla los dos subversivos presos en cárceles norteamericanas. El pasado 5 de septiembre las familias de los estadounidenses solicitaron a Hugo Chávez intervenir en el caso.