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Un año de prueba, con medidas efectivas de alivio a la población y a las víctimas, no sólo sería ganancia neta en el campo humanitario, sino que obligaría al Eln a definiciones de fondo con relación a la llamada Convención Nacional y a la firma de un pacto definitivo de paz que incluya terminar la acción armada y desmantelar cualquier estructura ilegal.
Pero este acuerdo con el Eln, que hace un año fue calificado de más fácil y cercano, hasta la fecha ha chocado con las ilusiones del Alto Comisionado que parecería inclinado a no firmar un acuerdo de peso liviano con la idea de esperar más desgaste del Eln para obligarlo a un pacto mayor y con dinámica irreversible desde la primera fase. Los elenos tampoco parecen tener prisa y la permanencia de la mesa de diálogo sin pactos les permite mantener una tribuna y manejar sus tensiones internas.
Así las cosas, la paz se ve todavía remota y los acuerdos humanitarios más cercanos pero todavía atrapados en los cálculos militares. El drama no se puede ocultar detrás de las noticias sobre citas frustradas o textos por firmar.
Tragedia humanitaria
El homicidio de los 11 diputados secuestrados por las Farc y el duelo nacional al lado de sus familias han vuelto a sensibilizar a los colombianos, como se mostró el 5 de julio en las manifestaciones de más de 500.000 personas en las principales ciudades y en la acogida al profesor Gustavo Moncayo en su marcha desde Samaniego a Bogotá.
Cuando se habla de acciones humanitarias y dentro de ellas de acuerdos y compromisos unilaterales, se está hablando de una realidad que golpea brutalmente a la sociedad en todos los estratos. Las directoras de País Libre, Olga Lucia Gómez, y de ASFADES, Gloria Inés Gómez, en el lanzamiento del Voto por la Libertad, la Paz y los Acuerdos Humanitarios, el pasado 13 de septiembre, hacían su convocatoria en nombre de 23.000 víctimas de secuestro en los últimos 10 años y de 15.000 desaparecidos forzados que figuran en las listas y que no incluyen otros 13.000 no identificados en fosas comunes. En Acción Social están registrados 2,5 millones de desplazados. Cerca de 100.000 homicidios en medio del conflicto armado -80% civiles inermes- han dejado cerca de 120.000 huérfanos y más de 30.000 viudas.
La reducción de algunos indicadores desde 1999, cuando se inició el quiebre en la tasa de homicidio y secuestro, no oculta la gravedad de la tragedia humanitaria que sólo en los últimos cuatro años ha significado un millón de víctimas. Como afirmaba monseñor Henao en la Semana por la Paz, esta realidad atroz no puede cubrirse con indiferencia.
El país espera que las conversaciones que se anuncian en Caracas en dos escenarios distintos ofrezcan resultados y no nuevos argumentos a la guerra sin fin. Lo más próximo es el Acuerdo Base con el Eln que está en la puerta del horno. Y lo ideal -hay que decirlo aunque soñar puede costar desilusiones- es esperar que la mediación de Chávez con Marulanda ponga la cuota inicial hacia la paz. Amanecerá y veremos.