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ANDRÉS GÓMEZ, de 12 años, nunca conoció a Luis Carlos Galán pero habla de él como de alguien cercano. Sabe que fue abogado y periodista, ministro de Educación y dos veces candidato a la Presidencia de la República, y que el 18 de agosto de 1989 fue asesinado en Soacha. Lo sabe porque estudia en un colegio de Acacías, Meta, que lleva el nombre del líder liberal y porque allí le han inculcado amor y respeto por el hombre que murió asesinado por la mafia.
Andrés y los otros 1.331 estudiantes del colegio Luis Carlos Galán hacen parte de una generación que hoy se forma en escuelas y colegios públicos bautizados con nombres de víctimas de la violencia, una iniciativa que se replica en los 32 departamentos y cuyo objetivo es que las nuevas generaciones tomen conciencia de cuánto le ha costado al país la muerte de tantas personas que, en un u otra forma, lucharon por una Colombia mejor. Se trata de no olvidar, de tener presente en la memoria hechos que no deberían repetirse.
Hoy existen más de 300 instituciones educativas que llevan el nombre de una víctima de la violencia. Por ejemplo, dos colegios de Rionegro, Antioquia, fueron bautizados con los nombres del ex gobernador Guillermo Gaviria Correa y del ex asesor de Paz Gilberto Echeverri Mejía, secuestrados y asesinados por las Farc en un fallido intento de rescate por parte del Ejército el 6 de mayo de 2003.
Rodrigo Lara Bonilla se llaman escuelas de Neiva, Medellín y Bogotá, en memoria del ex ministro de Justicia que denunció la presencia de dineros calientes en el fútbol y fue asesinado por orden de Pablo Escobar. El nombre del ex gobernador de Antoquia Antonio Roldán, también asesinado por la mafia, lo llevan dos escuelas en Bello y Tarazá, Antioquia. Y el del ex ministro Argelino Durán, cuyo asesinato por el Eln llevó al rompimiento de las conversaciones del Gobierno de Gaviria con la Coordinadora Guerillera en Tlaxcala, México, figura en una escuela de Sardinata, Norte de Santander.
Un centro educativo de Palmira, Valle, se llama Harold Eder, para recordar al empresario vallecaucano secuestrado en 1965 y muerto en cautiverio, uno de los primeros plagiados en Colombia. Con el nombre del defensor de Derechos Humanos Héctor Abad Gómez, asesinado por paramilitares en Medellín, fue bautizada una escuela en esa ciudad, y el de la ex ministra de Cultura Consuelo Araújo Noguera, La Cacica, secuestrada y asesinada por las Farc, lo lleva un centro de Valledupar. Carlos Mauro Hoyos, el ex procurador asesinado por la mafia, es recordado en una escuela de Guaviare. Y el de la periodista Diana Turbay, secuestrada por Pablo Escobar y asesinada en medio de fuego cruzado en un operativo de rescate, figura en dos escuelas, una en Bogotá y otra en Girón, Santander.