Septiembre 5 de 2007

In memóriam

Escuelas y colegios públicos ya no llevan nombres de próceres o presidentes, sino de personas asesinadas por sus ideas.

ANDRÉS GÓMEZ, de 12 años, nunca conoció a Luis Carlos Galán pero habla de él como de alguien cercano. Sabe que  fue abogado y periodista, ministro de Educación y dos veces candidato a la Presidencia de la República, y que el 18 de agosto de 1989 fue asesinado en Soacha. Lo sabe porque estudia en un colegio de Acacías, Meta, que lleva el nombre del líder liberal y porque allí le han inculcado amor y respeto por el hombre que murió asesinado por la mafia. 

Andrés y los otros 1.331 estudiantes del colegio Luis Carlos Galán hacen parte de una generación que hoy se forma en escuelas y colegios públicos bautizados con nombres de víctimas de la violencia, una iniciativa que se replica en los 32 departamentos y cuyo objetivo es que las nuevas generaciones tomen conciencia de cuánto le ha costado al país la muerte de tantas personas que, en un u otra forma, lucharon por una Colombia mejor. Se trata de no olvidar, de tener presente en la memoria hechos que no deberían repetirse. 

Hoy existen más de 300 instituciones educativas que llevan el nombre de una víctima de la violencia. Por ejemplo, dos colegios de Rionegro, Antioquia, fueron bautizados con los nombres del ex gobernador Guillermo Gaviria Correa y del ex asesor de Paz Gilberto Echeverri Mejía, secuestrados y asesinados por las Farc en un fallido intento de rescate por parte del Ejército el 6 de mayo de 2003.

Rodrigo Lara Bonilla se llaman escuelas de Neiva, Medellín y Bogotá, en memoria del ex ministro de Justicia que denunció la presencia de dineros calientes en el fútbol y fue asesinado por orden de Pablo Escobar. El nombre del ex gobernador de Antoquia Antonio Roldán, también asesinado por la mafia, lo llevan dos escuelas en Bello y Tarazá, Antioquia. Y el del ex ministro Argelino Durán, cuyo asesinato por el Eln llevó al rompimiento de las conversaciones del Gobierno de Gaviria con la Coordinadora Guerillera en Tlaxcala, México, figura en una escuela de Sardinata, Norte de Santander.

 Un centro educativo de Palmira, Valle, se llama Harold Eder, para recordar al empresario vallecaucano secuestrado en 1965 y muerto en cautiverio, uno de los primeros plagiados en Colombia. Con el nombre del defensor de Derechos Humanos Héctor Abad Gómez, asesinado por paramilitares en Medellín, fue bautizada una escuela en esa ciudad, y  el de la ex ministra de Cultura Consuelo Araújo Noguera, La Cacica, secuestrada y asesinada por las Farc, lo lleva un centro de Valledupar. Carlos Mauro Hoyos, el ex procurador asesinado por la mafia, es recordado en una escuela de Guaviare. Y el de la periodista Diana Turbay, secuestrada por Pablo Escobar y asesinada en medio de fuego cruzado en un operativo de rescate, figura en dos escuelas, una en Bogotá y otra en Girón, Santander.

El de Andrés Escobar,  futbolista de Nacional y de la Selección Colombia, asesinado por la mafia, es recordado en un centro educativo del sur de Bogotá, y los nombres de Álvaro Gómez Hurtado, magnicidio aún en el misterio, y de Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, candidatos de la UP víctimas de los paramilitares, figuran en escuelas de Cundinamarca y Nariño. El del humorista Jaime Garzón es evocado en Cúcuta y Bogotá. El de Luis Carlos Galán es el que más se repite: así se llaman 36 instituciones en todo el país. "Antes los colegios tenían los nombres de próceres o presidentes como un homenaje a su legado -dice el asesor educativo Jairo Duque-. Ahora los nombres evidencian que la sociedad está cambiando y que empieza a honrarse a las víctimas asesinadas vilmente por intentar construir un mejor país".

Con el mismo fin fueron bautizados el pasado 21 de junio en Bogotá dos nuevos colegios: uno lleva el nombre de Alfonso Reyes Echandía, en homenaje al presidente de la Corte asesinado durante la toma del Palacio de Justicia por el M-19 en 1985, y el otro el de Carlos Pizarro

Leongómez, comandante de ese movimiento que cinco años después firmó un acuerdo de paz. En la inauguración de los dos colegios estaban familiares de unos y otros y fue una oportunidad para que, por primera vez, en un acto de reconciliación, se dieran la mano. "Queremos que las futuras generaciones aprendan de esas experiencias para que desarrollen una conciencia contraria a la violencia y un pensamiento tolerante, abierto y democrático", dice Ángel Pérez, subsecretario de Educación de Bogotá.

Así sea. 

36 INSTITUCIONES EDUCATIVAS  en el país tienen el nombre de Luis Carlos Galán.

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