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EL LUNES 26 DE JUNIO, Astrid López descubrió que mientras hacía unas diligencias le habían robado la llanta de repuesto de su carro. Cuando llegó a la oficina les comentó el incidente a varios compañeros que le dijeron que si se movía rápido podría encontrarla en un sitio conocido como La Playa, en el barrio La Estanzuela, entre las calles 6a y 8a y las carreras 16 y 22, donde desde hace años un gigantesco mercado negro de autopartes. "Con los datos sobre hora y sitio del robo, en menos de media hora descubrimos dónde estaba la llanta, marcada con las placas de mi camioneta -cuenta Astrid-. Pagué 100.000 y la recuperé".
Como ella, muchas otras personas que han sido víctimas de hurtos similares, aseguran que en ese sitio han encontrado los artículos robados, pues es un lugar de "reducidores", el nombre con que se conoce a quienes compran y venden partes robadas. CAMBIO visitó La Playa y pudo verificar que allí, una zona de cuatro manzanas, a pocas cuadras de la sede de la Policía Metropolitana, operan sin mayores problemas, algunos de esos con ayuda de intermediarios que ofrecen conseguir los que el cliente necesita: espejos, farolas, radios, llantas, lujos...
En esos almacenes, un juego de espejos retrovisores para Renault Megane, uno de los modelos más pedidos, cuesta en principio 140.000 pesos pero regateando puede comprarse en 120.000, cuando en el mercado legal vale 800.000. Piezas como la sobretapa de la gasolina de un Renault Clio cuesta 30.000 con los reducidores y 85.000 en los almacenes legales de repuestos; una persiana frontal de un Mazda 323 que en el concesionario vale 70.000, allí cuesta 25.000, y una farola delantera de un Chévrolet Corsa que vale 250.000 se consigue por 40.000.
Que existan esos lugares sin que la autoridad haga nada constituye un estímulo para los ladrones de carros y de partes. En los primeros siete meses del año se registraron 2.100 carros robados, un promedio de 10 diarios, y son incontables los robos de espejos, llantas, farolas y otros accesorios porque la gente no denuncia. "Las piezas que más se roban son llantas, lujos, tapas de gasolina y unidades electrónicas, pero es difícil para las autoridades detectarlas porque en los almacenes las mezclan con mercancía legal -asegura Tulio Zuluaga, presidente de Asopartes-. El mercado negro le causa al sector pérdidas anuales por 650 millones de dólares".
Celulares, tenis, cédulas...
Como La Playa existen en Bogotá otros nidos de ventas ilegales. En la esquina de la Avenida Jiménez con Caracas, en el sector de San Victorino, venden celulares robados de todas las marcas y precios. Durante todo el día desfilan atracadores que los venden a los dueños de los puestos, quienes desbloquean los aparatos y los ponen de nuevo en funcionamiento. Dependiendo del estado del aparato, les cambian algunas piezas y en 20 minutos el teléfono aparece en los mostradores por la mitad del precio de uno del mismo modelo en los almacenes legales.